Hay dos maneras de enfocar el mensaje del 28 de julio: una es la obligación constitucional de dar un interminable y aburrido recuento de obras a la población, la otra es tomar la oportunidad para ofrecerle un horizonte al país. Creo que uno de los motivos por el cual muchos, incluyendo este diario, han considerado que el discurso ha sido poco satisfactorio es que en el tema de fondo no hubo un mensaje claro de la dirección que va a adoptar el gobierno en los últimos dos años de su mandato.
Existió, eso sí, iniciativas de reformas políticas que pueden ser fundamentales para la marcha futura del país ante la poca legitimidad que tienen la mayoría de gobiernos regionales y el masivo rechazo que recibe el Congreso del electorado. La segunda vuelta en las regiones y la renovación por mitades del parlamento podrían revertir esas dos enormes deficiencias del sistema político peruano. Si bien es una lástima que se propongan estas reformas en el cuarto y no en el primer año del gobierno, de cualquier manera es un paso adelante. Esperamos que el presidente no pierda el entusiasmo manteniendo la presión para que el Congreso, que evidentemente no está interesado en la segunda propuesta, actúe rápido.
En lo que respecta al proyecto de potenciar núcleos organizados para realizar obras comunales, en el papel parece una innovación para democratizar el gasto aunque al colocar a un operador político del partido a cargo crea el temor de que se convierta en un ejercicio de clientelismo partidario. Por tanto, la oposición y la prensa deberán seguir con lupa cada paso que tomen para asegurar que no ocurra un despilfarro.
En materia económica dijo poco, lo cual hubiera sido un gran alivio con García marca I cuando los discursos del 28 eran esperados con terror. Pero luego de haberse perdido durante el último año el principal motor del crecimiento que eran las desbordantes expectativas empresariales, hubiéramos esperado al menos un intento por recobrar la confianza extraviada, especialmente si se quiere volver a crecer de manera adecuada. De cualquier forma, el prudente manejo económico de García en este gobierno está finalmente enterrando el alma en pena de la hiperinflación que dejó del anterior.
Lamentablemente lo mismo no se puede decir del otro fantasma de su primer mandato: la corrupción. Aquí no se trata de dar leyes o reconstruir la prisión de la isla del diablo, pero sí de darle la confianza a la población de que se está actuando con celo y convicción. Los resultados de las encuestas –donde corrupción figura como el principal problema– indican claramente que el gobierno está fracasando totalmente en dar esa impresión.
Finalmente, aunque las críticas irriten al presidente García, es innegable que en el mensaje tampoco hubo acto de contrición y los dos principales eventos políticos del año que generaron graves crisis al gobierno, causando la caída de dos gabinetes –Baguazo y Petroaudios– fueron en un caso mencionado al paso y en el otro, olímpicamente ignorado.
PERU 21
Existió, eso sí, iniciativas de reformas políticas que pueden ser fundamentales para la marcha futura del país ante la poca legitimidad que tienen la mayoría de gobiernos regionales y el masivo rechazo que recibe el Congreso del electorado. La segunda vuelta en las regiones y la renovación por mitades del parlamento podrían revertir esas dos enormes deficiencias del sistema político peruano. Si bien es una lástima que se propongan estas reformas en el cuarto y no en el primer año del gobierno, de cualquier manera es un paso adelante. Esperamos que el presidente no pierda el entusiasmo manteniendo la presión para que el Congreso, que evidentemente no está interesado en la segunda propuesta, actúe rápido.
En lo que respecta al proyecto de potenciar núcleos organizados para realizar obras comunales, en el papel parece una innovación para democratizar el gasto aunque al colocar a un operador político del partido a cargo crea el temor de que se convierta en un ejercicio de clientelismo partidario. Por tanto, la oposición y la prensa deberán seguir con lupa cada paso que tomen para asegurar que no ocurra un despilfarro.
En materia económica dijo poco, lo cual hubiera sido un gran alivio con García marca I cuando los discursos del 28 eran esperados con terror. Pero luego de haberse perdido durante el último año el principal motor del crecimiento que eran las desbordantes expectativas empresariales, hubiéramos esperado al menos un intento por recobrar la confianza extraviada, especialmente si se quiere volver a crecer de manera adecuada. De cualquier forma, el prudente manejo económico de García en este gobierno está finalmente enterrando el alma en pena de la hiperinflación que dejó del anterior.
Lamentablemente lo mismo no se puede decir del otro fantasma de su primer mandato: la corrupción. Aquí no se trata de dar leyes o reconstruir la prisión de la isla del diablo, pero sí de darle la confianza a la población de que se está actuando con celo y convicción. Los resultados de las encuestas –donde corrupción figura como el principal problema– indican claramente que el gobierno está fracasando totalmente en dar esa impresión.
Finalmente, aunque las críticas irriten al presidente García, es innegable que en el mensaje tampoco hubo acto de contrición y los dos principales eventos políticos del año que generaron graves crisis al gobierno, causando la caída de dos gabinetes –Baguazo y Petroaudios– fueron en un caso mencionado al paso y en el otro, olímpicamente ignorado.
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