Por Mirko Lauer
Es probable que el destino final de este gobierno y parte del resultado de las elecciones del 2011 se juegue en la Amazonía. La región geográfica se ha vuelto a constituir, luego de muchos decenios, en una suerte de far west donde la abundancia de oportunidades económicas hace florecer conflictos con el Estado central.
Un diario de Ucayali ha opinado que la restitución de la Ley Nº 27037 (exoneraciones tributarias a la Amazonía) es el segundo gran revés político del gobierno aprista después de lo sucedido en Bagua. Podría terminar teniendo razón, sobre todo porque las brasas de Bagua no parecen haberse apagado del todo, y además hay vientos de fronda en todos los cocales.
El incidente en torno de la erradicación de cultivos de coca que acaba de producir dos muertos y el anuncio de una huelga de cocaleros de los valles del Alto Huallaga y Monzón desde el lunes también contribuyen a calentar las cosas. A lo que podemos sumar la negativa radical del MEF a aceptar el retorno de la exoneración tributaria.
La mesa está puesta, pues, para una crisis de proporciones. Falta saber ahora si el silencio de las columnas narcosenderistas (que Fernando Rospigliosi atribuye a un repliegue de las fuerzas del orden) se va a mantener, o si los reflectores polémicos sobre la Amazonía reactivarán las acciones subversivas.
En lo de la Ley Nº 27037 está de por medio la votación de las regiones amazónicas el próximo año y el siguiente. Pues a pesar de los argumentos en su contra, la exoneración tributaria es una vieja bandera amazónica (con distintas formas a lo largo del tiempo), y ahora lo será todavía más si el Ejecutivo bloquea la restitución.
Los críticos de la medida apuntan hacia la inequidad tributaria que ella supone y hacia las múltiples formas de contrabando interno que propicia. Los defensores sostienen que el aislamiento geográfico debe ser compensado y contrapesado de alguna manera. Este es uno de esos casos donde en abstracto todas las partes tienen razón.
Uno puede creer o no las cifras del INEI sobre una fuerte reducción de la pobreza en la selva. Pero es más o menos claro que la supresión de las exoneraciones no causó la catástrofe económica que se vaticinaba entonces. Lo cual sugiere que simplemente restituirlas probablemente no sea una real solución para la zona.
Quizás una devolución de impuestos por una vía algo más sofisticada que entregar dinero a los gobiernos regionales, y que presente un parentesco identificable con una exoneración. Parece difícil que los opositores del Congreso acepten modificar un instrumento tan útil como el que acaban de fabricarse. Pero esa parece la tarea política del momento.
LA PRIMERA
Es probable que el destino final de este gobierno y parte del resultado de las elecciones del 2011 se juegue en la Amazonía. La región geográfica se ha vuelto a constituir, luego de muchos decenios, en una suerte de far west donde la abundancia de oportunidades económicas hace florecer conflictos con el Estado central.
Un diario de Ucayali ha opinado que la restitución de la Ley Nº 27037 (exoneraciones tributarias a la Amazonía) es el segundo gran revés político del gobierno aprista después de lo sucedido en Bagua. Podría terminar teniendo razón, sobre todo porque las brasas de Bagua no parecen haberse apagado del todo, y además hay vientos de fronda en todos los cocales.
El incidente en torno de la erradicación de cultivos de coca que acaba de producir dos muertos y el anuncio de una huelga de cocaleros de los valles del Alto Huallaga y Monzón desde el lunes también contribuyen a calentar las cosas. A lo que podemos sumar la negativa radical del MEF a aceptar el retorno de la exoneración tributaria.
La mesa está puesta, pues, para una crisis de proporciones. Falta saber ahora si el silencio de las columnas narcosenderistas (que Fernando Rospigliosi atribuye a un repliegue de las fuerzas del orden) se va a mantener, o si los reflectores polémicos sobre la Amazonía reactivarán las acciones subversivas.
En lo de la Ley Nº 27037 está de por medio la votación de las regiones amazónicas el próximo año y el siguiente. Pues a pesar de los argumentos en su contra, la exoneración tributaria es una vieja bandera amazónica (con distintas formas a lo largo del tiempo), y ahora lo será todavía más si el Ejecutivo bloquea la restitución.
Los críticos de la medida apuntan hacia la inequidad tributaria que ella supone y hacia las múltiples formas de contrabando interno que propicia. Los defensores sostienen que el aislamiento geográfico debe ser compensado y contrapesado de alguna manera. Este es uno de esos casos donde en abstracto todas las partes tienen razón.
Uno puede creer o no las cifras del INEI sobre una fuerte reducción de la pobreza en la selva. Pero es más o menos claro que la supresión de las exoneraciones no causó la catástrofe económica que se vaticinaba entonces. Lo cual sugiere que simplemente restituirlas probablemente no sea una real solución para la zona.
Quizás una devolución de impuestos por una vía algo más sofisticada que entregar dinero a los gobiernos regionales, y que presente un parentesco identificable con una exoneración. Parece difícil que los opositores del Congreso acepten modificar un instrumento tan útil como el que acaban de fabricarse. Pero esa parece la tarea política del momento.
LA PRIMERA



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