17.9.09

Retrocede Sudamérica

HUGO CHÁVEZ, SUS PRÁCTICAS AUTORITARIAS Y SUS AHIJADOS

Por: Editorial "El Nacional" de Venezuela

Cuando un escritor como Mario Vargas Llosa deja sus ficciones y se ocupa de América Latina y de sus actuales gobiernos, no es, por cierto, porque se siente atraído por la posibilidad de buscar lectores u obtener algún rédito literario por sus declaraciones. Lo hace porque la reflexión sobre América Latina y, en especial, sobre Sudamérica lo atrae y lo obliga a un compromiso democrático rotundo e inevitable.

A lo mejor pierde lectores ocasionales, menos interesados en la literatura y sí en la política ramplona, pero gana el eterno agradecimiento latinoamericano.

¿Por qué decimos esto? ¿Somos acaso tambores de feria cuyos repiques y redobles son contratados para los días de fiesta? Al contrario, agradecemos que los intelectuales latinoamericanos vuelvan e insistan en incursionar en el análisis de la política porque, de ese ejercicio permanente, justo y democrático, siempre quedará una rotunda línea de reflexión que separa la vulgaridad de las consignas y los discursos, de la verdadera proyección de los actos que el gran poder comete en contra de los ciudadanos.

Lo que Vargas Llosa nos coloca como norte no es renunciar a las luchas de calle ni a las expresiones radicales y hermosamente humanas que surgen en medio de la crispación política, sino la necesidad de colocar sobre un sólido piso de reflexión nuestros actos de rebeldía. De nada sirve la palabra ingeniosa, o el llamado a la acción si no hay detrás una base de razonamientos que le den fuerza a nuestras sinceras aspiraciones y esperanzas.

Sabemos que hay un proyecto bolivariano que acecha las libertades democráticas, cuyo líder venezolano ingiere día a día una pócima que le recetan desde La Habana. Pero, ¿acaso nos es necesario esgrimir, más allá de nuestras emociones, unos argumentos bien pensados y articulados sobre los que son nuestros pensamientos libertarios? ¿Y cómo podemos lograrlo? No solo leyendo y conversando con nuestros vecinos, sino armándonos de claras y rotundas reflexiones de quienes han sido consecuentes pensadores de la vigencia de la democracia. Pero además, esas reflexiones tienen, obligatoriamente, que referirse por francas e inevitables razones a América Latina.

Hoy, el permanente e impenitente Fidel Castro se da el lujo de reflexionar sobre el curso de los gobiernos latinoamericanos, y se refiere a ellos con sorna y desprecio. Incluso, se da el lujo de increpar a Obama acerca de las limitaciones del comercio estadounidense con Cuba. Mientras tanto, limita y persigue policialmente en las aduanas la exportación de tabacos habanos que fabrican artesanalmente los sectores más pobres de la población.

Y es aquí donde la voz de Mario Vargas Llosa adquiere singular importancia, porque tiene la paciencia de ir revisando todos estos trucos de mago de feria política que tanto daño han causado a los pueblos latinoamericanos. Desde Chávez a los sobrinos de Rico Mac Pato, es decir, Evo, Daniel y Correa.

El comercio

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