Por Mirko Lauer
Cuando las casas de la cultura se arranchan el derecho a usar a los diablos, es que el asunto de la propiedad intelectual está llegando a extremos ridículos. El INC boliviano reclama porque Karen Schwarz, aspirante peruana a Miss Universo, piensa lucir en Bahamas una tenida inspirada en la diablada del altiplano.
Los diablos del carnaval de Oruro han sido declarados Patrimonio de la Humanidad por Unesco, y para nuestros vecinos eso significa una patente de exclusividad. ¿Y los diablos puneños? Como en el caso del mar que les arrancó Chile, los burócratas culturales bolivianos quieren dejar al Perú sin acceso al diablo.
En este caso se está abriendo una puerta peligrosa, pues los orígenes de estas bellas máscaras son notoriamente borrosos (generalmente adscritas a lo colonial, en un sentido genérico), además de que se parecen mucho a las máscaras de dragones chinos también merecidamente famosas en el mundo. Cuidado, que también puede haber Indecopi en el infierno.
Como en la región son muchas las riquezas culturales que se traslapan, la pugna por la exclusividad se presenta interminable. A lo que debemos sumar los casos en que la riqueza no se traslapa y da lugar a diversas formas de apropiación. Todo lo cual forma un laberinto conceptual del que no vamos a salir fácilmente.
Imaginemos a la multitud de las localidades españolas donde se baila disfrazado de diablo reclamando paternidades, y hasta propiedad, por todo el territorio andino (en términos de vestigios culturales la zona más europea en cada uno de los diversos países). La Unesco no puede garantizar que los bolivianos son los genuinos diablos de la historia.
Más aun porque no hay en los diablos del altiplano rasgos que puedan asignarse de manera exclusiva a formas identificadas de pensamiento andino. Son rostros que para llegar a ser fieros combinan al león de tierra y a la serpiente salida del mar, como casi todos los diablos de occidente, y no pocos de oriente.
A la hora de revisar imágenes de máscaras del diablo en el mundo para hacer este comentario se nos hizo evidente cuánto se pueden parecer todas. No son solo los cachos de rigor, sino todo el trazo que busca comunicarnos una maldad imponente y festiva. Por casi todo el mundo Satanás en efecto parece el mismo patrocinado por la Unesco.
Aun si asumimos la improbable circunstancia de que el INC boliviano pudiera tener la razón, ¿qué es lo que le impide a esos funcionarios alegrarse de que una joven peruana concurse con un atuendo de origen boliviano? ¿No nos alegraríamos aquí al ver a, digamos, Evo Morales calarse un chullo peruano? De pronto hasta ya lo hemos visto hacerlo, sin darnos cuenta.
LA REPUBLICA
Cuando las casas de la cultura se arranchan el derecho a usar a los diablos, es que el asunto de la propiedad intelectual está llegando a extremos ridículos. El INC boliviano reclama porque Karen Schwarz, aspirante peruana a Miss Universo, piensa lucir en Bahamas una tenida inspirada en la diablada del altiplano.
Los diablos del carnaval de Oruro han sido declarados Patrimonio de la Humanidad por Unesco, y para nuestros vecinos eso significa una patente de exclusividad. ¿Y los diablos puneños? Como en el caso del mar que les arrancó Chile, los burócratas culturales bolivianos quieren dejar al Perú sin acceso al diablo.
En este caso se está abriendo una puerta peligrosa, pues los orígenes de estas bellas máscaras son notoriamente borrosos (generalmente adscritas a lo colonial, en un sentido genérico), además de que se parecen mucho a las máscaras de dragones chinos también merecidamente famosas en el mundo. Cuidado, que también puede haber Indecopi en el infierno.
Como en la región son muchas las riquezas culturales que se traslapan, la pugna por la exclusividad se presenta interminable. A lo que debemos sumar los casos en que la riqueza no se traslapa y da lugar a diversas formas de apropiación. Todo lo cual forma un laberinto conceptual del que no vamos a salir fácilmente.
Imaginemos a la multitud de las localidades españolas donde se baila disfrazado de diablo reclamando paternidades, y hasta propiedad, por todo el territorio andino (en términos de vestigios culturales la zona más europea en cada uno de los diversos países). La Unesco no puede garantizar que los bolivianos son los genuinos diablos de la historia.
Más aun porque no hay en los diablos del altiplano rasgos que puedan asignarse de manera exclusiva a formas identificadas de pensamiento andino. Son rostros que para llegar a ser fieros combinan al león de tierra y a la serpiente salida del mar, como casi todos los diablos de occidente, y no pocos de oriente.
A la hora de revisar imágenes de máscaras del diablo en el mundo para hacer este comentario se nos hizo evidente cuánto se pueden parecer todas. No son solo los cachos de rigor, sino todo el trazo que busca comunicarnos una maldad imponente y festiva. Por casi todo el mundo Satanás en efecto parece el mismo patrocinado por la Unesco.
Aun si asumimos la improbable circunstancia de que el INC boliviano pudiera tener la razón, ¿qué es lo que le impide a esos funcionarios alegrarse de que una joven peruana concurse con un atuendo de origen boliviano? ¿No nos alegraríamos aquí al ver a, digamos, Evo Morales calarse un chullo peruano? De pronto hasta ya lo hemos visto hacerlo, sin darnos cuenta.
LA REPUBLICA



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