LAS CONSECUENCIAS DE LA CRISIS
Por: Francisco Durand Sociólogo
Pasada la elección de Obama, el candidato de la renovación y la esperanza, siguen llegando malas noticias económicas, abriéndose más la brecha entre Wall Street —el mercado de capitales— y Main Street —gente de la calle— cuya luna de miel ahora sí ha terminado.
El año pasado, cada familia con inversiones en fondo de pensiones recibía su consabida carta trimestral, y veía con preocupación que la depreciación del valor de sus fondos. La caída seguía la trayectoria del índice Dow Jones, que llegó a los 14.000 puntos y ahora anda en los 8.000 sin visos de subir. Era —sigue siendo—una carta deprimente.
Preocupado por la crisis, el gobierno de Bush se lanzó al rescate del sistema financiero, y para compensar las cosas, dio el 2008 un “paquete de estímulo”, gracias al cual cada contribuyente recibió un chequecito de U$1.200 a US$1.400, política que evitó que se pudiera hablar oficialmente de recesión. Luego vinieron las elecciones de noviembre y la temporada navideña. Los norteamericanos decidieron sacar a los neoconservadores de la Casa Blanca y el Congreso. El año terminó con pocas ventas y mucho stock. Había empezado la “crisis de confianza” del consumidor, así que las fábricas comenzaron a bajar la producción.
Mientras tanto Obama y el Congreso preparan hoy otro paquete de estímulo a la demanda aún mayor que el anterior —este irá a proyectos más que al bolsillo—, pero esta vez las malas noticias predominan. Los despidos masivos de las grandes corporaciones productivas —Caterpillar, Microsoft, entre ellas— han aumentado en enero. Más gente joven se quiere enrolar en la fuerza armada, donde también reciben un cheque de estímulo que puede llegar a los US$50.000.
Pero las plumas que puede romperle el espinazo a la economía de EE.UU. han llegado sin anuncio previo y por carta. La primera pluma empezó cuando muchos bancos informaron a sus clientes que recortaban su límite de gasto y aumentaban sus montos de pago mínimo. Pero la segunda más reciente es peor. Los bancos han decidido un alza arbitraria de los intereses. Tarjetas de crédito con tasas del 9% han saltado en algunos casos hasta 20%; bueno 19,5%, pero la rebajita no quita el efecto depresivo. Si en promedio cada ciudadano tiene siete, calcúlese el efecto en el consumo.
Le pregunté a un amigo encargado de la División Latinoamericana de una consultora internacional: “¿Qué va a pasar si mañana se agota la capacidad de salvataje y estímulo fiscal y la economía sigue mal?”. “No lo sé”, me dijo, “de repente haremos lo de algunos vecinos. Se quedan con la luz prendida, y se van de California o a otro estado dejando casa, tarjetas de crédito y recibos impagos”.
Por: Francisco Durand Sociólogo
Pasada la elección de Obama, el candidato de la renovación y la esperanza, siguen llegando malas noticias económicas, abriéndose más la brecha entre Wall Street —el mercado de capitales— y Main Street —gente de la calle— cuya luna de miel ahora sí ha terminado.
El año pasado, cada familia con inversiones en fondo de pensiones recibía su consabida carta trimestral, y veía con preocupación que la depreciación del valor de sus fondos. La caída seguía la trayectoria del índice Dow Jones, que llegó a los 14.000 puntos y ahora anda en los 8.000 sin visos de subir. Era —sigue siendo—una carta deprimente.
Preocupado por la crisis, el gobierno de Bush se lanzó al rescate del sistema financiero, y para compensar las cosas, dio el 2008 un “paquete de estímulo”, gracias al cual cada contribuyente recibió un chequecito de U$1.200 a US$1.400, política que evitó que se pudiera hablar oficialmente de recesión. Luego vinieron las elecciones de noviembre y la temporada navideña. Los norteamericanos decidieron sacar a los neoconservadores de la Casa Blanca y el Congreso. El año terminó con pocas ventas y mucho stock. Había empezado la “crisis de confianza” del consumidor, así que las fábricas comenzaron a bajar la producción.
Mientras tanto Obama y el Congreso preparan hoy otro paquete de estímulo a la demanda aún mayor que el anterior —este irá a proyectos más que al bolsillo—, pero esta vez las malas noticias predominan. Los despidos masivos de las grandes corporaciones productivas —Caterpillar, Microsoft, entre ellas— han aumentado en enero. Más gente joven se quiere enrolar en la fuerza armada, donde también reciben un cheque de estímulo que puede llegar a los US$50.000.
Pero las plumas que puede romperle el espinazo a la economía de EE.UU. han llegado sin anuncio previo y por carta. La primera pluma empezó cuando muchos bancos informaron a sus clientes que recortaban su límite de gasto y aumentaban sus montos de pago mínimo. Pero la segunda más reciente es peor. Los bancos han decidido un alza arbitraria de los intereses. Tarjetas de crédito con tasas del 9% han saltado en algunos casos hasta 20%; bueno 19,5%, pero la rebajita no quita el efecto depresivo. Si en promedio cada ciudadano tiene siete, calcúlese el efecto en el consumo.
Le pregunté a un amigo encargado de la División Latinoamericana de una consultora internacional: “¿Qué va a pasar si mañana se agota la capacidad de salvataje y estímulo fiscal y la economía sigue mal?”. “No lo sé”, me dijo, “de repente haremos lo de algunos vecinos. Se quedan con la luz prendida, y se van de California o a otro estado dejando casa, tarjetas de crédito y recibos impagos”.
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