4.2.09

El pueblo saharaui

Por: Abelardo Sánchez León

Según información proporcionada por la revista “Posible”, Alfredo Bryce ha escrito que Kenia y Gaza, el territorio palestino ocupado por Israel, son los lugares con mayor tasa de crecimiento del mundo. Ambos duplicarán su población en 17 años. Nicaragua lo hará en 20, Perú en 28 e Italia lo hará, recién, en 3.460 años. La guerra, paradójicamente, le hace en Gaza un llamado a la vida: en medio de las ruinas, ruge el ansia del mañana.

La globalización no ha logrado erradicar la indiferencia y por más simultaneidad que exista en las comunicaciones, la distancia física y emocional persiste. Pero para resolver esa indiferencia tenemos a las Naciones Unidas, un organismo supranacional que parece pintado en la pared, pues no logró evitar los bombardeos a Belgrado en tiempos de Clinton ni los de Bagdad en tiempos de Bush, no logra imponer la paz en la franja de Gaza y no cumple un papel real frente a las demandas de autonomía del pueblo saharaui, en el Sahara Occidental, antigua colonia española.

Los grandes organismos internacionales, como la ONU, se mueven a través de eternas resoluciones; la resolución 1813 de abril del 2008 se redacta “recordando”, “reafirmando su decidido apoyo”, “reiterando”, “tomando nota”, “acogiendo con satisfacción”, “exhortando a las partes” y, al final, “decide seguir ocupándose de la cuestión”: o sea, del destino de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD).

El caso es simple y complejo, pero pocos estamos realmente informados. Simple, porque se trata de la última tierra africana que no ha alcanzado su total independencia. Compleja, porque hay un territorio liberado, otro ocupado por Marruecos y uno último, de refugiados en Tindouf, Argelia, donde viven, en verano, a 52 grados sin sombra.

España tampoco respalda al RASD. El presidente Rodríguez Zapatero es próximo a Marruecos y el pueblo saharaui le exige que juegue el papel que les toca en esta descolonización no concluida. El Perú tampoco lo hace. Alberto Fujimori, en 1996, suspendió unilateralmente las relaciones, olvidándose que el Perú lo reconoció durante el gobierno de Fernando Belaunde. Actualmente se le pide a Alan García que cumpla con restablecer las relaciones diplomáticas. También se hizo lo mismo con el gobierno de Alejandro Toledo (incluso, en esa oportunidad, firmó la solicitud el propio Alan García, además de Lourdes Flores, Alberto Andrade, Valentín Paniagua y Javier Diez Canseco). Espero que estas líneas ayuden al pueblo saharaui, golpeado por el siroco y la indiferencia de varios gobiernos.

EL COMERCIO

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