21.8.09

Las pesadillas de los nazis

VENGADORES JUDÍOS EN LA FICCIÓN


Por: Helmut Dahmer Filósofo alemán

Las pesadillas de los nazis podrían asemejarse a las de la película de Quentin Tarantino, “Inglorious Bastards”. En ella, un grupo internacional constituido por vengadores judíos que coordina sus acciones con el ejército estadounidense y con la resistencia francesa se propone aterrorizar, en el territorio ocupado de Francia, a los asesinos masivos del ejército y de la SS alemana.

En tanto, los soñadores son fascistas a los que nada les repele más que el reflejo de su propia imagen. Los perseguidores de los perseguidores nazis aplican su misma crueldad e inhumanidad. Del mismo modo que los nazis marcaron a sus víctimas con estrellas amarillas, en la película les arrancan la cabellera a soldados alemanes muertos, incrustándoles a algunos la esvástica en la frente.

La fábula empieza con la irrupción en la ocupada Francia de 1941, del diabólico y elocuente SS Landa y su patrulla de asesinos, en la vivienda de un campesino (El Landa de Tarantino parece representar al tristemente célebre jefe de la Gestapo de París, Helmut Knochen).

El campesino habita una zona despoblada con sus tres hijas y con una joven judía de un pueblo vecino, a la que refugia. Alguien lo ha denunciado y ahora el hombre de la SS lo fuerza a entregar a la menor. La familia entera es asesinada, en una masacre de la que solo puede escapar, con el cuerpo ensangrentado, la joven acogida.

La baza de Tarantino es siempre de lo más inesperado. Ocurre así, que asesinos y víctimas se encuentran tres años más tarde. Los grandes del “Tercer Reich”, Hitler, Göring, Goebbels y Bormann, acuden al estreno en París de un filme, rodado al estilo Riefenstahl, sobre los “actos heroicos” de un nazi, que desde su escondite en una torre, mata a cientos de contrarios. Al quinto que falta, Himmler, lo representa Landa, que al borde del abismo trata de salvar su pellejo. Ofrece a sus adversarios, a los asesinos judíos, no delatar su complot contra los líderes alemanes, puesto que “si captura a esos cuatro, se termina la guerra”. Como recompensa a su aporte al fin de la Segunda Guerra Mundial demanda inmunidad, una condecoración y un terreno en Nantucket. De esta forma, se genera “El crepúsculo de los ídolos”, en el local del teatro.

Los cuatro nazis y el público entusiasmado con el heroico filme quedan atrapados en el recinto. Rollos de películas ardiendo provocan un infierno y, desde el balcón, los vengadores judíos disparan y lanzan dinamita. El final es como en el relato de Allan Poe, “Hop Frog”, en el que el malvado rey y sus consejeros mueren carbonizados por las antorchas que les lanza el vengador.

El público de Tarantino celebra esta historia del hundimiento del reino hitleriano “de los mil años”. Aunque tan solo sea en la pantalla, triunfa, al fin, la resistencia. Sin embargo, en la imaginación del cineasta se superpone la pesadilla de los fascistas al sueño de sus contrarios y víctimas.

EL COMERCIO

No hay comentarios: