El evento gubernamental posiblemente más importante de este febrero va a ser el viaje de Alan García a Corea del Sur y a Japón. No sólo porque con esto se afianza el proceso de negociaciones para conseguir sendos TLC con ambos países, sino porque todo ello fortalece la imagen del Perú en la APEC, tras un evento satisfactorio que disipó las dudas de todos aquellos dentro de este grupo que alegaban que, salvo México, el resto de latinoamericanos no teníamos nada que hacer allí. Además, las máximas autoridades políticas de estas naciones asiáticas vinieron a Lima y sería un tremendo desplante cancelar las visitas, algo ciertamente impensable. También estos periplos de estadista ayudan personalmente a García, pues terminan de borrar internacionalmente los ingratos recuerdos de su primer gobierno y lo elevan mucho localmente en las encuestas. Finalmente, se daría el mensaje de que este juicio a Fujimori en su fase final no tiene nada que ver con las relaciones entre Perú y Japón.
No menos importante es que este viaje cierra con broche de oro todo este proceso de mejora de tratos con ese país asiático hasta el nivel óptimo de hoy, relaciones que quedaron tan deterioradas con el toledismo, cuya necia diplomacia no comprendió que razones de Estado aconsejaban no fujimorizar la agenda entre ambos países y que casi sigue los consejos termocéfalos de David Waisman y Javier 0.5% Canseco de ir a la ruptura de relaciones.
Tal es la importancia que los nipones le dan a este viaje, que le han reservado a García nada menos que una entrevista con el emperador Akihito (conocido allá como Tsugu no miya y el inaugurador de la Era Heisei), honor que rara vez le dan a naciones y presidentes. Reunirte con quien es el actual tenn (??) o el mikado (la puerta, por vincular lo divino con lo temporal) es una deferencia máxima dentro de sus cánones culturales. No acudir a esta invitación imperial ofendería profundamente la distinta sensibilidad que poseen los japoneses y enfriaría irresponsable e innecesariamente nuestras relaciones con la segunda economía más grande del planeta. China sí lamentablemente no podría estar en la agenda, dado que por estas épocas se suele convocar a los congresos anuales del gobernante Partido Comunista y ya no le hace caso a nadie.
García entonces no sólo cerraría definitivamente su periodo APEC en su variante asiática, sino que podría traerse asegurados los TLC, acuerdos importantes en tiempos en que el proteccionismo amenaza con volver.
Y nos estamos quedando con Estados Unidos... Este viernes Bachelet conversó con Obama y fue invitada a la Casa Blanca, además de charlar antes con Hillary Clinton. La Bachelet ya está de salida y los sureños no enfrentan el dramático peligro de un triunfo de un candidato chavistoide como aquí, así que Torre Tagle debería ya estudiar cómo lograr que el Perú sea el niño mimado de Obama en la zona y no que Chile nos gane la mano otra vez.
P.D. Esta columna regresa en marzo tras vacaciones, aunque aparecerá esporádicamente porque siempre provoca escribir.
Aldo Mariátegui
No menos importante es que este viaje cierra con broche de oro todo este proceso de mejora de tratos con ese país asiático hasta el nivel óptimo de hoy, relaciones que quedaron tan deterioradas con el toledismo, cuya necia diplomacia no comprendió que razones de Estado aconsejaban no fujimorizar la agenda entre ambos países y que casi sigue los consejos termocéfalos de David Waisman y Javier 0.5% Canseco de ir a la ruptura de relaciones.
Tal es la importancia que los nipones le dan a este viaje, que le han reservado a García nada menos que una entrevista con el emperador Akihito (conocido allá como Tsugu no miya y el inaugurador de la Era Heisei), honor que rara vez le dan a naciones y presidentes. Reunirte con quien es el actual tenn (??) o el mikado (la puerta, por vincular lo divino con lo temporal) es una deferencia máxima dentro de sus cánones culturales. No acudir a esta invitación imperial ofendería profundamente la distinta sensibilidad que poseen los japoneses y enfriaría irresponsable e innecesariamente nuestras relaciones con la segunda economía más grande del planeta. China sí lamentablemente no podría estar en la agenda, dado que por estas épocas se suele convocar a los congresos anuales del gobernante Partido Comunista y ya no le hace caso a nadie.
García entonces no sólo cerraría definitivamente su periodo APEC en su variante asiática, sino que podría traerse asegurados los TLC, acuerdos importantes en tiempos en que el proteccionismo amenaza con volver.
Y nos estamos quedando con Estados Unidos... Este viernes Bachelet conversó con Obama y fue invitada a la Casa Blanca, además de charlar antes con Hillary Clinton. La Bachelet ya está de salida y los sureños no enfrentan el dramático peligro de un triunfo de un candidato chavistoide como aquí, así que Torre Tagle debería ya estudiar cómo lograr que el Perú sea el niño mimado de Obama en la zona y no que Chile nos gane la mano otra vez.
P.D. Esta columna regresa en marzo tras vacaciones, aunque aparecerá esporádicamente porque siempre provoca escribir.
Aldo Mariátegui



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