Por: Richard Webb
Casi mágicamente, en el período comprendido entre el 2006 y el 2008, el bolsillo peruano se ensanchó en un tercio. Se juntaron una mayor producción, inversiones y remesas del extranjero, mayores precios por las exportaciones, una fuerte expansión del crédito y el enriquecimiento en la bolsa, produciendo una ola perfecta de dinero en el país. ¿Pero al bolsillo de quién fue a parar todo esa nueva riqueza?
Las encuestas de niveles de vida que efectúa el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) nos dan una idea de quién se benefició. Como toda encuesta, los datos no son precisos. Hay un margen de error técnico porque de los siete millones de familias peruanas, 26 mil fueron encuestadas, y además hay la posibilidad de errores humanos. Aun así, la calidad de la foto fue certificada como buena por un panel de expertos, y nos dice lo siguiente:
El reparto de esa nueva prosperidad ha llegado a todos los niveles sociales. Si dividimos la población en diez partes iguales, desde los más pobres hasta los más ricos, resulta que cada una de las diez partes se ha beneficiado sustancialmente en los últimos tres años. En el décimo más pobre, el presupuesto familiar creció 15%, y en todos los demás grupos de población, salvo uno, se elevó entre 19% y 23%.
La excepción inesperada es el décimo más rico, que mejoró solo en 8%. También fue balanceado el reparto regional. La mejora del presupuesto familiar fue 16% en Lima, 19% en otras áreas urbanas y 17% en las áreas rurales.
Quizá nunca ha habido tanto reparto o “chorreo” de la capacidad de compra en el país. No obstante, las diferencias sociales siguen siendo enormes. Los del décimo más acomodado aún ganan 20 veces más que los del décimo más pobre.
Una consecuencia ha sido la reducción de la pobreza, de 49 % a 36%. Los programas sociales han contribuido solo marginalmente. Para la población rural, el programa Juntos aportó 2% del ingreso en el 2008, aunque sumando vacunaciones, alimentos y aportes privados la ayuda total alcanzó a ser 19% del presupuesto rural.
Más que subsidio, han sido la creciente productividad y la interconexión nacional las que explicarían el reparto tan difundido de la nueva riqueza.
Sin embargo, la bonanza tuvo algunos elementos reversibles, y no debería sorprender ver retrocesos por efecto de la recesión que se ha iniciado.
EL COMERCIO
Casi mágicamente, en el período comprendido entre el 2006 y el 2008, el bolsillo peruano se ensanchó en un tercio. Se juntaron una mayor producción, inversiones y remesas del extranjero, mayores precios por las exportaciones, una fuerte expansión del crédito y el enriquecimiento en la bolsa, produciendo una ola perfecta de dinero en el país. ¿Pero al bolsillo de quién fue a parar todo esa nueva riqueza?
Las encuestas de niveles de vida que efectúa el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) nos dan una idea de quién se benefició. Como toda encuesta, los datos no son precisos. Hay un margen de error técnico porque de los siete millones de familias peruanas, 26 mil fueron encuestadas, y además hay la posibilidad de errores humanos. Aun así, la calidad de la foto fue certificada como buena por un panel de expertos, y nos dice lo siguiente:
El reparto de esa nueva prosperidad ha llegado a todos los niveles sociales. Si dividimos la población en diez partes iguales, desde los más pobres hasta los más ricos, resulta que cada una de las diez partes se ha beneficiado sustancialmente en los últimos tres años. En el décimo más pobre, el presupuesto familiar creció 15%, y en todos los demás grupos de población, salvo uno, se elevó entre 19% y 23%.
La excepción inesperada es el décimo más rico, que mejoró solo en 8%. También fue balanceado el reparto regional. La mejora del presupuesto familiar fue 16% en Lima, 19% en otras áreas urbanas y 17% en las áreas rurales.
Quizá nunca ha habido tanto reparto o “chorreo” de la capacidad de compra en el país. No obstante, las diferencias sociales siguen siendo enormes. Los del décimo más acomodado aún ganan 20 veces más que los del décimo más pobre.
Una consecuencia ha sido la reducción de la pobreza, de 49 % a 36%. Los programas sociales han contribuido solo marginalmente. Para la población rural, el programa Juntos aportó 2% del ingreso en el 2008, aunque sumando vacunaciones, alimentos y aportes privados la ayuda total alcanzó a ser 19% del presupuesto rural.
Más que subsidio, han sido la creciente productividad y la interconexión nacional las que explicarían el reparto tan difundido de la nueva riqueza.
Sin embargo, la bonanza tuvo algunos elementos reversibles, y no debería sorprender ver retrocesos por efecto de la recesión que se ha iniciado.
EL COMERCIO



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