1.8.09

Museo de contrabando

D e nada sirvió la conformación de una “Comisión de Alto Nivel” para estudiar el proyecto de construcción de un “museo de la memoria” con el dinero donado por Alemania, que asciende a dos millones de euros, si al final de cuenta todo ha quedado definido tal como originalmente lo propuso la denominada Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR), y en particular Salomón Lerner Febres, ex presidente de la misma. Lamentablemente, en medio de las marchas y contramarchas del Ejecutivo en relación al llamado “museo de la memoria”, en concreto ha primado el objetivo de la cofradía caviar, el amiguismo, la argolla y el enfoque progre, visión ésta tan especializada en meter de contrabando una seudo ideología derechohumanista que durante todo este tiempo (desde la década de los ochenta hasta la actualidad) no ha hecho otra cosa que burlarse de las víctimas asesinadas por el terrorismo demencial, mofarse de miles de discapacitados a causa de la bala o dinamita subversiva, e ignorar a los deudos de policías, soldados, autoridades civiles, ronderos, comuneros o inocentes transeúntes que tuvieron la mala fortuna de cruzarse con senderistas o emerretistas.

Pero en este juego de poder, en esta estrategia mediática y en eje de la zurda elegante ávida de donaciones y fondos millonarios, existe más de un tonto útil que consciente o inconscientemente ha permitido ser corifeo de las ONG políticas que viven del negocio de los derechos humanos. Ellos, con sus omisiones y contemplaciones, han permitido desoír a la opinión pública que reclama poner mayor énfasis en tareas prioritarias propias de un país pobre, antes que en museos que sirvan de instrumento para camuflar a los terroristas, poniéndolos junto a los buenos hijos del Perú, quienes precisamente fueron las víctimas de aquellos subversivos.

Además, se le ha dado la espalda a la propuesta mayoritaria de los peruanos, quienes defendieron la idea que, si en todo caso se llegaba a la decisión de edificar un “museo de la memoria” –para rendir homenaje solo a las víctimas del terrorismo de Sendero y el Mrta– éste debía construirse en Ayacucho y no en Lima. Pero ha pesado más el interés comodón del limeñismo izquierdista, que ya se afila a gastar buena parte de esos dos millones de euros en sueldos y honorarios para sus adláteres de las ONG. Con conciliábulos como los que han determinado que la construcción del aludido museo sea en el Campo de Marte, ubicado en el distrito de Jesús María, sólo se pone de manifiesto el desprecio por aquella ciudadanía que mostró su indignación ante monumentos como el “Ojo que Llora”, otro contrabando y afrenta perpetrada contra el dolor de los seres humanos que vieron extinguida la vida de sus familiares a manos del terrorismo, que encuentran allí el nombre de sus seres queridos confundido junto al de sus ejecutores genocidas. Si el “museo de la memoria” pretende lo mismo que ese escultura instalada en el Campo de Marte, vale decir poner en una misma lista a víctimas y victimarios, entonces el Perú entero tendrá el derecho de repudiarlo, en virtud de que es fruto de una CVR deslegitimada en su esencia y misión.

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