5.2.09

¿Repetiría el plato?

Por: Beatriz Boza

Sabiendo todo lo que sé ahora, ¿volvería a participar ad honórem en una comisión gubernamental para cumplir una tarea específica como fue la selección de una terna de candidatos para la contraloría? ¿Volvería a dedicarle tres semanas de mi tiempo a entrevistas, revisión de documentos y currículos, chequeo de referencias y concertar con el resto de la comisión? ¿Y todo para encontrar que fuimos víctimas de un engaño? ¿Volvería a creer? ¿Volvería a jugármela?

Siento indignación, cólera y frustración por lo ocurrido la semana pasada y por lo que nos ha hecho pasar la candidata a contralora. Podía anticipar que le costaría adaptarse a los avatares de la función pública, pero jamás me imaginé que ella faltaría a la verdad. Luego de una revisión documental de más de cien candidatos con el apoyo de la secretaría de la PCM, de reunirnos con expertos en contraloría, selección de personal y gestión del Estado para establecer el perfil del cargo, de entrevistas en profundidad con 10 candidatos, de aplicar un test psicotécnico y de chequear cinco referencias de cada uno, varias de ellas de personas que me inspiran respeto y confianza, creí estar haciendo lo correcto al coincidir en recomendarla como parte de la terna a ser considerada por el presidente García. Seguros de que estábamos contribuyendo a consolidar mejores procesos para la toma de decisiones, invertimos largas horas adicionales para dejar un registro escrito del trabajo realizado.

Pienso en qué pude o debí haber hecho diferente y me quedo con cinco lecciones: 1) hay asuntos que no se deben trabajar contra reloj, uno de ellos el referido a la selección de personal; 2) no hay sistema infalible pues finalmente todo descansa sobre la virtud de las personas; 3) honrar la verdad es un valor supremo sobre el cual se cimientan todas las demás virtudes; 4) no basta decir la verdad, hay que estar seguro de que el otro entienda lo que se dice como verdad; y 5) crisis como estas ponen a prueba el coraje, compromiso y confianza de uno, atributos que he estado revisando en mi vida estos días y que luego de mucha introspección encuentro que, a pesar del mal rato, y consciente de lo falible que puedo ser, estoy convencida de la necesidad de seguir apoyando procesos de transformación social y reforma de nuestras instituciones estatales

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