12.10.09

Un Nobel por ver

Por Mirko Lauer

A juzgar por los más de 100 laureados, el Nobel de la paz no es, como a menudo pasa con el de literatura, un premio que lanza a la fama mundial, sino que adorna a personas e instituciones que ya son famosas. En ciertos casos ha sido un galardón pacifista, en otros uno humanitario. A menudo ha sido una distinción polémica.

El premio 2009 a Barack Obama ha molestado a sus críticos (hay, después de todo, una guerra en marcha en Afganistán) y dejado perplejos a él y a sus partidarios. Obama ha enfrentado bien la cosa al decir que no lo entiende como una respuesta a logros, sino como un llamado a la acción. Una suerte de cheque en blanco del comité premiador.

El otro comentario de Obama, en el sentido de que el premio le impone humildad quizás alude a que el galardón adelantado va a pesar sobre sus hombros como una hipoteca: el mundo, al menos el que sigue al progresismo escandinavo, irá midiendo sus actos de los próximos tres años con la vara de las expectativas, y hasta de las exigencias.

Aun así, a la larga el premio beneficia a Obama, pues a un año de su llegada al poder, sirve para recordarle al pueblo de los EEUU el profundo significado político, cultural e ideológico de su llegada al poder. Esto más allá de sus tropiezos bancarios o de seguridad médica en la compleja política de su país.

Pero el mensaje de los noruegos no es tan blandengue o contradictorio como se supone. Haber interrumpido el curso de la política exterior unipolar de George Bush y los neoconservadores puede ser percibido como un servicio a la causa de la paz en el mundo. Aunque se puede decir que eso no es la paz, sino simplemente más posibilidades de paz.

Europa, de donde viene el Nobel, probablemente ve la política de Washington de un mayor acercamiento al continente y de estabilización de las relaciones con Rusia como pasos en la dirección correcta. Por ejemplo, como una manera de restablecer parte de la palanca bipolar perdida en los tratos con el medio oriente.

Lo anterior se resume en estas líneas del texto del propio instituto del Nobel: “Obama ha creado un nuevo clima en la política internacional… La diplomacia multilateral ha recuperado una posición central, con énfasis en el rol de la ONU… La visión de un mundo libre de armas nucleares ha estimulado poderosamente el desarme y el control de armas”.

Un efecto de este Nobel ha sido elevar el perfil del Nobel mismo, al precio de jugarse un incierto huachito en el volátil mundo de la geopolítica. Quizás desde el premio conjunto a Yasser Arafat, Shimon Peres y Yitzhak Rabin en 1994, el Nobel de la paz no había sido tan polémico ni alcanzado un perfil tan alto, si eso es lo que se desea.

LA REPUBLICA

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