17.12.08

Reacción airada

Una cosa es que el gobierno de Chile exija al Perú que remueva al Comandante General de su Ejército, y otra es que nuestro Canciller opine sobre un problema mundial y regional como es el armamentismo. El ministro de RR EE del Perú, José Antonio García Belaunde, declaró a un medio de prensa sobre diversos temas y, entre ellos, cortésmente respondió a la pregunta del periodista que lo entrevistó que al clima de la región le haría bien que Chile no siga asignando a gastos bélicos el 10 por ciento de sus ingresos por la venta del cobre. A ello el ministro peruano de Exteriores respondió con un enfático "claro que sí".

Situemos la respuesta en un contexto de real preocupación por contribuir civilizadamente a la paz regional, sobre todo en momentos en que se expande la crisis internacional afectando a todos los continentes. Allí entonces la reacción oficial de Chile ha sido airada, desproporcionada y altanera, y no contribuye a la distensión de las relaciones peruano-chilenas, que hace poco sufrieron un impasse a propósito de un video –registrando un hecho de hace casi doce meses– del cual un infeliz legislador peruano se encargó de enviar copia a un grupo de sus pares chilenos, multiplicando el efecto de unas declaraciones en privado que agraviaron a Chile y por las cuales el Perú expresó las disculpas del caso.

El Perú debió protestar formalmente por la impertinencia chilena de demandar el pase a retiro de nuestra más alta autoridad militar. No obstante, no lo hizo. Y ahora la cancillería chilena pretende sembrar la versión que nuestro Canciller se inmiscuye en asuntos internos del país vecino al hablar sobre una ley como aquella que impulsa el financiamiento de compras de armamento para las fuerzas armadas de Chile en función a la explotación de su cobre. Absurdo por los cuatro lados. La respuesta sosegada de nuestro ministro de RR EE se refería a aquella provocadora ecuación que demuestra que el armamentismo chileno está dirigido contra el Perú, pues en la actualidad existe completa tranquilidad geopolítica de parte de Chile con sus otros vecinos, Argentina y Bolivia.

Por tanto, resulta fuera de la realidad imaginar que el jefe de la diplomacia peruana hiciera pública su preocupación sobre un tema espinoso como es el armamentismo, en este caso unilateralmente chileno. Es más, la pregunta del periodista local nació espontánea en mente de cualquier ciudadano del mundo que ama la paz: ¿Por qué se arma tanto Chile? Se refiere a un aspecto íntimamente relacionado a la estabilidad regional. Inclusive cuestionamientos de esta naturaleza son práctica usual entre funcionarios de organismos multilaterales desde la ONU, la OEA o la Comunidad Sudamericana de Naciones, etc.

Resulta pues absurda e inconsecuente la reacción de la diplomacia chilena, ante un comentario acomedido de nuestro Canciller respecto a un hecho que atenta contra el desarme mundial y las buenas relaciones entre países vecinos. Acaso, ¿no sería más sensato y coherente hablar claro en cuanta ceremonia oficial bilateral exista –o en citas cumbres a las que acuden diversas naciones– sobre esta ley armamentista que promueve exageradas compras bélicas fuera del presupuesto regular, en vez de seguir produciendo declaraciones líricas que insisten en mantener un statu quo negativo que empobrece más a los ciudadanos de esta parte del planeta y sólo enriquece a los vendedores de los juegos de guerra?

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