Por: Fernando Vivas Periodista
Lo de la Sunat en Panamericana Televisión ha sido una metida de pata enmarcada en esa lógica presidencial del “no puedo decidir quién gana, pero sí quién pierde”. O sea, la democracia me impide actuar contra la ley y suplantar la voluntad del pueblo, pero sí puede tolerar que las manipule un poco: interpreto astutamente los códigos, tomo en cuenta la antipatía que provocan dos bandos en conflicto y, ¡zas!, me meto en medio del lío y me hago de un canal de televisión que, si dejo que lo tome una nueva administración, podría serme hostil.
Estamos ante un poder que no cede a la tentación de la tiranía, pero se refocila en su afán maniobrero. No hubo censura porque la Panamericana de Genaro Delgado era “ayayera” en su estrategia para conseguir el favor político de mantenerla morosa e impune; pero sí pactos y despidos convenidos.
Por supuesto, las maniobras pueden abortarse antes de su ejecución, como hizo Alejandro Toledo con su plan de quitar licencias de TV, o deshacerse, como esta, del 5. Afortunadamente, apurando la inevitable reculada gubernamental, renunció Alberto Cabello, el profesional que estaba quemando su prestigio de ejecutivo de TV y, desde hace poco, de la consultora Métrica.
La sacada de pata ha sido rápida pero tiene complicaciones. El Indecopi tiene que correr para organizar el proceso concursal, pero antes de ello el Poder Judicial tendrá que ejecutar, con respaldo policial si fuera necesario, el fallo que devuelve la administración al bando de Schütz.
Irrita y frustra que desde nuestra institucionalidad no se haya objetado la venta de acciones que el prófugo Schütz hizo a sus sucesores para que el canal con el que delinquió quedara blindado ante la acción de la justicia, pero a ellos corresponde el mando hasta que los acreedores nombren una nueva administración. Y ojalá, el próximo 17 de octubre, la vieja Panamericana celebre su 50 aniversario en paz.
EL COMERCIO
Lo de la Sunat en Panamericana Televisión ha sido una metida de pata enmarcada en esa lógica presidencial del “no puedo decidir quién gana, pero sí quién pierde”. O sea, la democracia me impide actuar contra la ley y suplantar la voluntad del pueblo, pero sí puede tolerar que las manipule un poco: interpreto astutamente los códigos, tomo en cuenta la antipatía que provocan dos bandos en conflicto y, ¡zas!, me meto en medio del lío y me hago de un canal de televisión que, si dejo que lo tome una nueva administración, podría serme hostil.
Estamos ante un poder que no cede a la tentación de la tiranía, pero se refocila en su afán maniobrero. No hubo censura porque la Panamericana de Genaro Delgado era “ayayera” en su estrategia para conseguir el favor político de mantenerla morosa e impune; pero sí pactos y despidos convenidos.
Por supuesto, las maniobras pueden abortarse antes de su ejecución, como hizo Alejandro Toledo con su plan de quitar licencias de TV, o deshacerse, como esta, del 5. Afortunadamente, apurando la inevitable reculada gubernamental, renunció Alberto Cabello, el profesional que estaba quemando su prestigio de ejecutivo de TV y, desde hace poco, de la consultora Métrica.
La sacada de pata ha sido rápida pero tiene complicaciones. El Indecopi tiene que correr para organizar el proceso concursal, pero antes de ello el Poder Judicial tendrá que ejecutar, con respaldo policial si fuera necesario, el fallo que devuelve la administración al bando de Schütz.
Irrita y frustra que desde nuestra institucionalidad no se haya objetado la venta de acciones que el prófugo Schütz hizo a sus sucesores para que el canal con el que delinquió quedara blindado ante la acción de la justicia, pero a ellos corresponde el mando hasta que los acreedores nombren una nueva administración. Y ojalá, el próximo 17 de octubre, la vieja Panamericana celebre su 50 aniversario en paz.
EL COMERCIO



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