Por Augusto Álvarez Rodrich
alvarezrodrich@larepublica.com.pe
No solo se debe gastar rápido sino con eficiencia
Una expresión de la poca voluntad del gobierno para lanzar transformaciones de fondo cruciales para el futuro, o de la carencia de claridad conceptual e ideas para lo mismo, son los comentarios sobre reforma del Estado del mensaje presidencial.
El reconocimiento de su importancia por parte del presidente Alan García es bastante acertado, especialmente cuando plantea que, para llegar al segundo centenario de la independencia, en el 2021, “como un país del primer mundo, desarrollado y justo”, se necesita “la refundación del Estado con las reformas de la descentralización, la educación, la salud, la administración de justicia y la reducción de la pobreza”.
El problema surge cuando ese buen propósito llega a la acción concreta para reformar y modernizar dichas actividades. Cuando el presidente García aludió a ellas en el mensaje, dio la impresión de que creyera que esto ya se produjo gracias a las medidas aplicadas en los tres años previos, o que está casi por ocurrir con algunos ligeros retoques que falta dar.
En salud, por ejemplo, cree que un seguro universal será la panacea, en justicia que bastará con el nuevo código procesal penal, y en educación que es suficiente con la nueva carrera magisterial y la erradicación del analfabetismo.
La falta de rumbo del Ceplan y la demora para ponerlo en marcha es otra expresión de que el gobierno, en estos asuntos, apuesta por la quincena en lugar de hacerlo por la historia.
Un obstáculo central del gobierno para ser más popular es la falta de un sector público que funcione para, por ejemplo, servir mejor al ciudadano o gastar con agilidad. Pero cuando el presidente plantea soluciones a estos problemas es cuando revela más orfandad de ideas sobre reforma del Estado.
Por ejemplo, cuando señala que “la mejor manera de dialogar es gastar” o cuando lanza su iniciativa ‘descentralización popular con núcleos ejecutores’ para organizar a la población con el fin de ejecutar directamente obras que no excedan de medio millón de soles. Eso es una buena idea pero requiere alta capacidad de supervisión como la que, por ejemplo, tuvo Foncodes antes de que el fujimontesinismo lo pervirtiera.
El gobierno pretende abrir el caño fiscal como sea pero sin cuidar la eficiencia del gasto. La angustia por gastar rápido no debe hacer perder de vista la importancia de gastar bien. Lograr ambas cosas requiere la reforma del Estado pendiente desde hace tres lustros y que tampoco se hará en la administración actual. Al paso que vamos, lo único que el gobierno aprista sí reformará es el Estadio (el Nacional, ahora en reparación), con lo cual haremos los Panamericanos pero no seremos “un país del primer mundo, desarrollado y justo”.
LA REPUBLICA
alvarezrodrich@larepublica.com.pe
No solo se debe gastar rápido sino con eficiencia
Una expresión de la poca voluntad del gobierno para lanzar transformaciones de fondo cruciales para el futuro, o de la carencia de claridad conceptual e ideas para lo mismo, son los comentarios sobre reforma del Estado del mensaje presidencial.
El reconocimiento de su importancia por parte del presidente Alan García es bastante acertado, especialmente cuando plantea que, para llegar al segundo centenario de la independencia, en el 2021, “como un país del primer mundo, desarrollado y justo”, se necesita “la refundación del Estado con las reformas de la descentralización, la educación, la salud, la administración de justicia y la reducción de la pobreza”.
El problema surge cuando ese buen propósito llega a la acción concreta para reformar y modernizar dichas actividades. Cuando el presidente García aludió a ellas en el mensaje, dio la impresión de que creyera que esto ya se produjo gracias a las medidas aplicadas en los tres años previos, o que está casi por ocurrir con algunos ligeros retoques que falta dar.
En salud, por ejemplo, cree que un seguro universal será la panacea, en justicia que bastará con el nuevo código procesal penal, y en educación que es suficiente con la nueva carrera magisterial y la erradicación del analfabetismo.
La falta de rumbo del Ceplan y la demora para ponerlo en marcha es otra expresión de que el gobierno, en estos asuntos, apuesta por la quincena en lugar de hacerlo por la historia.
Un obstáculo central del gobierno para ser más popular es la falta de un sector público que funcione para, por ejemplo, servir mejor al ciudadano o gastar con agilidad. Pero cuando el presidente plantea soluciones a estos problemas es cuando revela más orfandad de ideas sobre reforma del Estado.
Por ejemplo, cuando señala que “la mejor manera de dialogar es gastar” o cuando lanza su iniciativa ‘descentralización popular con núcleos ejecutores’ para organizar a la población con el fin de ejecutar directamente obras que no excedan de medio millón de soles. Eso es una buena idea pero requiere alta capacidad de supervisión como la que, por ejemplo, tuvo Foncodes antes de que el fujimontesinismo lo pervirtiera.
El gobierno pretende abrir el caño fiscal como sea pero sin cuidar la eficiencia del gasto. La angustia por gastar rápido no debe hacer perder de vista la importancia de gastar bien. Lograr ambas cosas requiere la reforma del Estado pendiente desde hace tres lustros y que tampoco se hará en la administración actual. Al paso que vamos, lo único que el gobierno aprista sí reformará es el Estadio (el Nacional, ahora en reparación), con lo cual haremos los Panamericanos pero no seremos “un país del primer mundo, desarrollado y justo”.
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