16.7.09

Crimen resuelto

LA CORTE SUPREMA CONTRA MAGALY

Por: Fernando Vivas Periodista

No me refiero al asesinato de Marco Antonio Gallego porque no está resuelto: la policía fue veloz y empeñosa, pero tradujo la confesión de Jorge Glenni a su antojo. El general Félix Murga, jefe de la Dirincri, ha hecho de fiscal y de juez, estableciendo móviles y agravantes y hasta respondiendo, solícito, a la curiosidad periodística sobre sexo, drogas y pasiones. Por respeto al debido proceso, Glenni y sus compinches serán presuntos hasta que la PNP se calle y el Poder Judicial decida la magnitud de sus culpas.

Me refiero a otro crimen en la farándula, pero de tinta, de baba y de gran repercusión, pues permitió sopesar, en un país que aspira a la decencia, cuánto valen la libertad de expresión y el honor de las personas cuando chocan en el horario estelar de la frivolidad: el delito que Magaly Medina cometió contra Paolo Guerrero cuando le imputó, sin tener la certeza fotográfica, haberse escapado de una concentración en vísperas de un partido de la selección.

Cuando Magaly rompió en el aire ante cientos de miles de peruanos la carta de rectificación de Guerrero su delito se redimensionó. No solo había roto el rigor periodístico, sino todos los protocolos de la decencia. Estoy convencido de que fue ese agravante, más que la difamación en sí, lo que llevó a la jueza de primera instancia, María Teresa Cabrera, a clavarle una pena carcelaria.

La Corte Superior oyó miles de opiniones y tuvo el tino salomónico de suspender la carcelería pero aumentar la condena, el monto de la reparación y obligar a la rectificación pública.

Entonces Magaly decidió recurrir a la tercera instancia y se peleó con su abogado César Nakazaki, quien también defiende al más indecente de los ex presidentes. La culpa de la “Urraca” era tan grande que decidió echársela encima a Nakazaki. Para ello, su nuevo defensor, Mario Amoretti, alegó ante la Corte Suprema que su patrocinada fue mal asesorada por su colega (Amoretti debiera rectificarse por tan cínico argumento).

La Suprema, como era de esperar, desoyó a la defensa, resolvió el crimen y aumentó la pena. Entre el alambicado lenguaje procesal brilla esta línea dura: “Temerario desprecio hacia la verdad”. Magaly, según este inapelable fallo, está obligada a rectificarse varias veces. Quiero “zapearla” en ese trance.

EL COMERCIO

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