2.5.09

Mismo barrio, otro mundo

Ha sido extraño cómo en pocos días dos eventos fundamentales han resaltado los caminos totalmente opuestos que han adoptado dos países hermanos. El domingo pasado se reeligió –en primera vuelta– a Rafael Correa como presidente de Ecuador e, inmediatamente, anunció la radicalización de su plan socialista de gobierno. El martes, nuestro país firmó un TLC con China que consolida la abierta integración de nuestra economía al mundo.

Incluso considerando que el gobierno ecuatoriano ya venía recurriendo desde tiempo atrás a medidas para impedir el libre flujo de comercio en la región, la inminente profundización de su programa solo los llevaría a un mayor aislamiento. Los ecuatorianos ya están sufriendo una aguda recesión con una fuerte caída de su economía, tanto para este como para el próximo año. Alarmantes proyecciones que difícilmente mejorarán, ya que el proteccionismo no solo no ofrece solución, sino que, sin duda, agravará aún más su situación. Es una verdadera lástima que, a pesar de su potencial, Ecuador decida penetrar más en el laberinto chavista, echando por la borda el futuro de su joven población.

Felizmente en nuestro caso, vamos en sentido contrario. Con el último tratado firmado con China ya se ha logrado cerrar con casi la mitad de nuestro intercambio comercial. Adicionalmente, el gobierno espera concluir varios tratados que actualmente está negociando, y así podríamos estar llegando a mediados del próximo año, con el acceso preferencial, al 75% de nuestros mercados totalmente asegurados. Esto nos pondría en ventaja frente a la mayoría de competidores y nos permitirá desarrollar nuestra base exportadora, ya que el ingreso garantizado a los mejores mercados del mundo será un imán para la captación de inversiones. Pero lo más atractivo de los acuerdos es que renunciar a ellos toma más años que un periodo de gobierno; por lo tanto, aunque nos equivoquemos en la próxima elección, podremos seguir disfrutando de la libertad de comercio.

Finalmente, si bien el gobierno está desperdiciando grandes oportunidades ante su falta de voluntad en reformar, en lo que respecta a los tratados sí está demostrando entusiasmo. Por ello, es muy probable que la integración definitiva del Perú a la economía mundial resulte siendo la más valiosa herencia que Alan García deje en su segundo paso por la Presidencia.

PERU 21

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