Es una estupenda noticia que Santiago haya decidido distender las relaciones con Lima y se haya modificado esa hipótesis que sustenta sus próximas maniobras militares, pues la verdad ésta era muy inoportuna y hasta impertinente en momentos en que las relaciones García-Bachelet no andan en sus mejores términos.
Según ha trascendido, mucho de esto ha sido fruto de una estrategia llevada a cabo entre el presidente García, Torre Tagle y Defensa, apoyados por "palomas" en el gobierno y el empresariado mapochinos. La idea era que estos últimos persuadan a Bachelet para que la línea ultradura del intemperante ministro de Defensa mapochino, Francisco Vidal -conocido "halcón" antiperuano-, deje de marcar la agenda y se extienda un clima de "detente" (término kissingeriano para distensión) hasta el relevo presidencial chileno de enero próximo.
Según nuestras altas fuentes, García encomendó a Joselo que haga tratativas con el Departamento de Estado e Itamaraty (cancillería brasileña). Se debatió tratar con el Quai d'Orsay (cancillería francesa), pero al final se desestimó esa iniciativa para no irritar a los yanquis, siempre celosos de la influencia europea en esta zona.
De otro lado, este minigabinete de crisis decidió que el ministro Rey trate con sus homólogos de Argentina (cuya ministra Nidia Garré dio un fuerte apoyo inmediato), Colombia (también hubo un respaldo muy fuerte de nuestros nuevos aliados), Ecuador y altos funcionarios del Pentágono, además de coordinar que un destacado empresario peruano dialogue con los gremios empresariales chilenos, que se sabe son partidarios de una "línea blanda" en las relaciones con nuestro país (sintonizan más con la "realpolitik" comercial-pacifista del candidato derechista Piñera) y no están de acuerdo con el militarismo infantil de Vidal ni con algunos excesos verbales del canciller sureño Fernández.
Pronto se supo que Argentina y Brasil le advirtieron a Santiago que estaban reconsiderando su participación en dichas maniobras si no había un cambio, mientras que EE.UU. insinuó que la hipótesis no era afortunada, en tanto que Quito y Bogotá aconsejaron un enfoque más fraternal. Por su parte, el empresariado chileno le "comentó" a La Moneda que sería una buena idea variar el planteamiento para no deteriorar las excelentes relaciones comerciales chileno-peruanas. Todo esto dentro de la atmósfera más "civilista" que se respira en el gobierno chileno tras la salida esta semana de los directores de origen militar en Codelco y el avance en el Senado sureño sobre la eliminación del canon cuprífero para las FF.AA. chilenas.
El plan funcionó, pues se logró que el ministro Vidal y la cúpula militar chilena acepten un cambio de hipótesis (que pasó de una invasión norteña a Chile a una disputa contra otro enemigo en una isla), aunque Vidal y algún general se salieron con la suya en cuanto a mantener el nombre "Salitre 2009". Sólo se aceptó esa necedad innecesaria. Además, hay que recordar que Bachelet -ex ministra de Defensa- es una "halcona" por naturaleza y no estaba dispuesta a ceder en todo.
Como decía Shakespeare, "All's well that ends well" ("Todo lo que acaba bien está bien") y no queda más que saludar que esta cuerda iniciativa haya tenido acogida, siendo reconfortante saber que no estamos aislados, que Buenos Aires no está tan distante, que Bogotá nos es incondicional, que las relaciones con Quito y Brasilia son óptimas, que Washington no se ciega por sus ventas de armas y que al empresariado chileno lo anima un espíritu pacifista, dentro de su natural patriotismo.
P.D. Esta columna regresa el lunes.
CORREO
Según ha trascendido, mucho de esto ha sido fruto de una estrategia llevada a cabo entre el presidente García, Torre Tagle y Defensa, apoyados por "palomas" en el gobierno y el empresariado mapochinos. La idea era que estos últimos persuadan a Bachelet para que la línea ultradura del intemperante ministro de Defensa mapochino, Francisco Vidal -conocido "halcón" antiperuano-, deje de marcar la agenda y se extienda un clima de "detente" (término kissingeriano para distensión) hasta el relevo presidencial chileno de enero próximo.
Según nuestras altas fuentes, García encomendó a Joselo que haga tratativas con el Departamento de Estado e Itamaraty (cancillería brasileña). Se debatió tratar con el Quai d'Orsay (cancillería francesa), pero al final se desestimó esa iniciativa para no irritar a los yanquis, siempre celosos de la influencia europea en esta zona.
De otro lado, este minigabinete de crisis decidió que el ministro Rey trate con sus homólogos de Argentina (cuya ministra Nidia Garré dio un fuerte apoyo inmediato), Colombia (también hubo un respaldo muy fuerte de nuestros nuevos aliados), Ecuador y altos funcionarios del Pentágono, además de coordinar que un destacado empresario peruano dialogue con los gremios empresariales chilenos, que se sabe son partidarios de una "línea blanda" en las relaciones con nuestro país (sintonizan más con la "realpolitik" comercial-pacifista del candidato derechista Piñera) y no están de acuerdo con el militarismo infantil de Vidal ni con algunos excesos verbales del canciller sureño Fernández.
Pronto se supo que Argentina y Brasil le advirtieron a Santiago que estaban reconsiderando su participación en dichas maniobras si no había un cambio, mientras que EE.UU. insinuó que la hipótesis no era afortunada, en tanto que Quito y Bogotá aconsejaron un enfoque más fraternal. Por su parte, el empresariado chileno le "comentó" a La Moneda que sería una buena idea variar el planteamiento para no deteriorar las excelentes relaciones comerciales chileno-peruanas. Todo esto dentro de la atmósfera más "civilista" que se respira en el gobierno chileno tras la salida esta semana de los directores de origen militar en Codelco y el avance en el Senado sureño sobre la eliminación del canon cuprífero para las FF.AA. chilenas.
El plan funcionó, pues se logró que el ministro Vidal y la cúpula militar chilena acepten un cambio de hipótesis (que pasó de una invasión norteña a Chile a una disputa contra otro enemigo en una isla), aunque Vidal y algún general se salieron con la suya en cuanto a mantener el nombre "Salitre 2009". Sólo se aceptó esa necedad innecesaria. Además, hay que recordar que Bachelet -ex ministra de Defensa- es una "halcona" por naturaleza y no estaba dispuesta a ceder en todo.
Como decía Shakespeare, "All's well that ends well" ("Todo lo que acaba bien está bien") y no queda más que saludar que esta cuerda iniciativa haya tenido acogida, siendo reconfortante saber que no estamos aislados, que Buenos Aires no está tan distante, que Bogotá nos es incondicional, que las relaciones con Quito y Brasilia son óptimas, que Washington no se ciega por sus ventas de armas y que al empresariado chileno lo anima un espíritu pacifista, dentro de su natural patriotismo.
P.D. Esta columna regresa el lunes.
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