Es inaceptable que el principal terminal aéreo del país –el “Jorge Chávez”– haya suspendido vuelos nacionales e internacionales el lunes y martes de esta semana. La causa fue la neblina que por esta época del año empieza a acentuarse en la costa. El perjuicio ocasionado a miles de pasajeros es mayúsculo, y el mal momento por el que han pasado esas personas simplemente demuestra que el discurso presidencial, así como la actitud del responsable del sector
Transportes y Comunicaciones y las medidas de la Dirección de Aviación Civil son nulas; es decir, van por un camino de fantasías mientras que la realidad de contar con un aeropuerto seguro va por otra senda muy lejana a la tecnología que se requiere para prestar un óptimo servicio en el primer terminal aéreo del Perú.
En este tema lamentamos que menudo favor generen las autoridades gubernamentales a la imagen del país. Pues con sus omisiones, negligente anticipación o por falta de decisión para dotar de una vez por todas al Aeropuerto Internacional Jorge Chávez de los mejores radares y demás equipos sofisticados de control de vuelos, no se puedan sortear hasta ahora dificultades de este tipo tan elemental. Para que los aviones puedan decolar y aterrizar sin dificultades en malas condiciones climatológicas, urge adquirir sistemas avanzados. Lo contrario acarrea crear inseguridad o hasta accidentes, pasando por causar malestar por la parálisis de los vuelos “por mal tiempo”. Y lo peor es que aquello impide que las compañías de aviación informen a los pasajeros la reprogramación de sus vuelos. Para estos casos, pues, los planes de contingencia de Corpac y de la concesionaria del primer aeropuerto nacional –basados en el equipamiento tecnológico–, deberían dar resultados y no agudizar los problemas. Pensamos que, en honor de la verdad, recurrir sencillamente al desvío de los aviones a aeropuertos como los de Pisco o Chiclayo no es lo ideal por los estorbos que representan para los visitantes o turistas que desde esos lugares tienen que retomar por tierra sus itinerarios.
Según especialistas, el primer aeropuerto nacional requiere subir de la categoría dos a la tres para operar satisfactoriamente. Con esta nueva categoría se podría ‘direccionar’ a una nave con cero visibilidad, explican. Sin embargo para ello hace falta equipar al Jorge Chávez con mecanismos de última tecnología. Al respecto, la responsabilidad de su compra recae en el Ministerio de Transportes y Comunicaciones. Esperamos que las decisiones políticas sobre el particular se den al más breve plazo, si el gobierno quiere ser coherente con sus afanes de promover que vengan más inversores y turistas. La buena calidad de los servicios aeroportuarios del país es fundamental para evitar que a futuro se produzcan no sólo nuevas suspensiones de vuelos en nuestro primer terminal aéreo, sino probables riesgos mayores que el público no debe soportar.
EXPRESO
Transportes y Comunicaciones y las medidas de la Dirección de Aviación Civil son nulas; es decir, van por un camino de fantasías mientras que la realidad de contar con un aeropuerto seguro va por otra senda muy lejana a la tecnología que se requiere para prestar un óptimo servicio en el primer terminal aéreo del Perú.
En este tema lamentamos que menudo favor generen las autoridades gubernamentales a la imagen del país. Pues con sus omisiones, negligente anticipación o por falta de decisión para dotar de una vez por todas al Aeropuerto Internacional Jorge Chávez de los mejores radares y demás equipos sofisticados de control de vuelos, no se puedan sortear hasta ahora dificultades de este tipo tan elemental. Para que los aviones puedan decolar y aterrizar sin dificultades en malas condiciones climatológicas, urge adquirir sistemas avanzados. Lo contrario acarrea crear inseguridad o hasta accidentes, pasando por causar malestar por la parálisis de los vuelos “por mal tiempo”. Y lo peor es que aquello impide que las compañías de aviación informen a los pasajeros la reprogramación de sus vuelos. Para estos casos, pues, los planes de contingencia de Corpac y de la concesionaria del primer aeropuerto nacional –basados en el equipamiento tecnológico–, deberían dar resultados y no agudizar los problemas. Pensamos que, en honor de la verdad, recurrir sencillamente al desvío de los aviones a aeropuertos como los de Pisco o Chiclayo no es lo ideal por los estorbos que representan para los visitantes o turistas que desde esos lugares tienen que retomar por tierra sus itinerarios.
Según especialistas, el primer aeropuerto nacional requiere subir de la categoría dos a la tres para operar satisfactoriamente. Con esta nueva categoría se podría ‘direccionar’ a una nave con cero visibilidad, explican. Sin embargo para ello hace falta equipar al Jorge Chávez con mecanismos de última tecnología. Al respecto, la responsabilidad de su compra recae en el Ministerio de Transportes y Comunicaciones. Esperamos que las decisiones políticas sobre el particular se den al más breve plazo, si el gobierno quiere ser coherente con sus afanes de promover que vengan más inversores y turistas. La buena calidad de los servicios aeroportuarios del país es fundamental para evitar que a futuro se produzcan no sólo nuevas suspensiones de vuelos en nuestro primer terminal aéreo, sino probables riesgos mayores que el público no debe soportar.
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