MITOS, DOGMAS Y POSTULADOS
Por: Manuel Bernales A Politólogo
Desde las alturas de la escena oficial y empresarial impera la creencia de que el mercado debe dominar la economía, las políticas públicas y el cambio social. El Estado debe asegurar eso. Se oculta que en países industrializados, donde prima una economía mixta, se produce la mayor parte de la contaminación del mundo con nefastas consecuencias para personas, sociedades, gobiernos y ambiente.
El Informe Brundtland (1986) denunció el desastre ambiental causado por la hipertrofia del Estado, su burocracia, el partido único y el socialismo de Estado; su herencia es la cuota de los países europeos ex comunistas a la degradación ambiental. En menos de treinta años, China será tanto o más contaminadora que Estados Unidos. Su modelo de capitalismo va en sentido contrario a las recomendaciones del desarrollo sostenible, del desarrollo humano y de la seguridad humana.
Alrededor del keynesianismo también se esbozaron varios enfoques para administrar mejor los recursos naturales y deteriorar menos el ambiente. Después vinieron la Segunda Guerra Mundial y la capacidad de las potencias nucleares de liquidar la vida, como si no hubiera bastado el balance de muerte y deshumanización que causaron. Después, pese a la Guerra Fría, se repensó el desarrollo. Jugaron importante papel las agencias, fondos y programas de la ONU. Canadá, la Unión Europea, los nórdicos y la OCDE, Japón y Estados Unidos se acercaron a Brundtland para priorizar y aplicar un enfoque orientado a normar, regular, controlar y sancionar excesos. Tres generaciones europeas, que viven la megatendencia ambientalista, han constatado que no podrá realizarse el desarrollo sostenible si no se aplica a la única escala que hoy se debe hacer: la mundial.
Esto significa invertir en el ambiente, producir limpiamente, subordinar la ganancia empresarial, el mercado y los intereses particulares a los bienes, valores e intereses públicos. Implica planificar y hacer buenas inversiones (y no como sucede hoy sin planificación territorial, sin zonificación ni evaluación estratégica ambiental). Hay que establecer prioridades en el tiempo y en el espacio. El economista pakistaní Mahbub ul Haq nos lo recordaba en 1971.
Hay que invertir en el capital social público, en la consolidación de redes sociales y en la educación, dentro de las megatendencias científicas técnicas, de información y comunicación. Nada se hará bien si no hay reconocimiento y respeto por las personas y los grupos involucrados, como los indígenas, ribereños y agricultores. Y eso debe traducirse en su participación en mejores inversiones, máxime si comprometen territorios que pertenecen al Estado.
Nuestro 2021 será mejor si aplicamos los postulados del desarrollo sostenible. Así, también evitaríamos dolor y muerte.
EL COMERCDIO
Por: Manuel Bernales A Politólogo
Desde las alturas de la escena oficial y empresarial impera la creencia de que el mercado debe dominar la economía, las políticas públicas y el cambio social. El Estado debe asegurar eso. Se oculta que en países industrializados, donde prima una economía mixta, se produce la mayor parte de la contaminación del mundo con nefastas consecuencias para personas, sociedades, gobiernos y ambiente.
El Informe Brundtland (1986) denunció el desastre ambiental causado por la hipertrofia del Estado, su burocracia, el partido único y el socialismo de Estado; su herencia es la cuota de los países europeos ex comunistas a la degradación ambiental. En menos de treinta años, China será tanto o más contaminadora que Estados Unidos. Su modelo de capitalismo va en sentido contrario a las recomendaciones del desarrollo sostenible, del desarrollo humano y de la seguridad humana.
Alrededor del keynesianismo también se esbozaron varios enfoques para administrar mejor los recursos naturales y deteriorar menos el ambiente. Después vinieron la Segunda Guerra Mundial y la capacidad de las potencias nucleares de liquidar la vida, como si no hubiera bastado el balance de muerte y deshumanización que causaron. Después, pese a la Guerra Fría, se repensó el desarrollo. Jugaron importante papel las agencias, fondos y programas de la ONU. Canadá, la Unión Europea, los nórdicos y la OCDE, Japón y Estados Unidos se acercaron a Brundtland para priorizar y aplicar un enfoque orientado a normar, regular, controlar y sancionar excesos. Tres generaciones europeas, que viven la megatendencia ambientalista, han constatado que no podrá realizarse el desarrollo sostenible si no se aplica a la única escala que hoy se debe hacer: la mundial.
Esto significa invertir en el ambiente, producir limpiamente, subordinar la ganancia empresarial, el mercado y los intereses particulares a los bienes, valores e intereses públicos. Implica planificar y hacer buenas inversiones (y no como sucede hoy sin planificación territorial, sin zonificación ni evaluación estratégica ambiental). Hay que establecer prioridades en el tiempo y en el espacio. El economista pakistaní Mahbub ul Haq nos lo recordaba en 1971.
Hay que invertir en el capital social público, en la consolidación de redes sociales y en la educación, dentro de las megatendencias científicas técnicas, de información y comunicación. Nada se hará bien si no hay reconocimiento y respeto por las personas y los grupos involucrados, como los indígenas, ribereños y agricultores. Y eso debe traducirse en su participación en mejores inversiones, máxime si comprometen territorios que pertenecen al Estado.
Nuestro 2021 será mejor si aplicamos los postulados del desarrollo sostenible. Así, también evitaríamos dolor y muerte.
EL COMERCDIO



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