24.8.09

El ciudadano entre la prensa y el poder

Por Augusto Álvarez Rodrich
alvarezrodrich@larepublica.pe

Que levante la mano el que quiera opinar.

CHICLAYO.- Vine a esta ciudad, invitado por el grupo Oviedo y con el auspicio de este diario, para dar una conferencia sobre la relación entre prensa y poder en la que, como siempre me pasa en estas reuniones, yo soy el principal beneficiado por la suerte de aprender lo que se piensa fuera de Lima sobre lo que se discute en la capital.

¿Tiene poder la prensa peruana? ¿Cuán relevante es este? ¿Cómo pueden los periodistas ganarlo o perderlo? ¿Cómo debiera ser su relación con el poder? ¿Qué papel juega el ciudadano en ello?, fueron algunas interrogantes sobre las que se conversó en esta cita con alrededor de quinientos asistentes.

Si el poder es la capacidad de influir sobre el curso de los eventos de un país, la prensa peruana sí tiene poder, pero no tanto como el que la arrogancia de algunos periodistas los hace creer, ni el que, exageradamente, le atribuyen los políticos.

El poder de la prensa aumenta cuando esta se une alrededor de un planteamiento o protesta, como acaba de suceder con la ‘ley mordaza’. Cuando esto ocurre, los políticos retroceden instantáneamente pues, ante los periodicazos, reaccionan igual que los canes. Afortunadamente, sin embargo, rara vez todos los medios piensan igual, lo cual es positivo para la pluralidad informativa que requiere el ciudadano en una democracia.

Un problema en el Perú es que los políticos toman decisiones como si su éxito o fracaso solo dependiera de lo que digan los medios, y que algunos periodistas se traguen ese cuento, lo cual lleva a una confusión de roles: políticos que actúan como periodistas –el ‘envidiable’ presidente Alan García, por ejemplo, se siente ‘editor general de la nación’–, mientras que directores de medios se sienten ‘presidentillos’ que pontifican como salvador de la patria con desesperado afán de acercarse al poder, lo cual es un error pues el periodista tiene mucho más poder cuando más lejos está del poderoso y más cerca de la gente.

Cuando esto ocurre, los presidentes arruinan sus gobiernos pues al final a la gente, que no es tonta, no se le puede engañar con la publicidad o el decir de los amigos en la prensa; mientras que esos directores periodísticos que se sienten jefes de Estado acaban haciendo medios ridículos, presuntuosos y aburridos.

En el camino, ambos olvidan al ciudadano, el cual debiera ser su atención principal. De los políticos, que les deben el empleo; y de los periodistas, que deberían darle más atención, con esfuerzos como el que está haciendo, desde hoy, este diario con el lema ‘que levante la mano el que quiera opinar’, y cuyo fin es empoderar al lector. El ciudadano debe ser más escuchado por políticos y periodistas.

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