2.8.09

30 años de Haya

Hoy se cumplen 30 años de la muerte de Haya, "personaje proteico" como lo llamó Patricio Ricketts en la mejor crónica sobre esta desaparición, donde también le comparó con esos espectaculares ocasos norteños.

Tuve la suerte de conocer a Haya. Apenas me asomaba a los trece años cuando una vez en la sobremesa familiar se habló bastante de él (mi padre -sin ser jamás aprista- le ayudó mucho durante la clandestinidad) y alguien comentó que sería interesante invitarle, pero que seguramente no acudiría. Mi padre contestó que si algo tenía entre todas sus virtudes Haya era ser muy agradecido y que bastaba que levantase el teléfono para que ese viejo amigo viniese a comer cuanto antes, cosa que hizo y que sucedió.

Recuerdo que Haya llegó acompañado de su inseparable asistente Jorge Idiáquez. Anciano y todo, su presencia era muy fuerte, llenaba la habitación con su personalidad, era el macho-alfa que lideraba la manada, el centro hiperbólico de poder. He conocido por esta carrera a algunos jefes políticos importantes y sólo he sentido esa misma sensación con Felipe González. Es gente distinta a uno, que tiene una inexplicable aura que no tenemos los demás. Te infunden un respeto inusitado por más cínico que seas, exhalan majestad y "gravitas" en sus movimientos. Y son, a pesar de todo, sencillos, nada soberbios.

Mi tan fiel memoria no registra en detalle qué se habló, aunque vagamente me viene a la mente que se habló sobre la próxima Constituyente, sobre la persecución, sobre Prado, sobre sus perros "Tony", sobre la Italia fascista, la URSS auroral, y sobre Roma, ciudad que tal parece que Haya amaba mucho. Como, sentado a su diestra, le pregunté muchas cosas me llamo "reporter" y me regaló una conchita que con un imperdible que decía APRA. También me dedicó una biografía suya hecha por el pintor Felipe Cossío del Pomar. La conchita se perdió, pero el libro aún lo conservó.

Al año siguiente el viejo león barrió en la Constituyente y guió los debates con mucha firmeza. Hay una foto muy graciosa donde se observa cómo Haya mira con estupor un desfuerzo de Hugo Blanco. Lamentablemente, alguna vieja maldición segó su vida y le impidió -una vez más- llegar a la Presidencia, la que este octogenario tenía al alcance de la mano en 1980.

Es que Haya debió ser presidente en 1962 o 1968, cuando estaba muy maduro en su sapiencia, pero el veto y el descarado golpe pro belaundista de 1962 y la alianza de los sectores rojos y conservadores antiapristas en 1968 impidieron esto, pues era seguro que barría en las elecciones de 1969 y nuestro país hubiese sido muy distinto. El partido militar (el más antiguo partido del Perú, como le llamó Basadre) debió dejarle gobernar en los 60. Ya el sesudo 30 años de aprismo (su mejor libro a mi juicio, aunque Impresiones de la Inglaterra imperialista y la Rusia soviética es muy interesante) le pintaba como el socialdemócrata moderno que el Perú necesitaba y que García quiere ser ahora.

Nunca fui antiaprista (no podría haberlo sido al haberme impresionado mucho el intelecto y la personalidad de Haya), pero sí muy antialanista por las barbaridades de éste en su primera administración (ya superado, porque el propósito de enmienda debe ser valorado. "Mortal, no hagas tu odio inmortal", solía decir Haya) y eso me llevó alguna vez a escribir la barbaridad de que "ojala Haya hubiera nacido en Chile". Abjuro de ese dislate.

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