La reconciliación entre peruanos tiene que pasar necesaria e indubitablemente –antes que por erigir un museo de la memoria– por reconocer que el enemigo mayor de toda sociedad civilizada es el terrorismo. Como bien lo hizo notar el director de esta casa periodística, en su columna publicada el pasado 2 de abril bajo el título “El ejemplo español”, mientras que en España los dirigentes políticos se unen para suscribir un documento contra la subversión, aquí en el Perú ponemos la carreta delante de los caballos al hacer museos sin haber acabado, previa y definitivamente, con los remanentes terroristas, que incluso actualmente se agazapan en zonas agrestes de nuestra geografía aliados con el narcotráfico.
Qué diferencia tan clara exhiben dos partidos rivales, como el PSOE y el PP, en su decisión clara y firme contra la subversión vasca, cosa que los movimientos políticos peruanos no lo hicieron ni en la década del ochenta, ni del noventa, ni en la actualidad.
Por eso lamentamos que haya algunos apresurados e ingenuos que asumen –al desesperarse por un museo de la memoria, a veces con deseo de figuración– que el terrorismo es asunto cerrado, minimizando equivocadamente que aún existen columnas activas. Ayer nomás, en vez de establecer acuerdos mínimos para buscar la reconciliación entre peruanos, los amos de las ONG políticas se apuraron a parir con fórceps una llamada Comisión de la Verdad, hecho –entre otros– que dividió a la nación y deslegitimó a dicho colectivo ideologizado. Ahora, sobre base tan endeble –que obvió la unión nacional contra el terrorismo– ¿los miembros de esas ONG quieren desbocadamente instalar un museo de la memoria?
Ante esa realidad penosa para la mayoría de peruanos, no queda sino evitar que ese “museo de la memoria” siga siendo manipulado y termine plagado de vacíos, como ocurrió con la sesgada muestra fotográfica preparada por la “izquierda refinada” bajo el nombre “Yuyanapaq”. En puridad, sabemos que per se la Comisión palaciega que se ha creado para concretar el proyecto del museo de marras no es garantía que continúe el mangoneo de un tema nacido del vientre de las ONG embrionadas por marxistas y leninistas. Por eso resulta fundamental suscribir compromisos claros y rotundos contra el terrorismo, tomando como ejemplo la experiencia española, donde los principales partidos –el PP y PSOE– han cerrado un histórico acuerdo para regenerar la vida institucional del País Vasco. Y eso parte por repudiar a la subversión y a cualquier tipo de apoyo que se dirija a favor del terrorismo.
Parte medular de la referida declaración de los partidos hispánicos señala: “…combatir y derrotar a ETA en todos los ámbitos; apoyar y reconocer a las víctimas del terrorismo; impedir los homenajes a personas o grupos vinculados a la banda y a deslegitimar política y socialmente a los que amparan el terrorismo…”. Esperamos que los políticos peruanos no se sientan apabullados por la influencia mediática de las ONG dedicadas al negocio de los derechos humanos, y procedan a adoptar de inmediato iniciativas similares a la española. Para empezar, taxativamente evitando rendir homenajes a los terroristas y a sus colaboradores y reconocer, más bien, a las víctimas del genocidio senderista y emerretirtsa. Pero, eso sí, que no quepa la menor duda, los senderistas y emerretistas no son las víctimas. Son los victimarios.
EL COMERCIO
Qué diferencia tan clara exhiben dos partidos rivales, como el PSOE y el PP, en su decisión clara y firme contra la subversión vasca, cosa que los movimientos políticos peruanos no lo hicieron ni en la década del ochenta, ni del noventa, ni en la actualidad.
Por eso lamentamos que haya algunos apresurados e ingenuos que asumen –al desesperarse por un museo de la memoria, a veces con deseo de figuración– que el terrorismo es asunto cerrado, minimizando equivocadamente que aún existen columnas activas. Ayer nomás, en vez de establecer acuerdos mínimos para buscar la reconciliación entre peruanos, los amos de las ONG políticas se apuraron a parir con fórceps una llamada Comisión de la Verdad, hecho –entre otros– que dividió a la nación y deslegitimó a dicho colectivo ideologizado. Ahora, sobre base tan endeble –que obvió la unión nacional contra el terrorismo– ¿los miembros de esas ONG quieren desbocadamente instalar un museo de la memoria?
Ante esa realidad penosa para la mayoría de peruanos, no queda sino evitar que ese “museo de la memoria” siga siendo manipulado y termine plagado de vacíos, como ocurrió con la sesgada muestra fotográfica preparada por la “izquierda refinada” bajo el nombre “Yuyanapaq”. En puridad, sabemos que per se la Comisión palaciega que se ha creado para concretar el proyecto del museo de marras no es garantía que continúe el mangoneo de un tema nacido del vientre de las ONG embrionadas por marxistas y leninistas. Por eso resulta fundamental suscribir compromisos claros y rotundos contra el terrorismo, tomando como ejemplo la experiencia española, donde los principales partidos –el PP y PSOE– han cerrado un histórico acuerdo para regenerar la vida institucional del País Vasco. Y eso parte por repudiar a la subversión y a cualquier tipo de apoyo que se dirija a favor del terrorismo.
Parte medular de la referida declaración de los partidos hispánicos señala: “…combatir y derrotar a ETA en todos los ámbitos; apoyar y reconocer a las víctimas del terrorismo; impedir los homenajes a personas o grupos vinculados a la banda y a deslegitimar política y socialmente a los que amparan el terrorismo…”. Esperamos que los políticos peruanos no se sientan apabullados por la influencia mediática de las ONG dedicadas al negocio de los derechos humanos, y procedan a adoptar de inmediato iniciativas similares a la española. Para empezar, taxativamente evitando rendir homenajes a los terroristas y a sus colaboradores y reconocer, más bien, a las víctimas del genocidio senderista y emerretirtsa. Pero, eso sí, que no quepa la menor duda, los senderistas y emerretistas no son las víctimas. Son los victimarios.
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