Cuando los presidentes llegan a la mitad de su administración y logran cierto nivel de aprobación, algún cortesano o partidario inevitablemente plantea que, como el país no puede marchar sin su liderazgo, es fundamental modificar la Constitución para reelegirlo. Ocurrió con García en su primer mandato, y hasta Toledo, en las contadas oportunidades en las que lograba aprobaciones mensuales de dos dígitos, declaraba –con falsa modestia– que no estaba pensando en la reelección.
Por ello, no es tan sorprendente que se esté hablando de esa posibilidad en la actualidad, aunque, claro está, la propuesta no tiene la más mínima posibilidad. En primer lugar, la desaprobación de García en Lima –que se ha vuelto su bastión electoral– es superior a la aprobación de su gestión, ni qué decir a nivel nacional. Por lo que se puede decir que la iniciativa no tendría apoyo popular.
Por otro lado, el Apra aún no logra siquiera los votos en el Congreso para designar al contralor, aunque esperamos que con Khoury, a la tercera, se dé la vencida. Por tanto, sería una ilusión esperar que se logre sumar, en dos legislaturas, más de 80 votos para aprobar una reforma constitucional.
Parecía, más bien, que la propuesta tiene la intención de desviar la atención y mantener ocupada a la afición en un periodo de evidente desgaste del gobierno con ríos y caminos bloqueados a diario. Más aún ahora que, para colmo de males gubernamentales, también resulta que la caótica suspensión de vuelos por niebla que viene ocurriendo hace días bien se pudo haber evitado con una inversión de solo dos millones de dólares; esto es, para un aeropuerto que, en los últimos ocho años, le ha pagado al Estado regalías que son 235 veces superiores.
El caso Corpac es una muestra más de la incapacidad en la empresa estatal, que se suma a las pérdidas de Petroperú, a los escándalos de Mivivienda y Banmat, así como al error de 500 millones del Banco de la Nación. Esto nos reitera el alto costo que representa para todos el que este gobierno no haya hecho ningún esfuerzo por modernizar y transparentar el manejo de las empresas públicas, las cuales ha reservado para el uso exclusivo de 'compañeros’. Por ello, cuando leemos la envidia que causamos en otros países de la región, nos genera aún mayor frustración que el gobierno esté dejando pasar una inmejorable oportunidad para progresar.
PERU 21
Por ello, no es tan sorprendente que se esté hablando de esa posibilidad en la actualidad, aunque, claro está, la propuesta no tiene la más mínima posibilidad. En primer lugar, la desaprobación de García en Lima –que se ha vuelto su bastión electoral– es superior a la aprobación de su gestión, ni qué decir a nivel nacional. Por lo que se puede decir que la iniciativa no tendría apoyo popular.
Por otro lado, el Apra aún no logra siquiera los votos en el Congreso para designar al contralor, aunque esperamos que con Khoury, a la tercera, se dé la vencida. Por tanto, sería una ilusión esperar que se logre sumar, en dos legislaturas, más de 80 votos para aprobar una reforma constitucional.
Parecía, más bien, que la propuesta tiene la intención de desviar la atención y mantener ocupada a la afición en un periodo de evidente desgaste del gobierno con ríos y caminos bloqueados a diario. Más aún ahora que, para colmo de males gubernamentales, también resulta que la caótica suspensión de vuelos por niebla que viene ocurriendo hace días bien se pudo haber evitado con una inversión de solo dos millones de dólares; esto es, para un aeropuerto que, en los últimos ocho años, le ha pagado al Estado regalías que son 235 veces superiores.
El caso Corpac es una muestra más de la incapacidad en la empresa estatal, que se suma a las pérdidas de Petroperú, a los escándalos de Mivivienda y Banmat, así como al error de 500 millones del Banco de la Nación. Esto nos reitera el alto costo que representa para todos el que este gobierno no haya hecho ningún esfuerzo por modernizar y transparentar el manejo de las empresas públicas, las cuales ha reservado para el uso exclusivo de 'compañeros’. Por ello, cuando leemos la envidia que causamos en otros países de la región, nos genera aún mayor frustración que el gobierno esté dejando pasar una inmejorable oportunidad para progresar.
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