3.9.09

Los días contados

El simulador

Hay una isla
Hay una casa
Hay un hombre solo
Hay una bicicleta oxidada
Hay unas fotos de sus hijas
Hay unos libros que ha escrito

Ese hombre sabe que tiene los días contados
Todos tenemos los días contados
Ese hombre los tiene más contados

No parece enfermo
Cuando sonríe
(Y solo sonríe si le pagan)
Parece saludable

Se trata de un simulador
Se ha pasado la vida simulando que tiene éxito
Pero sabe que ha fracasado

No ha fracasado con las mujeres
(Ha amado a ciertas mujeres a las que sigue amando Aunque ellas ya no lo sepan)
No ha fracasado en el dinero
(Tiene más dinero del que imaginó)
No ha fracasado en la vida misma
(Quiso ser un escritor y publicó un número de libros Que ahora prefiere no leer porque le dan pudor)

Morirá pronto
No lo saben sus hijas
No lo saben las mujeres a las que sigue amando
No lo sabe su chico
No lo saben sus amigos (porque ya no tiene amigos)

No se perdona algo que pasó hace años
Dejó a su chica embarazada
Ella quería tener al bebé
Le rogaba que tuvieran al bebé
El quería ser libre
Un hombre en una isla
Un hombre sin ataduras
Un hombre sin pañales ni biberones

Por eso la chica abortó
Abortó porque él la llevó a la clínica
Le dijo: Si me amas, quiero que abortes
Le dijo: Si abortas, nos casaremos
Le dijo: Si abortas, tendremos no uno sino tres hijos
Y la chica lo amaba
Lo amaba tanto que le creyó
El hombre la acompañó hasta su casa
La abrazó
Lloraron
Y luego se fue a una ciudad lejana
Y nunca más la vio

Ahora que le queda poca vida
(Siempre nos queda poca vida
Si pensamos que hay vida
Hace millones de años)
No se perdona tal cobardía

Sabe que el bebé era hombre
Que se hubiera parecido a él
Que hubieran sido amigos
Jugado al fútbol
A las bochas
Al ping pong
Que hubieran corrido olas a pecho
Mirado a las chicas en bikini
Eructado cerveza

Sabe que ese hombre
Pudo haber sido su amigo
Pero eligió darle la espalda
Para quedarse solo
En esa casa
De esa isla
Esperando la muerte
Esperando sobre todo
Que después de la muerte
Haya algo
No el cielo o el infierno
Solo una mesa de ping pong
En la cual pueda jugar
Un partido interminable
Con ese hijo
(James)
Que no quiso tener


My own private Zelig

Conozco a este chico
Que cuando termina de hacer el amor
Se pone a llorar

No llora porque esté triste o contento
Llora porque hubiera querido hacer el amor
Con otra persona
Con una persona que aún no conoció
(O con una persona que conoció
Y no se atrevió a amar)

Este chico cuando era chico solo pensaba en chicas
Miraba las revistas y se agitaba pensando en ellas
Había una chica desnuda columpiándose en Playboy
Era el gran amor de su vida
Se suponía que este chico estaba destinado
A amar a una chica

No supongas nada en las cosas del amor
Las cosas que supones rara vez ocurren
En el juego del amor solo gana el que pierde
(Y eso con suerte)

Es difícil hacer el amor pero se aprende, dijo el poeta
El chico aprendió como quien aprende a esquiar
Cada vez que hacía el amor, se caía y lloraba
Lo hacía con chicas, se caía y lloraba
Lloraba pensando que debía hacerlo con chicos
Lo hacía con chicos, se caía y lloraba
Lloraba pensando que debía hacerlo con chicas
Y así se le fue la vida
Aprendiendo a amar como quien aprende a esquiar

No sigas esquiando si te vas a seguir cayendo
Chico suave
Chico camaleón
My own private Zelig

No sigas llorando después del amor
No eres gay/straight/bisexual/asexuado
Eres todo eso y nada de eso
Eres lo que los otros quieren que seas
Eres lo que no pudiste ser con esa puta que te asustó
Eres puto y donjuan
Porfirio Rubirosa/pérfida mariposa
My own private Zelig

No me cuentes tus historias
Que me harás llorar
Ven aquí a mi lado
Bésame como un chico o una chica
Bésame como te dé la gana
Muere un poco dentro de mí
Y luego llora todo lo que quieras llorar
Como un chico o una chica

Llora si quieres
Pensando en esa persona
A la que no te atreviste a amar
Y ahora te odia


Cállate

No me digas que me amas
No me hagas promesas
No me hables del futuro
Como si el futuro existiera

No llames por teléfono
No mandes mensajes de texto
No escribas palabras calenturientas
No juegues conmigo
No resisto más
Que seas mi amante
a la distancia

Si de verdad me amas
Sube al primer avión
Toma un taxi
No te peines ni te laves las manos
No te compres ropa nueva
Y ven a verme

Y no me digas que me amas
No me hagas promesas
No me hables del futuro
Como si el futuro te perteneciera

Simplemente cállate
Bájate el pantalón
Enséñame lo que tienes para mí
Y demuéstrame
Sin decir una palabra
Agitándote conmigo
Si es verdad que tanto me amas

A mi edad, cariño
El amor no se mide por palabras
Se mide
(Perdona la franqueza)
Por orgasmos y erecciones
Y es así
Humanamente
Como quiero que
me ames esta noche
Y todas las demás

Cállate la boca
Apaga el celular
Quítate le ropa
Y demuéstrame
Cuán duro y resistente
Es tu amor por mí


Lo que pienso de ti

Escúchame bien
Esto es lo que pienso de ti
Te lo voy a decir una vez
Y solo una vez:
Eres un cacaseno
Un mentecato
Un fariseo
Un pelafustán
Un pelagatos
Un comegatos
Un comemielda
Un papanatas
Un pobre diablo
(Sin la astucia del diablo)

Escúchame bien
Te diré ahora lo que nunca me atreví a decirte:
Eres un pusilánime
Un fanfarrón
Un matón de barrio
Un galán engominado
Un hijo de la miseria
Un hijo de mil putas

Escúchame bien
Porque esto que te diré ahora
No te lo diré más:
Eres un necio
Un majadero
Un cretino
Un cerebro de mosquito
Un pánfilo
Un idiota redomado
Un tonto del culo
Y un lisiado del alma

Será por eso
Pedazo de imbécil
Que te quiero tanto
(Porque en el fondo
Somos idénticos)

Jaime Bayly

Yo besé a Lisbeth Salander

Llegando a Estocolmo, mi amiga danesa Stella Wilde (ningún parentesco con Oscar) se quejó de que el hotel Berns (donde tocó recientemente Mika) apestaba a basura y el baño de su habitación (porque ella había pedido una habitación separada de la mía, pues no toleraba verme dormir con zapatos ni mis ronquidos pedregosos) olía a cloaca, a alcantarilla, a antigua mierda sueca. Stella Wilde era muy refinada y por eso era justo complacer sin más sus caprichos. Dejé mis cosas en la habitación del Berns (que era un hotel viejo, que olía a viejo, que olía a basura porque habíamos tenido la mala suerte de llegar precisamente en el momento en el que el camión de basura estaba recogiendo los desperdicios del hotel, y que indudablemente apestaba a cloaca en los baños, pero eso no me disgustaba o no me disgustaba del todo, pues lo impregnaba de una cierta sordidez humana que nos recordaba que solo estábamos de paso) y llevé a mi amiga Stella al hotel que ella conocía en Estocolmo, el Grand. Era un hotel majestuoso, señorial, el hotel donde se alojaban los ganadores de los premios Nobel. Pedimos una habitación para ella, pero estaban todas ocupadas por señores que parecían de alguna realeza en el exilio y caminaban con sombrero y bastón, como salidos de “Muerte en Venecia”, así que nos resignamos a tomar el té en la biblioteca y le pedí a Stella que me hiciera una foto porque sabía que nunca me la haría con el Nobel, como quizá se la hicieron en esa biblioteca Gabo y Paz (y espero que se la haga Vargas Llosa). El azar, ese dios veleidoso que guía nuestros pasos, nos llevó, de camino al National Museum, a un hotel recientemente inaugurado, el Lydmar, en la misma calle del Grand, una calle de un nombre tan largo, Södra Blasieholmshamnen, que me sorprende haber vencido la pereza y conseguido escribirlo. El Lydmar era un palacete modernista, el refugio barroco de los ricos y famosos, una mansión donde todo lucía bello e inmaculado, al punto que me sentía un intruso, una mancha hedionda, y temía que alguien me expulsara a patadas de allí, pero por suerte me escondía detrás de Stella Wilde, quien capturaba las miradas de hombres y mujeres.

Los empleados del hotel vestían de negro y eran todos absolutamente deseables y a todos les hubiera requerido alguna forma innoble de amor sin preguntarles su nombre y pagando si fuera el caso. Todos los muebles, candelabros, libros y cuadros del Lydmar me los hubiera robado para la casa en la que siempre soñé vivir y en la que nunca viviré (porque tal vez un escritor nunca consigue vivir donde quisiera vivir y vive a duras penas en sus libros). Stella Wilde se instaló con aire lánguido y ausente en una suite del Lydmar que no era precisamente barata (cinco mil coronas la noche), pero ella sabía que su belleza era tal que no tenía precio (o, como se dice con cierta ordinariez, que se trataba de una mujer de alto mantenimiento) y que nada de lo que yo gastase por contemplarla (y, si tenía suerte, por rozarla) compensaría el incalculable deleite que me procuraba su sola presencia, la aventurera decisión que había tomado en un bar de Copenhague: la de viajar conmigo, un extraño, un peruano, un hombre gordo con boina y el hígado estragado, a caminar las calles de Estocolmo, que ella se jactaba de conocer. En efecto, comprobé que me asistía una guía de lujo.

Me llevó a la isla sureña de Södermalm y me hizo fotos en el departamento modesto donde vivió Lisbeth Salander (el que luego cedió a su amiga lesbiana Mimi) en la calle Lundagatan, y en el departamento lujoso que compró Lisbeth, en las alturas de la calle Fiskargatan, tras saquear cibernéticamente las cuentas de un magnate inescrupuloso y hacerse muy rica, desde las cuales se alcanzaban a ver al National Museum y el Lydmar, al otro lado del remanso de agua báltica del lago Mälarem, y frente al edificio de la calle Bellsmangatan 1, donde vivió el periodista Mikael Blomkvist. Fue un momento emocionante para mí y creo que para ella también, pues ambos habíamos leído, hechizados, raptados por el vértigo perverso de su prosa, la trilogía de Stieg Larsson, y nos resistíamos a creer que Lisbeth Salander era una criatura ficticia y, todavía aturdidos por el poder persuasivo de esas novelas, estábamos seguros de que ella existió y vivió en ese edificio gris de Lundagatan y luego se mudó a ese otro edificio de Fisgartan y nadie en el mundo nos convencería de que Stieg Larsson se inventó todo y Lisbeth fue solo una mujer que él imaginó en sus últimos días delirantes y ermitaños, envuelto en una nube de tabaco que le costó la vida. Mi amiga Stella me llevó al edificio de la revista donde murió Larsson (o donde le dio un infarto, pues acabó de morir en una ambulancia, camino al hospital).

Aquel día funesto de 2004 era la una de la tarde, Larsson había terminado su trilogía desmesurada y genial, fue a trabajar a la revista, apretó el botón del ascensor, no funcionaba (el azar, siempre el azar), subió por las escaleras hasta el séptimo piso y poco después le sobrevino un infarto.

Tenía cincuenta años, fumaba mucho (dicen que dos cajetillas diarias) y no dejó escrito un testamento. Su trilogía ha vendido más de veinte millones de ejemplares en distintos idiomas; no es fácil encontrar a un sueco que no haya leído al menos una de las tres novelas de “Millennium”. La mujer de Larsson, Eva Gabrielsson, con la que nunca se casó (seguramente para preservar el amor), no ha podido heredar una sola corona de las cuantiosas regalías. Como Larsson cometió el descuido de no dejar testamento, los herederos de la vasta fortuna que sus libros han dejado terminaron siendo (el azar, de nuevo el azar) su padre Erland y su hermano Joakim, con quienes tenía una mala relación (como era de suponer en un buen escritor).

Nunca había viajado a una ciudad imantado por el poder magnético de un escritor. Vine a Estocolmo por culpa de Larsson o gracias a Larsson. En los bares de lesbianas de Södermalm, creía ver a Lisbeth Salander (muy flaca, musculosa, tatuada, ágil y astuta como un gato). En los cafés refinados de Östermalm, creía ver al tutor depravado de Lisbeth, ese sátiro que abusó de ella. En los parques apacibles y floreados de Södermalm, o en el bar bohemio del hotel Rival, creía ver a Mikael tomándose una cerveza, tratando de desenredar la maraña infinita en la que, a riesgo de su vida, su vocación de justiciero lo había metido. No era yo el único forastero que caminaba aquellas calles buscando las casas donde vivieron Lisbeth y Mikael. De vez en cuando, me cruzaba con gente solitaria, extraviada, poseída por la misma enfermedad, sedada o excitada por el mismo poder febril de las palabras de un escritor, y les decía qué calles debían recorrer para llegar al lugar donde nuestra heroína se escondía de Todo lo Malo. Uno de los taxistas se rio de mí y me dijo: Pero esa chica no existió, nunca vivió allí, todo es mentira, es solo una novela. Yo le dije: se equivoca, señor, Lisbeth Salander existió, vive aún y es mi amiga. El taxista me miró con una mezcla de incredulidad y desdén y decidió que no le convenía conversar con chiflados que venían desde tan lejos a buscar fantasmas que solo habitaban en los libros de un sueco ya muerto.

Después de visitar los lugares más memorables de las novelas de Larsson y hacernos fotos en ellos y hacerles fotos a otros adictos a sus novelas (por lo general, gente taciturna, melancólica, de países inverosímiles, como Islandia o Polonia), nos resignamos a visitar los museos, el National, el de Arte Moderno, el Vasa, que exhibe una balsa vikinga que se hundió siglos atrás y fue reflotada, pero ningún cuadro de Picasso o Gauguin, ninguna escultura de Rodin, ningún vestigio de la vida y la historia escandinavas, incluyendo sus palacios reales y sus guardias vestidos de azul, nos conmovió tanto como el edificio de Lundagatan 47 (un modesto edificio gris en una calle empinada, en los extramuros de lo que antes era un barrio obrero), o el edificio añoso pero bien conservado, arriba de la colina de Mosebacke, en Fiskargatan 9 (donde imaginé a Lisbeth gastando las millones de coronas suecas que había robado cibernéticamente a un hampón de alta sociedad y que había escondido en una cuenta de un banco en Gibraltar), o el edificio barroco de la calle Bellmansgatan 1, donde Mikael Blomkvist amaba a varias mujeres, comía sánguches de queso y se devanaba los sesos tratando de zafarse de la telaraña en la que, buscando una verdad esquiva, tratando de hacer justicia, se enredaba más y más.

Ningún escritor me había secuestrado tan poderosamente como Stieg Larsson. Ningún escritor me había humillado tanto como él (pues leyéndolo comprendí la insignificancia de mis libros). Ningún escritor me había dopado al punto de obligarme a viajar al país donde ocurrían sus ficciones para sentirme en cierto modo parte de ellas o para sentir que esas ficciones no eran del todo falsas, que había en ellas un punto de verdad, una realidad que solo sus lectores más leales podíamos hallar. Por eso vine a Estocolmo, no para comprar ropa ni para hacerme un corte de pelo vanguardista (es curioso cómo les gusta a los suecos jugar con su pelo) ni para recorrer palacios y museos. Vine para agradecerle a Larsson, ya tarde, los viajes alucinados a los que me arrojó de bruces con sus ficciones, para agradecerle por el efecto narcótico, adictivo, que sus libros operaron en mí, para encontrar a Lisbeth Salander en alguna madriguera o escondrijo de Södermalm.

Una noche, saliendo del bar del hotel Rival (cuyo propietario, Benny Andersson, fue cantante del grupo Abba), caminé un par de calles y me metí a un Seven Eleven (es notable la cantidad de Seven Elevens que hay en Estocolmo) y estuve seguro de que esa mujer flaca, de pelo negro, muy corto, con los brazos musculosos, tatuados, sin maquillaje, con ojos felinos, asustadizos, era ella, Lisbeth Salander. Era idéntica a la actriz sueca que daba vida a Lisbeth en la primera película de la trilogía que había visto en un cine de Madrid (“Los hombres que no amaban a las mujeres”, que, según mi amiga Stella Wilde, debería llamarse, en rigor, “Los hombres que odiaban a las mujeres”), era exactamente como la Lisbeth que me había imaginado leyendo las novelas de Larsson. Estaba sola, comiendo un plátano y mirando a todos de soslayo, como si estuviera a punto de salir corriendo, huyendo de algún enemigo gigante y desalmado que quería matarla. Me acerqué a ella y le pregunté si era Lisbeth. Me dijo en inglés que ella estaba dispuesta a ser quien yo quería que fuese, siempre que le comprase chocolates. Le pregunté si podíamos sentarnos en el parque Mariatorget. Me dijo que primero tenía que comprarle una Coca-Cola, un dounut y tres chocolates Snickers en miniatura. No dudé en complacerla. Por suerte mi amiga Stella Wilde dormía en el Lydmar, sedada por mis pastillas. Caminamos al parque, nos sentamos en una banca, comió los tres Snickers en miniatura sin invitarme ninguno (yo sabía que Lisbeth era egoísta al punto de rozar la crueldad) y luego, sin decirme nada, me besó. Fue un beso largo, violento, desesperado, un beso que era el primero y sin duda también el último. Me mordió los labios, dejándome un sabor a sangre. Luego se fue deprisa, sin voltear a mirarme. Estoy seguro de que era Lisbeth Salander. Estoy seguro de que Stieg Larsson no se la inventó, de que ella aún está viva y de que yo la besé una noche de agosto en un parque Mariatorget de Södermalm, a las tres y media de la mañana.

JAIME BAYLI

Copenhague

Autor: Jaime Bayly

Gwyneth Paltrow dijo cierta vez, hablando en perfecto español (idioma que aprendió siendo una adolescente, viviendo en casa de una familia española en Toledo), que la ciudad más bella del mundo le había parecido Copenhague en agosto.

Lo dijo con ese aire melancólico que tanto la embellece y que se acentuó tras la muerte de su padre. Lo dijo con tristeza, como si no fuera a volver más a Copenhague en agosto, ahora que es madre de dos hijos y esposa de un músico virtuoso.

Como me quedan pocos agostos y puede que ningún agosto, vine a Copenhague. Si una de las mujeres más bellas y refinadas de nuestro tiempo decía que Copenhague le parecía la ciudad más linda del mundo, no podía estar equivocada.

En efecto, no lo estaba.
He pasado ocho días de agosto en Copenhague con la sombría sospecha de que no volveré a esta ciudad y la disimulada alegría de haberla caminado a mi aire taciturno, sin mapas ni guías, extraviándome con pasos demorados, erráticos.

Cuando llegué en un vuelo desde Nueva York, ya presentía que esta ciudad poseía una cualidad desconocida para mí, una cualidad no completamente humana, una densidad y unos matices que la hacían de este mundo pero también de otro mundo, de un mundo inexplorado por mis pies exhaustos y mis ojos miopes.

Mis primeros intercambios verbales o contactos humanos (con el oficial de migraciones, con el taxista, con la recepcionista del hotel, con la vendedora de la taquilla del cine) me confirmaron que los daneses se expresaban en inglés con la misma fluidez que en su lengua nativa, que eran amables pero comedidos, que parecían felizmente ensimismados, que no se afanaban por caer bien o hacer amigos, que practicaban una elegante austeridad con las palabras y los gestos.

Me dije: las palabras danesas son tan largas y enrevesadas que deben de tener pereza de decirlas y por eso hablan tan poco y de preferencia en inglés.

Me dije: la severidad del clima los ha replegado sobre sí mismos, los ha educado en el noble oficio de la soledad.
Yo no quería hablar con nadie, solo tenía ganas de caminar y mirar a la gente pasar, sentado en un café, y por suerte nadie me conocía ni me obligaba a hablar, a no ser por las palabras inevitables para pedir un café o pagar la cuenta.

Llovió la primera noche. No llevaba paraguas. El aire era puro y me llenaba de vitalidad. En alguna calle impronunciable, me detuve, miré al cielo de matices rosados y bebí lluvia escandinava. Era el agua más limpia que había probado. Era agua y más que agua. Era un regalo de los dioses vikingos, un obsequio al forastero.

Me metí mojado a ver la última película de Lars von Trier, “Antichrist”, y salí perturbado por tanta maldad y tanta belleza. Von Trier es un genio y está loco. Solo un danés que creció en una familia atea, comunista y nudista podría concebir esta obra de arte. No es una película agradable, pero quién ha dicho que la vida es agradable, que al arte debe ser agradable. Es una película viciosa y también gloriosa. Postula la idea de que el mal habita en la naturaleza, y la mujer es gobernada por la naturaleza, y la mujer (o esa mujer, la mujer sanguinaria de la película) está gobernada por el mal, es el mal en estado puro. Salí del cine asustado de las mujeres, sorprendido de estar vivo, de que ninguna mujer me haya matado todavía.

El taxista me dijo: en este país casi todos somos ateos, pero nos gusta ir a la iglesia a pensar. Terminé sentado en una iglesia imprecisa, sin vírgenes ni crucifixiones, sin calvarios ni sangre derramada, pensando en que los daneses tenían una obsesión con las cúpulas, una tortuosa minuciosidad para decorar el último y más arduo esfuerzo humano, la terminación arquitectónica que se funde con el cielo impregnado de un rosado que oscurece al caer la tarde.

En la mansión del magnate cervecero ya muerto, que ahora es un museo, el más deslumbrante de los que recorrí en la ciudad, con delicados dibujos etruscos, asombrosas piezas egipcias, ceñudos dioses griegos, estatuas de emperadores romanos y sus mujeres, mi mirada se perdía menos en los cuadros de Gauguin y Van Gogh que en las cúpulas prodigiosas que el magnate danés había erigido para rodearse del arte de todos los hombres de todos los tiempos. Me dije: nunca he caminado por un palacio más hermoso, nunca me he sentado en un jardín de invierno tan sobrecogedor. Sin que nadie me viera, besé la mejilla pétrea de Calígula y toqué los genitales mutilados del dios Baco.

En otro museo, observé perplejo una balsa vikinga, calaveras humanas con dientes más blancos que los míos, enormes fósiles de animales que yo no hubiera podido cazar con esas lanzas precarias y esas armas de piedra.
Me dije: si viví en aquel tiempo y en este archipiélago, uno de esos animales me tragó con seguridad.

Me dije: es una suerte vivir en este tiempo en el que no tienes que matar a una bestia salvaje para comer, en el que no tienes que matar a las bestias humanas de otra tribu para sobrevivir, en el que no tienes que ir a la guerra a matar y morir en nombre de un emperador o una religión.

Todas las noches, cansado de caminar, excitado por tantas dosis de cafeína, terminaba en el mismo cine-arte. Vi una película uruguaya (“Gigante”, muy buena), una francesa, una italiana. Recordé que uno de mis grandes fracasos es no haber sido capaz de hacer una buena película.

Una de las últimas noches en Copenhague, vi una película inglesa, “Bronson”, que no debí haber visto. Es la historia de un loco endemoniado que quiere ser como Charles Bronson y se hace llamar así, Bronson, y que se pasa la vida peleando salvajemente con policías y guardias carcelarios, matándolos a golpes, arrancándoles las orejas, desnudándose antes de las grescas brutales, untándose de grasa y peleando con la ferocidad de un animal enloquecido que encuentra el éxtasis en el acto bestial de dar golpes y ser golpeado hasta ser reducido a un guiñapo, a una piltrafa babosa y sangrante, de nuevo encerrado en una mazmorra aún peor. Bronson se pasa la vida en la cárcel y se convierte en el peor presidiario de la historia británica. Es una leyenda. Es el reo más temido. Es un loco nacido para pelear, para destruir caras y para que desfiguren la suya.

Bronson me hizo recordar a mi padre. Salí del cine agitado, furioso, poseído por una fiebre perniciosa, con ganas de golpear a alguien. Todos los golpes que Bronson había dado y recibido en la película (basada en una historia real) se me habían metido al cuerpo y se habían reunido en un golpe que tenía que darle a alguien, en un golpe latente que bullía en mí y me hacia respirar agitadamente y tenía que descargar, sacudiendo la cara de algún peatón.

Nunca había sentido esa necesidad física de pegarle a alguien sin ninguna razón. Nunca me ha gustado pelear. Siempre he despreciado a la gente que zanja sus conflictos a golpes. Pero ahora estaba caminando a medianoche por Copenhague y tenía que romperle la nariz a alguien y no sabía por qué tenía tanta rabia cifrada en ese golpe inevitable, en ese golpe que hervía en mi sangre y estaba condenado a dárselo a alguien o a dármelo a mí.

Atropellando mis pasos, sentí la voz áspera de mi padre que me pedía que descargase ese golpe tanto tiempo agazapado, sentí que había venido a Copenhague a pegarle a un infeliz, a recordar que yo era un bárbaro despreciable, que no podía irme de esta ciudad tan bella sin concederme el innoble placer de agredir a un inocente y tumbarlo de un golpe.

Todo ocurrió de pronto y como probablemente estaba escrito en mi destino. Vi que un sujeto de aspecto oriental venía caminando en dirección opuesta a la mía. Era bajo, llevaba anteojos, andaba solo, cargando un bolso, y parecía un turista tailandés, chino, japonés, vietnamita. Lo odie. Lo odié como el bárbaro que soy. Lo odie porque ese sujeto me sobrevivirá. Cuando lo tuve a un paso, descargué mi puño cerrado en su cara distraída. Saqué el golpe desde atrás, con toda la violencia que pude encontrar en mí, en mi pasado, en el mandato de mi padre, y estremecí sus ojos rasgados, volaron sus anteojos y el pobre hombre cayó al suelo. Escuché voces reprobatorias, pero nadie me tocó ni se me acercó. Lo vi en el suelo, la nariz sangrando, y seguí caminando deprisa hasta llegar al hotel. Fue uno de los momentos más placenteros de mi vida. Tenía que romperle la cara a ese chino cabrón. No me pregunten por qué. Era una cuestión de vida o muerte. O le pegaba o me mataba esa noche. Y no había venido a Copenhague a morir sino a celebrar la vida que todavía me quedaba. Y a veces encuentras escondido en tus vísceras un golpe irracional que tienes que descargar sobre alguien para reconciliarte contigo mismo. Y por eso aquel golpe sin sentido fue una celebración de la vida, un triunfo personal, un tardío homenaje a mi padre, que tanto habría disfrutado de esa riña callejera.

Duchándome en el hotel, me dije: qué curioso que esta ciudad tan civilizada haya despertado al salvaje que hay en mí.

Esperando al vuelo a Estocolmo, sabiendo que no habrá más agostos en Copenhague (no al menos para mí), me dije que lo que más recordaré de este viaje no será el golpe al oriental, esa cobarde venganza por todas las humillaciones que la vida me infligió. Lo que más recordaré de estos días es estar sentado en un café de la calle Kompagnistraede, viendo pasar a mujeres de una belleza etérea, inhumana, montadas en bicicleta, ensimismadas, las piernas al viento, el vestido replegado por la brisa veraniega, las promesas de un calzón a flores insinuándose con distraído descaro o con espléndida libertad ante mis ojos fisgones, asombrados, incrédulos frente a tantas vidas bellas que pasaban en bicicleta sin mirarme, unas vidas, unos rostros, unas sonrisas, unos cabellos revueltos por el viento que, con seguridad, no volveré a ver.

La monja loca

Autor: Jaime Bayly

No soy hombre de asistir a conciertos. Prefiero, si acaso, comprar el disco. Los conciertos son caros, exigen un esfuerzo físico considerable (subir y bajar escaleras, saludar a la gente, someter mis posaderas al rigor de una silla plegable) y suelen dejarme aturdido y triste, al encontrarme hacinado en medio de un amasijo de gente escandalosamente feliz (más feliz de lo que yo nunca he estado ni estaré) y que sabe todas las canciones de memoria y las canta más ruidosamente que el propio cantante (canciones que, por supuesto, yo conozco a duras penas y cuyas letras ignoro a plenitud: nunca he podido aprenderme una canción entera, ni siquiera el himno de mi país).

A pesar de todo ello, allí estaba sentado en la fila 7, asiento 14, del American Airlines Arena de Miami, esperando a que comenzara el concierto de Ricardo Arjona, quien había tenido la generosidad de visitarme en mi programa de televisión (sorprendiéndome con su inteligencia y sentido del humor, diciendo que mi bisexualidad se debe a que soy “un glotón” y a que “cualquier colectivo me lleva a mi casa”) y de invitarme luego a su concierto.

No estaba en mis planes ir a un concierto de Ricardo (ni de nadie) en este último tiempo antes de morir en una clínica suiza bebiendo veneno dulce a diez mil euros el vaso, pero, contra todo pronóstico, me dije que debía hacerlo por razones de cortesía (Ricardo había sido muy amable al venir al programa), por razones de avaricia pura (la entrada me salía gratis) y, principalmente, por razones de investigación sociológica: todas las mujeres que en mi vida han sido, absolutamente todas (tampoco es que sean tantas, pero son más de las que habitan en mí), me habían confesado, en algún momento de la intimidad amorosa o del intercambio de fluidos y secreciones, que nunca podrían amarme a mí como amaban a Ricardo Arjona. Esto era entonces algo que me intrigaba desde hacía ya más de dos décadas: que cualquier mujer que aceptaba o se resignaba a ir a la cama conmigo terminaba diciéndome que el sueño de su vida era conocer a Arjona y hacer el amor con él. Hubo incluso una joven que, en plena escaramuza genital, me dijo (cómo se han desinhibido las chicas de ahora) que estaba pensando en Arjona y no en mí y por eso cerraba los ojos.

Lo que no calculé, por tonto y atropellado, fue que llegar al concierto a las siete y media de la noche sería un error, pues Ricardo salió a cantar a las nueve, y durante esa hora y media de espera algunas mujeres que me reconocieron vinieron a tomarse fotos conmigo y a decirme que me encontraban agradable, gracioso, vagamente atractivo, modosito y papichulo, de modo que sobarse conmigo les parecía una manera divertida y estimulante de perder el tiempo a la espera de que saliera Ricardo. Me sentí humillado, ultrajado. Sentí que estaba calentándole el público a Ricardo. Sentí que estaba hirviéndole el agua para que él se tomara el té. Sentí que yo era solo un bocadito o canapé para esas mujeres voraces que habían acudido aquella noche a devorarse al plato de fondo, el legendario cantante, seductor y domador de fieras, Ricardo Arjona.

Un tanto abrumado por las fricciones, los halagos, los pellizcos y el roce de mejillas con tantas mujeres ardientes, procuré espantarlas echando mano a mi conocido repertorio de pirotecnia verbal (soy impotente, soy más gay que Liberace, tengo cáncer terminal y moriré a fin de mes, ya me han dado la extremaunción, mi pene es tan diminuto que no alcanza las dimensiones de un frijol, un garbanzo o una habichuela), pero la bulla era tal que mis coartadas no conseguían disuadir el furor uterino de las fanáticas de Arjona, quienes se sacaban una foto conmigo como quien se come un pan duro antes de engullirse el lomo fino. Diré algo de lo que me enorgullezco: no rechacé un solo pedido de foto y a todas las dije que estaban lindas, regias, guapísimas, y sonreí siempre con la mansedumbre de un bobo asustado.

Cuando Ricardo salió al escenario y comenzó a desplegar sus dotes de hechicero y sumió en un estado de hipnosis profunda a la multitud variopinta, pensé que me encontraba a salvo del acoso de sus admiradoras y que podría disfrutar tranquilamente de sus canciones, especialmente las de su último disco, “Quinto piso”, que había escuchado antes de entrevistarlo.

Fue entonces cuando apareció la monja loca.

No estaba en mis planes hallarme en el concierto de Ricardo aquella noche, pero, sobre todo, no estaba en mis planes advertir aterrado que una monja loca vendría caminando hacia mí con una determinación suicida, con la mirada trastornada, en una suerte de vuelo kamikaze, poseída por una fe inquebrantable, dispuesta a cumplir una misión redentora, purificadora, no exenta de sangre derramada.

Podría alegarse que “una monja loca” es una tautología. En principio, suscribo esa idea o calumnia: toda monja, por definición, ha de estar más o menos loca; dicho de otro modo: una mujer razonable no podría ser una monja. Pero escribo con énfasis el adjetivo “loca” porque esta monja no era una monja ordinaria, cualquiera: era joven, guapa, estaba enteramente vestida de monja (o de novicia), con un hábito color café o caramelo, y estaba en Miami, en el concierto de Ricardo Arjona. Todo ello me dejó, a la vez, perplejo, estupefacto y devorado por el miedo de quien ve acercarse la muerte en la forma improbable de una monja de cejas pobladas y mirada flamígera.

Un número de preguntas quemantes se agolparon en mi mente: ¿Por qué una mujer joven y atractiva se torturaba siendo monja? ¿Qué hacía una monja vestida como tal en un concierto de Ricardo Arjona? ¿Sería realmente una monja o un travesti o drag queen? ¿Cómo era posible que todavía existiera una monja en Miami, donde la canícula abrasadora se encargaba de extinguirlas a todas sin piedad, del mismo modo que no podrían sobrevivir pingüinos en Miami?

Resignado a que al parecer estaba escrito en mi destino morir acuchillado por una monja loca en un concierto de Arjona, esperé gallardamente esa cita con la muerte. Sentí, como dicen que sintió Borges en una casa alquilada en Ginebra, en junio de 1986: ha llegado la muerte, está aquí, y es fría, helada.

La monja atropelló sus pasos, clavó su mirada ardiente sobre mí, me sujetó de los brazos, me miró como si fuera a hipnotizarme o a exorcizarme o a vampirizarme, me miró con una gravedad de monja que le ha perdido el miedo a todo lo humano, y me dijo:
–Te amo, Jaime Baylys. Antes te odiaba, pero ahora te amo.

Dos cosas llamaron poderosamente mi atención: el aliento de la monja delataba que se había empujado recientemente comida enchilada o encebollada, y sobre sus labios voluptuosos se asomaba un vello incipiente mas recio y viril que el mío.

La monja no me dio oportunidad de decir palabra y prosiguió gritándome al oído, sin dejar de sujetarme los brazos:
–Antes te odiaba, Jaime Baylys. Pero una noche, en el convento, vi una fila de hormiguitas caminando ordenadamente y de repente noté que una hormiguita se salió de la fila y se fue a caminar por su cuenta, se perdió solita, alejándose del resto de las hormiguitas, y en ese momento comprendí que esa hormiguita perdida eras tú, Jaime Baylys.

Por puro instinto de supervivencia, atiné a comentar:
–Sí, sí, esa hormiguita era yo.
–Eras tú, Baylys, eras tú –siguió la monja–. La hormiguita perdida eras tú. Y mi misión es llevarte de regreso a tu familia de hormigas.
La monja loca parecía embriagada de un amor tóxico y muy segura de que nada le impediría cumplir su misión.

–Gracias, muchas gracias –le dije.
Ella me tomó de la mano, me miró como si hubiese hallado al gran amor de su vida y me cantó al oído lo que en ese momento estaba cantando Ricardo en el escenario: “¿Qué estas haciendo tú, qué estoy haciendo yo, subastando en el mercado besos tan improvisados con despecho al portador?”.

Luego me dijo, sus manos sudorosas enlazadas con las mías, su bigote incipiente en entredicho con sus ojos almendrados:
–Eres mi hormiguita, Jaime Baylys. Te amo.
Me pareció evidente que si me negaba a ser su hormiguita, la monja me mataría. Por eso me uní al coro de Ricardo y canté: “¿Qué estás haciendo tú, qué estoy haciendo yo, malgastando en cualquier cama lo que se nos dé la gana para vengarnos de los dos?”.

En un momento de distracción, cuando la monja sacó una cámara digital y se puso de espaldas a Ricardo y empezó a dispararse fotos en las que ella salía sonriendo con Arjona al fondo, salí corriendo como un demente, sorteando a los guardias de seguridad, corriendo como un atleta olímpico, sintiendo el aliento acezante de la monja loca que venía agitándose detrás de mi, gritando:
–¡Hormiguita, hormiguita, no te me escapes!

Corrí y corrí a toda prisa, trepé como cien escaleras a una velocidad de la que me creía incapaz (pero mi vida estaba en juego y no podía dejarme alcanzar) y en algún momento salí del coliseo, bajé como un lunático las escaleras, esquivé a un mendigo, subí a mi auto y salí disparado. A lo lejos, jadeando en la playa de estacionamiento, la monja me hacía unos gestos ampulosos y enfáticos, unos gestos que podían ser los de una bendición o una condena a muerte o los de un insulto cantinero.

A salvo de la monja loca, pensé: Está claro que si Dios existe, tiene que ser un comediante.

Consejos a mis hijas

(A Camila, por su cumpleaños)

No se casen.
Si se casan y el novio es rico, no acepten un acuerdo previo de separación de bienes.
Si ya se casan una vez, cásense al menos dos veces más.
No le pidan nada a Dios.
No le tengan miedo a Dios ni a los que meten miedo en nombre de Dios.
No esquíen.
No buceen.
No hagan canotaje.
No trepen montañas.
No sean trepadoras.
No salten en paracaídas.
No salten soga.
No vayan al gimnasio.
No se operen nunca nada, aun si les dicen que su vida está en riesgo. La vida siempre está en riesgo, mucho más cuando te operan.
No confíen en los médicos, en los políticos, en los psiquiatras, en los vendedores ni en nadie de aspecto humano.
Limítense a hacer lo que les dé placer.
No se limiten en hacer lo que les dé placer.
Bailen todo lo que puedan.
Traten en lo posible de no matar a nadie.
Si es inevitable matar a alguien, háganlo con delicadeza y compasión, procurando el menor sufrimiento a la víctima y no dejando huellas del crimen.
Matar puede ser divertido una vez, más ya es vicio. No se envicien. Si se envician, usen silenciador y disparen tres veces, por las dudas.
No vayan a velorios, funerales, misas ni casamientos.
Si matan, vayan al velorio y lloren un poco, es lo mínimo que pueden hacer. Una dama siempre sabe cuándo corresponde llorar.
No tengan hijos.
No adopten hijos.
Si tienen hijos, traten de saber quién es el padre.
Si tienen hijos, no los bauticen.
No les pongan sus nombres a sus hijos ni a sus hijas. Puestas a elegir, póngales sus nombres a sus hijos, así los confunden un poco.
No viajen. Caminen. Miren.
No estudien. Lean. Miren.
No lean nada que no les dé placer.
No lean mis libros.
No se maquillen.
No usen tacos.
No hagan el amor. Tengan orgasmos.
No viajen nunca sin un consolador y dos juegos de baterías.
No limpien la casa.
No cocinen.
No tomen pastillas para dormir.
No tomen antidepresivos.
No tomen.
No fumen.
Fumen un porrito de vez en cuando.
No prueben coca.
Piensen que este año puede ser el último.
No respondan los agravios. No inmediatamente.
Dicen que la mejor venganza es pasarla bien. Es una verdad a medias. La mejor venganza es dejar ciego a tu enemigo, que no te pillen y luego pasarla bien.
La única manera científica de medir la felicidad es el número de orgasmos que alcanzarán a lo largo de sus vidas. Que sean muchos (los orgasmos y los proveedores: traten de que no sean los mismos proveedores de Wong, por el amor de Dios).
No vayan a reuniones familiares. Si van, traten de sembrar cizaña y encender una discusión, luego ya se pueden ir más tranquilas.
No traten de ser amigas. Es imposible. Son hermanas.
Si les gusta el mismo hombre, traten de compartirlo. Si no se deja compartir, es gay.
Es aconsejable tener un amante oficial y uno (por lo menos uno) clandestino. Es aconsejable que el clandestino esté mejor dotado que el oficial. Es aconsejable que el oficial no sea oficial de la policía.
En caso de ser pilladas, no se disculpen, no nieguen las evidencias, búsquense otro amante.
No recen. Nadie escucha. Mejor canten.
No esperen que nos encontremos en el más allá. Pero si llegásemos a encontrarnos, por favor no me despierten si estoy durmiendo.
Usen sombreros.
Huelan las rosas.
Maten mosquitos.
Beban un vaso de lluvia escandinava.
No esperen nada bueno de la gente.
No amen al prójimo, desconfíen de él.
Las orgías no son recomendables, se pierden los zapatos y los relojes con facilidad.
No pidan consejo a nadie. Hagan lo que les salga del corazón. Si no les sale nada, no hagan nada. Ante la duda, abstente. Ante la certeza, duda. En cualquier caso, abstente.
No hagan caso a nadie de la familia, salvo a mi hermano Javier.
Aunque solo sea por una vez, hagan el amor con una mujer. Aunque no les provoque, háganlo por respeto a mí, como un homenaje a mi memoria.
Vuelen en globo.
No hagan dietas. Engorden. Soben con cariño su panza. Pónganle un nombre. Hablen con ella.
Un día cualquiera, en una ciudad cualquiera, escúpanle sin razón alguna a un peatón. Sigan caminando. No se disculpen.
No se pinten el pelo.
Si llegan a tener canas, no se las pinten.
No usen hilo dental en las nalgas. En los dientes, de vez en cuando.
No busquen la felicidad. Busquen el punto G. Allí habita.
Nieguen con absoluto cinismo todas las flatulencias que despidan. Atribúyanlas a otros.
Mientan todo lo que sea innecesario.
Si un amante te deja, no te ahorres un par de insultos.
Si un amante te deja y luego te pide perdón y quiere volver contigo, no lo perdones, insúltalo un poco más.
Si un embarazo las sorprende, hagan todo lo posible por parir a ese crío.
Si abortan, no se arrepientan.
Si no abortan, tampoco se arrepientan.
Traten de que no las sorprenda un embarazo.
Estar sola puede ser una cosa muy buena.
Dormir sola puede ser una cosa muy buena.
Vivir sola puede ser una cosa estupenda.
No hagas a los otros lo que no quieres que te hagan a ti. Pero si te hacen algo que no querías, hazle algo peor a esa persona o a cualquier otra persona. No te quedes con las ganas.
Si tienes un hijo, llámalo Circuncisión.
Si tienes una hija, llámala Clítoris o simplemente Clit, que es más glamoroso e internacional.
A Circuncisión no te olvides de hacerle la susodicha operación cuando nazca. No dejes pasar el tiempo.
No confíen en un hombre al que no le gusta el fútbol. Tampoco confíen en uno al que le gusta el fútbol. Desconfíen de ambos, pero más del primero.
No se acuesten con un magnate ruso. No se jueguen la vida de esa manera.
Nunca acepten nunca una taza de té de un magnate ruso residente en Londres. Puede que no le echen azúcar o sacarina al té, sino plutonio 210.
Tengan sexo con un negro al menos una vez en la vida, por respeto a lo que sufrieron los esclavos. En circunstancias ideales, que no hable ninguna lengua comprensible para ustedes.
Traten de recibir más regalos de los que den. No es cierto que goza más el que da.
Solo den limosna a los que tocan el violín en la calle.
Recuerda que esa violinista callejera podrías haber sido tú.
Si no aprenden a tocar la guitarra, el piano o el violín, aprenden al menos a tocarse a sí mismas.
Si llegan a viejas, en alguna reunión navideña simulen un ataque de Alzheimer y echen a todos de la casa acusándolos de ser unos intrusos.
Si tu chico se pone tu calzón, déjalo, no lo regañes. Pero no vuelvas a ponértelo tú.
No hagan el amor en la ducha, en el ascensor o en el baño de un avión. Eviten lugares resbalosos o movedizos. Las escaleras son más seguras.
Si un hombre no sabe ponerse un condón, échenlo enseguida de la casa y no lo vean más.
Si se pone dos condones, échenlo también, díganle pusilánime.
Siempre que les convenga, nieguen que son mis hijas y digan que no me conocen.
Siempre que les convenga, digan que son hijas de mi tío Walter, que es un gran tipo. Da más prestigio y abre líneas de crédito.
Cuando arrojen mis cenizas al mar, asegúrense de no tener el viento en contra.
En caso extremo, conviértanse a cualquier religión que les permita salvar la vida.
No digan que son ateas. Suena mal. Digan que son agnósticas. Suena a que están investigando algo científico.
No se vuelvan mormonas. Se puede malinterpretar.
No traten de tener éxito. Es un estrés. Traten de aprender a estar bien con pocas cosas y pocas personas. Si no aprenden, acostúmbrense a estar mal, encuéntrenle un cierto gusto, disfruten del fracaso. Tal vez eso sea precisamente el éxito.
Resumiendo:
Limítense a hacer lo que les dé placer.
No se limiten en hacer lo que les dé placer.
Suerte.
Buen viaje.

JAIME BAYLI

Lourdes Flores

César Hildebrandt
Columnista

Que a Lourdes Flores la salgan a defender la señora Beatriz Merino y el señor Luis Castañeda Lossio es algo que no debería calmarla.

La señora Merino alguna vez se defendió a sí misma después de cometer un hecho que, desde la perspectiva de la administración pública, fue muy impropio.

Y en cuanto al señor Castañeda Lossio, algún día se sabrá de qué tamaños fueron las uñas de su administración, hasta dónde llegó la mano larga de sus incondicionales con BMW a la puerta y a qué cuentas fueron a parar las groseras sobrevaluaciones de su concreto en marcha.

Yo no sé si el señor Cataño es un narco. Lo que sí sé –porque lo entrevisté hace dos días en el 11- es que no tiene ninguna –repito: ninguna- respuesta convincente.

Ni para explicar su fortuna ni para explicar sus cambios de identidad y ni siquiera para decirnos por qué tiene dos nombres (o un nombre y un alias) y por qué demonios se siente absuelto cuando lo absuelven con el nombre que dice que ya no es suyo.

¿Y este puede ser el propietario de una empresa aérea? ¿Alguien que demostró que no sabe sumar ni multiplicar y ni siquiera recordar el monto de los impuestos que pagó o la magnitud de sus ganancias como importador de autos y camiones usados?

Lourdes Flores es una mujer intachable. Hasta ahora.

La pregunta es bien sencilla. Si hay una investigación por lavado de dinero que ha sido archivada en primera instancia, ¿por qué no esperar a que ese archivamiento se confirme tras la apelación que ha formulado la procuradora antidrogas Sonia Medina?

Ya sabemos que Sonia Medina es una funcionaria que puede ser irresponsable y que, además, es adicta a los reflectores públicos y secreta servidora de los muy oscuros intereses de la DEA en el Perú. Y ya sabemos que ha trabajado siempre en pared con un periodista de “El Comercio” metido en más de una porquería.

Pero por eso mismo, ¿qué le cuesta esperar a Lourdes Flores que la limpieza judicial de su cliente y ahora socio se ratifique?

Porque eso de meter las manos al fuego por alguien que no sabe decir ni qué utilidades obtuvo en los últimos años es más que un riesgo: es una temeridad.

Puede ser que el señor Cataño balbucee incoherencias porque es muy tímido o porque tiene la memoria averiada y el carácter roto. Puede ser.

Pero Lourdes Flores Nano es demasiado importante para la política peruana como para estar al lado de alguien que ha dado muestras de tener tantos flancos vulnerables.

Si Cataño sale limpio, mejor para Lourdes. Y mejor para todos. Pero si se le descubre lo que algunos temen que pueda estar escondiendo, ¿cómo quedaremos los que hemos creído siempre –a ojos cerrados- en la decencia personal y política de la presidenta del Partido Popular Cristiano?



LA PRIMERA

Perú en la negociación sin fin

Chile, Bolivia y Perú siguen empujando un histórico desacuerdo surgido de una guerra del siglo XIX. Una paciencia digna de mejor causa.

Bolivia quiere mar, Perú quiere que respeten fielmente los acuerdos de 1929 y Chile quiere seguir tentando la expansión. Entre medio han habido intentos integracionistas con avances importantes como la CAN y también retrocesos y frustraciones como lo que vivimos en el escenario actual.

Perú ha dado un gran paso al recurrir a la Corte Internacional de La Haya para superar el diferendo marítimo con Chile, utilizando para ello un espacio legítimo de reconocimiento internacional al cual La Moneda ha respondido de mala gana, como sintiéndose atrapada por no reconocer que realmente existía un desacuerdo sobre el punto en que había que separar equitativamente el límite entre los dos países.

Evo Morales aprovechó este desencuentro chileno–peruano para acercarse a la presidenta de Chile en busca de alguna formulita para acceder soberanamente al mar. El canciller chileno acaba de sumergir en agua helada esta cálida aspiración boliviana.

El contexto en que se da esta disputa debe tener en cuenta la amplia ventaja económica y militar chilena frente a Perú y Bolivia que reduce la eficacia de los argumentos históricos e integracionistas, pero también la posición favorable a Bolivia en cuanto al entorno político sudamericano donde sus lazos con MERCOSUR, Ecuador y Venezuela son más sólidos y cercanos que los de Alan García, quien sólo, recostado en Uribe, alimenta un aislamiento que ayuda poco a las ambiciones de potencia que aparecen en los discursos presidenciales.

Chile hasta hoy sigue sacando provecho de su victoria de 1879 porque fue el que más invirtió en la gente, en el capital humano, en la creación de riqueza. Bolivia y el Perú, en cambio, desperdiciaron el período de industrialización y desarrollo tecnológico y siguieron hundidos en el rentismo primario exportador.

En este punto, vale prestar una opinión de Gustave Flaubert sobre una ópera de Puccini, los sueños de García tienen de bueno y de nuevo, con la circunstancia que lo bueno no es nuevo y lo nuevo no es bueno.

LA PRIMERA

'No pueden ni tomar una comisaría’

La desubicación de nuestros políticos quedó graficada en la poco feliz declaración de Ollanta Humala diciendo que Sendero ya no era un peligro para el país y que sus integrantes ni siquiera eran capaces de tomar una comisaría. Desde esa desacertada intervención, los atentados en el VRAE no han cesado. Sin embargo, lo preocupante fue que tanto el presidente como el ministro del Interior adoptaron similar displicencia sobre el grupo terrorista.

No se trata de sonar alarmistas, pero es evidente que la actividad de Sendero ha aumentado. Las bajas militares por acción terrorista en poco más de un año son el doble que en los cinco años anteriores sumados. Incluso, Sendero en varias ocasiones ha atacado helicópteros, incluyendo uno que trasportaba al jefe del Comando Conjunto. Todas son señales de que su capacidad operativa no está disminuyendo; al contrario, está aumentando.

Por otro lado, si bien es necesario dar tranquilidad, creo que los voceros oficiales no deben exagerar en minimizar los hechos, ya que se corre el riesgo de caer en complacencia si el gobierno se cree su propio cuento. Más aún cuando en este asunto no están haciendo un trabajo adecuado.

Así tenemos que en los últimos meses se ha denunciado que reclutas sin experiencia –algunos menores de edad– conforman el grueso de la tropa en esa zona. También, sobre la falta de equipamiento tanto en comunicaciones como en armamento. En realidad, si un observador ha seguido la secuencia de informes sobre las deficiencias y falta de apoyo al personal en el VRAE, no le debe de resultar tan sorprendente que haya ocurrido esta escalada terrorista.

Por ello, creo que el gobierno tiene que tomar acción de inmediato, empezando por reemplazar a los conscriptos por personal experimentado. El VRAE es la única zona en conflicto que tiene el Ejército, el cual cuenta con 50 mil hombres en armas. Sin embargo, solo 2,500 combaten a Sendero y dos terceras partes de ellos son reclutas novatos. No hay justificación alguna para que batallones élite de comandos estén estacionados en Lima en lugar de estar combatiendo en el campo. Finalmente, si bien lo que viene ocurriendo pueden ser incidentes menores si son comparados con el horror de los 80, el hecho innegable y aterrador es que Sendero poco a poco se está recuperando.

PERU 21

Tropiezos con la misma piedra

Uri Ben Schmuel
uribs@larazon.com.pe


“Aquellos que no recuerdan el pasado, están condenados a repetirlo” es probablemente la frase más conocida del filósofo George Santayana (suya es también “sólo la muerte ha visto la terminación de la guerra”, que el general MacArthur atribuyó erróneamente a Platón). Pero de nada sirve recordar el pasado si no se aprende de los errores cometidos. Y eso es lo que sucede en una Europa que en estos días conmemora el inicio, hace 70 años, de la Segunda Guerra Mundial sin haber asimilado la principal lección de esa carnicería. Que no es otra que ésta: el apaciguamiento conduce al despeñadero.
Porque resulta que en la misma semana que los principales líderes europeos se daban golpes de pecho por la genuflexión de sus predecesores ante el totalitarismo nazi, el Reino Unido –la cuna de ese Chamberlain timorato que se arrodilló ante Hitler–, liberaba a Abdelbaset Ali Mohmed al-Megrahi. Un terrorista libio condenado por el llamado atentado de Lockerbie, la ciudad escocesa sobre la que explotó en 1988 un avión de Pan Am, cobrando la vida de 270 personas. El gobierno de Gordon Brown alegó que Al-Megrahi fue excarcelado “en nombre de supremos intereses nacionales”, eufemismo para encubrir un millonario negocio destinado a beneficiar a British Petroleum en Libia. (Para suprema ironía, el terrorista regresó a su país en un avión en cuya escalinata, como lo muestra la foto que ilustra esta columna, había un cartel en el que se leía: “La próxima vez relájese antes de volar”).


De modo que nada ha aprendido Europa. En los años treinta del siglo pasado se mostró débil ante el nazismo y hoy comete el mismo error frente al islamo-fascismo que hace tiempo le declaró la Tercera Guerra Mundial a Occidente. Una guerra que por cierto empezó mucho antes del ataque a las Torres Gemelas, cuyo octavo aniversario se cumple la próxima semana de un septiembre históricamente cruel.

Pero no solo en Europa han olvidado la amarga lección del apaciguamiento. En nuestra región son muchos los que cierran los ojos ante el expansionismo chavista, tan agresivo como el hitleriano. Y con esto llegamos a nuestra casa, el Perú. ¿Por aquí cómo andamos? Pues igual. Los errores de la guerra de 1879 se repiten, con sucesivos gobiernos que han descuidado la defensa nacional. Y que no quieren entender que la diplomacia de nada sirve sin el sustento de una fuerza armada digna de tal nombre. Y eso para no hablar de esa otra guerra, más reciente, que está lejos de haber terminado, como lo muestra el ataque de ayer a un helicóptero en el VRAE. Una guerra que nuestras tropas deben librar no solo en el frente de batalla contra los senderistas. También en la retaguardia, donde todos los días sufren la emboscada de la quinta columna agazapada en las ONG que supuestamente defienden los “derechos humanos”. Sí, lamentablemente Santayana tenía mucha razón...

LA RAZON

¿El mesías prometido de la centro-derecha?

Por Mirko Lauer

Se podría llamarle un enroque. Los nuevos rumores sobre que la precandidatura de Luis Castañeda es un hecho coinciden con los nuevos rumores sobre que Lourdes Flores estudia candidatear a la alcaldía de Lima. Los signos de que Castañeda está pensando y actuando más allá de la capital están allí, pero todavía no completan la imagen de un político en campaña.

Los números favorecen a Castañeda: segundo en las encuestas de intención de voto nacionales, y solo un 3% de negativa a votar por él. En cambio la precandidata puntera tiene un 30% de negativa. Quizás la cifra que más lo puede preocupar es el 57% de intención de voto que mantiene para la alcaldía de Lima.

Lo de las mínimas resistencias a votar por él le abre una amplia perspectiva de alianzas con varias tiendas políticas. La buena disposición de Alan García es una versión que circula mucho, pero Castañeda también tiene una historia de buena circulación entre la izquierda. Hoy parece, en efecto, un hombre para todas las estaciones.

Parte de toda esa buena voluntad se encogerá el día que anuncie su decisión de ser candidato, por lo cual es probable que posponga ese momento todo lo que pueda. Sin embargo esa demora no puede ser indefinida, pues tiene más de un competidor en la cancha de la centro-derecha no contaminada en los años 90.

Su principal rival es Alejandro Toledo, que en algunos aspectos le pisa los talones. Toledo genera mucha más resistencia, pero ha sido presidente, tiene experiencia en hacer campaña nacional y un estilo de comunicación reconocible por el público. Su principal handicap va a ser la tirria del aprismo, la cual se ha ganado a pulso.

El mayor activo de Castañeda es la asociación de una buena gestión con un bajo perfil político. Esto último hace que muchos vean en él aquello que desean ver, y nada más. Es una imagen que vale oro en elecciones como las peruanas, donde los valores ideológicos casi no participan. El mejor candidato es una pantalla sobre la que cada uno puede proyectarse.

Castañeda tiene algunos handicaps personales: la falta de un estilo de oratoria interesante o de una imagen televisiva eficaz, algunos rumores le atribuyen una salud frágil que influye en algunas de sus decisiones. En su paso por la alcaldía no ha formado, que se sepa, un equipo con proyecciones nacionales.

Todo lo cual sugiere que todavía le falta recorrer un tramo complicado: el paso de alcalde a candidato presidencial sobre el terreno. Sobre todo un candidato del que sus seguidores esperarán garantías de que podrá derrotar en un mismo movimiento a sus actuales rivales de los dos extremos, Ollanta Humala y Keiko Fujimori.


LA REPUBLICA

Un año después de la caída de Lehman Brothers

Por Humberto Campodónico

Este mes se cumple un año de la caída de Lehman Brothers, debido a la gran cantidad de hipotecas sub-prime que tenía en su cartera. Hasta el último minuto se pensaba que sería parte de una operación de salvataje por el gobierno, pues era “muy grande para caer”. Pero eso no sucedió y el banco quebró.

Este hecho hizo explícito que el capitalismo estaba en la más grave recesión desde 1929, la misma que se ha globalizado. No funcionó la tesis peregrina del “desacople”, levantada por el FMI, que decía que otros países tomarían la posta de locomotora que dejaba EEUU, entre ellos, la China.

También cayó por los suelos la tesis del “exceso de ahorro global” (global savings glut, en inglés) de Ben Bernanke –actual Jefe de la Fed, ratificado por Obama para un nuevo período– que decía que no había que preocuparse por el gran déficit de la balanza comercial de EEUU, ya que los países con superávit, sobre todo China y los petroleros de la OPEP, lo financiarían sine die.
Hoy, muchos analistas dicen que los “brotes verdes” anuncian el comienzo de la recuperación económica. No opina lo mismo Stephen Roach, economista jefe del Morgan Stanley, que acaba de publicar el libro “The Next Asia” (El Asia que se viene), por 3 motivos: 1) Porque la crisis financiera aún no termina y más bancos van a quebrar.

2) Porque continúa la recesión en la mayoría de los países, y 3) Porque el bajo poder adquisitivo de los consumidores de EEUU –que fueron el motor del crecimiento impulsados por la burbuja– “está recién en la etapa inicial de un ajuste que va a tomar varios años” (www.bloomberg.com, 31/08/09). Por ello, dice que si bien se van a ver algunos números “más bonitos” en el III Trimestre, eso se debe sobre todo a la reducción de inventarios. No descarta, por tanto, una recaída.

Roach, además, apunta a los problemas de fondo. Dice que “no necesitamos banqueros centrales que sean buenos limpiando escombros, sino aquellos que eviten las crisis”. Culpa a la Fed de haber sido demasiado complaciente con los créditos sub-prime y por eso no aplicó las medidas regulatorias necesarias: “si no se extraen las lecciones, podemos volver a caer en los mismos errores”.

Es cierto que la casi total falta de regulación financiera propició y aceleró la burbuja, así como el engaño a los compradores de bonos, lo que solo tiene una diferencia de grado con las estafas de Bernie Madoff. Pero no debemos olvidar que la burbuja fue completamente funcional a las necesidades del capitalismo en el último cuarto de siglo y, justamente, por eso, dice Joseph Stiglitz, se escogió como jefe de Fed a Alan Greenspan, personaje que creía a rajatabla en las bondades del “libre mercado”.

En The Next Asia, dice que el gran problema de la economía mundial es que Asia (sobre todo China) cree que va a poder salir de la crisis de la misma manera exportando grandes cantidades a EEUU. Afirma que esa tesis es errada porque EEUU ya no puede jugar ese rol y, más bien, quiere hacer lo mismo: devaluar el dólar (ojo, pestaña y ceja) y exportar todo lo que pueda, para lo cual necesitan un ajuste estructural.

Afirma Roach que China tiene un exceso de capacidad de producción orientado a la exportación, que ha aumentado aún más con el Plan Estímulo de US$ 586,000 millones. Por tanto, no ha habido un cambio de calidad en la producción, que debía haberse orientado más a su propio mercado interno. Lo que nos lleva a visualizar un mundo más “desglobalizado” (ver Bruno Seminario, El futuro de la economía mundial, http://aeperu.blogspot.com, 23/08/2009).

Como se aprecia, el hundimiento del Lehman Brothers hace un año no fue más que el comienzo del destape de una crisis estructural que está lejos de haber terminado. Salvo mejor parecer.

LA REPUBLICA

Un año después de la caída de Lehman Brothers

Por Humberto Campodónico

Este mes se cumple un año de la caída de Lehman Brothers, debido a la gran cantidad de hipotecas sub-prime que tenía en su cartera. Hasta el último minuto se pensaba que sería parte de una operación de salvataje por el gobierno, pues era “muy grande para caer”. Pero eso no sucedió y el banco quebró.

Este hecho hizo explícito que el capitalismo estaba en la más grave recesión desde 1929, la misma que se ha globalizado. No funcionó la tesis peregrina del “desacople”, levantada por el FMI, que decía que otros países tomarían la posta de locomotora que dejaba EEUU, entre ellos, la China.

También cayó por los suelos la tesis del “exceso de ahorro global” (global savings glut, en inglés) de Ben Bernanke –actual Jefe de la Fed, ratificado por Obama para un nuevo período– que decía que no había que preocuparse por el gran déficit de la balanza comercial de EEUU, ya que los países con superávit, sobre todo China y los petroleros de la OPEP, lo financiarían sine die.
Hoy, muchos analistas dicen que los “brotes verdes” anuncian el comienzo de la recuperación económica. No opina lo mismo Stephen Roach, economista jefe del Morgan Stanley, que acaba de publicar el libro “The Next Asia” (El Asia que se viene), por 3 motivos: 1) Porque la crisis financiera aún no termina y más bancos van a quebrar.

2) Porque continúa la recesión en la mayoría de los países, y 3) Porque el bajo poder adquisitivo de los consumidores de EEUU –que fueron el motor del crecimiento impulsados por la burbuja– “está recién en la etapa inicial de un ajuste que va a tomar varios años” (www.bloomberg.com, 31/08/09). Por ello, dice que si bien se van a ver algunos números “más bonitos” en el III Trimestre, eso se debe sobre todo a la reducción de inventarios. No descarta, por tanto, una recaída.

Roach, además, apunta a los problemas de fondo. Dice que “no necesitamos banqueros centrales que sean buenos limpiando escombros, sino aquellos que eviten las crisis”. Culpa a la Fed de haber sido demasiado complaciente con los créditos sub-prime y por eso no aplicó las medidas regulatorias necesarias: “si no se extraen las lecciones, podemos volver a caer en los mismos errores”.

Es cierto que la casi total falta de regulación financiera propició y aceleró la burbuja, así como el engaño a los compradores de bonos, lo que solo tiene una diferencia de grado con las estafas de Bernie Madoff. Pero no debemos olvidar que la burbuja fue completamente funcional a las necesidades del capitalismo en el último cuarto de siglo y, justamente, por eso, dice Joseph Stiglitz, se escogió como jefe de Fed a Alan Greenspan, personaje que creía a rajatabla en las bondades del “libre mercado”.

En The Next Asia, dice que el gran problema de la economía mundial es que Asia (sobre todo China) cree que va a poder salir de la crisis de la misma manera exportando grandes cantidades a EEUU. Afirma que esa tesis es errada porque EEUU ya no puede jugar ese rol y, más bien, quiere hacer lo mismo: devaluar el dólar (ojo, pestaña y ceja) y exportar todo lo que pueda, para lo cual necesitan un ajuste estructural.

Afirma Roach que China tiene un exceso de capacidad de producción orientado a la exportación, que ha aumentado aún más con el Plan Estímulo de US$ 586,000 millones. Por tanto, no ha habido un cambio de calidad en la producción, que debía haberse orientado más a su propio mercado interno. Lo que nos lleva a visualizar un mundo más “desglobalizado” (ver Bruno Seminario, El futuro de la economía mundial, http://aeperu.blogspot.com, 23/08/2009).

Como se aprecia, el hundimiento del Lehman Brothers hace un año no fue más que el comienzo del destape de una crisis estructural que está lejos de haber terminado. Salvo mejor parecer.

LA REPUBLICA

Que pase el Rey

Por Augusto Álvarez Rodrich
alvarezrodrich@larepublica.com.pe

Más cabeza fría para una situación cada vez más caliente.

Después de unas ‘vacaciones’ fuera del gabinete, y de una absurdamente fugaz pascana en la embajada peruana en Roma, Rafael Rey volvió a ponerse un fajín ministerial –esta vez en Defensa– con un aire prudente y menos conflictivo que el que ya se le conoce pero, para quizá no defraudar a su hinchada, acaba de volver a su faceta de fosforito intolerante, que seguramente fue para eso que Alan García lo volvió a reclutar.

Rey es, creo yo, un buen tipo, inteligente, con vocación de servicio público y, no obstante sus numerosos cambios de camiseta, consecuente con sus ideas. Su problema, creo yo, que por momentos lo vuelve insoportable, es que se cree el único dueño de la verdad y que, para defenderla, exhibe esa intolerancia inaceptable que, lamentablemente, persiste en la política peruana entre los extremistas de derecha (como él) y de izquierda (como muchos).

Lo ha vuelto a demostrar en estos días con declaraciones a los medios y un artículo publicado ayer –los perros del hortelano del presidente García parecen himnos a la concordia a su lado– con aire de trompeadera en lugar de vocación de convocatoria para sumar esfuerzos en temas cruciales del sector que lidera, como un plan VRAE que hace agua y que, penosamente, sigue cobrando vidas de nuestros soldados en lugar de retrocesos del narcoterrorismo.

Rey arremete contra todos con los que discrepa, una lista que se sigue ampliando y que va desde las ONG de derechos humanos –a las que acusa artera y absurdamente de favorecer al terrorismo–; generales como Roberto Chiabra por sus sólidas críticas al plan VRAE; y hasta el Ministerio Público por el pedido de información no satisfecho por el Ministerio de Defensa sobre la matanza de Putis.

“La fiscalía no tiene ningún afán de procesar a los militares; solo busca la verdad, no imputar hechos por imputar, ni denunciar por denunciar”, ha dicho la fiscal de la Nación, Gladys Echaíz. Sin embargo, Rey cree que esos pedidos distraen la labor militar en el VRAE y le bajan la moral al ejército, lo que –en el fondo– significa el retorno –como si alguna vez se hubiera ido– de la filosofía ‘vale todo’ cuyo mayor exponente en el gobierno –pero no el único– es el vicepresidente Luis Giampietri.

Esto es un error pues la misma intolerancia que Rey le reclama a algunas entidades públicas y privadas es la que él expone con mucha frecuencia, y es lo que debería cambiar con el fin de, en lugar de estar haciendo articulillos picapleiteros, preparar documentos de política sobre un sector complejo como Defensa, que aún no domina, y en el que las cosas no están caminando bien, lo que está costando muchas vidas de valientes policías y militares.

EL COMERCIO

Penas e incitadores

Inevitable pronunciarnos sobre la sesión del Congreso de la República que aprobó la ley que pena con cárcel efectiva a los antisociales reincidentes en faltas menores (concretamente en el caso de escaperos que suelen arrebatar celulares, relojes, carteras, zapatillas, bicicletas, etc.). Modestia aparte, hemos estado –y estamos– en primera línea de combate contra la delincuencia, sea cual fuese su procedencia, clase o motivo.

Ene veces hemos sugerido ampliar y profundizar el espectro de sanciones para quienes delinquen y atentan contra el bienestar de los habitantes. Por ello saludamos al Parlamento por haber entonado su función con la gran preocupación ciudadana que clama por más seguridad y mayor tranquilidad pública frente a la criminalidad. Sin embargo debemos ser realistas y quizá hasta aguafiestas si reparamos en la perspectiva de que esa norma legal podría quedar como tantas otras, vale decir como papel mojado en tinta. Veamos por qué.

Primero, en teoría, la ley que sanciona a reincidentes y reducidores con penas efectivas, elevaría el número de internos en las cárceles de la costa, sierra y selva. Pero, ¿tenemos acaso un buen sistema penitenciario o suficientes prisiones adecuadamente equipadas para rehabilitar o resocializar al que purga alguna condena? La respuesta es obvia: la política criminal y los centros penitenciarios están en situación caótica. En segundo lugar, es casi un hecho que al radicalizar las penas no se influye automáticamente en la reducción del número o en la intensidad de los delitos. Y ello ocurre, por ejemplo, desde que las autoridades municipales y la Sunat permiten puntos de venta informales de receptadores disfrazados de comerciantes. Mientras haya grandes centros donde se compran y venden cosas robadas, sencillamente el delito va a continuar.

Por otro lado, los canales de prevención del delito –tema que no sólo es policial– están oxidados o brillan por su ausencia. Los funcionarios de los gobiernos regionales, locales y de los sectores del Ejecutivo (Ministerio de Trabajo, Ministerio de la Mujer, Instituto Peruano del Deporte, etc.,) no ven ni sienten el problema ni están preparados para enfrentar, por ejemplo, el abandono de la niñez, de adolescentes y jóvenes de hogares fracturados o de familias promiscuas, permitiendo así la multiplicación de ambientes que facilitan el pase de esas personas a pandillas o bandas de delincuentes. Es más, si no se trabaja con los padres en programas antidelito ad hoc, vamos a seguir siendo testigos –o víctimas– de robos.

En conclusión, somos conscientes de que el Legislativo ha dado un paso importante al aprobar un proyecto de ley que castiga con más dureza a reincidentes y receptadores; no obstante si las demás instancias del Estado no hacen lo que les toca, la norma quedará mediatizada sin lograr su objetivo: defender al ciudadano del accionar de los maleantes.


EXPRESO

¿Por qué no te callas?

Por: Beatriz Boza

Estamos aprendiendo, a un costo muy alto para nuestra sociedad, que los bloqueos de carreteras, la toma de aeropuertos, la paralización de vías férreas, la quema de llantas y los enfrentamientos callejeros nos afectan a todos porque ahuyentan al turista, encarecen los productos básicos al no permitir un adecuado abastecimiento de los mercadillos locales, frenan la producción local, crean inseguridad ciudadana y aumentan el riesgo-país.

No obstante los altos costos para nuestra sociedad, parece que esas formas de interrumpir el libre tránsito y la vida en sociedad son la única manera en que distintos grupos de la población pueden hacer valer su voz, ser oídos y participar.

¿Se ha preguntado qué le queda al peruano que siente que sus autoridades le engañan y no cumplen lo que le prometieron? ¿Qué harías si no te oyen, si planteas alternativas y las desechan sin mayor trámite, si solicitas audiencia o te quejas y te pelotean, si pides que se ejecuten los acuerdos firmados y se ríen en tu cara, si explicas que tu producción o tu comunidad están en riesgo y te ignoran?

La inercia y la inacción de nuestro sistema preventivo estatal conducen a la protesta y la rabia acumulada a la violencia. Y si la autoridad reacciona mal, el uso de la fuerza desata la espiral de la confrontación radical.

Por eso es tan importante, especialmente en un país tan diverso como el nuestro, garantizar la libertad de expresión y el derecho de opinión de todos y cada uno de nosotros. Permitir que la gente se exprese libremente, que pueda compartir su parecer y decir lo que desea — sin difamar o calumniar por cierto. En el Perú, como en el resto del mundo civilizado, no hay delito de opinión porque poder plantar ideas y discutirlas es el mejor antídoto contra la rebelión.

No hay nada más poderoso que una buena idea y nada más nocivo para una sociedad que buscar acallarla con la fuerza.

En una democracia, las ideas se defienden con la fuerza de la razón y el arte de la persuasión.

Si creemos en la igualdad y libertad como condición esencial de nuestra democracia, cuidemos que no llegue a nuestra sociedad la moda de ciertos gobernantes de la región de silenciar medios de comunicación y voces discordantes.

Por el contrario, si queremos garantizar el libre tránsito y la paz social, no debemos permitir que silencien a quienes tienen una voz distinta.

EL COMERCIO

Poder, ley y porquería

¿QUÉ SE TRAE RAFAEL CORREA EN ECUADOR?

Por: Fernando Vivas Periodista

Ecuador es un laboratorio de la evolución. Además de Galápagos, tiene un Congreso empeñado en legislar sobre deberes y derechos que recién asoman en la civilización. Con la sabiduría y el entusiasmo, cándido o maquiavélico, del experimentador hay ecuatorianos que intentan arreglar en el papel tremendas complejidades del mercado y la vida social.

Dos ejemplos: la Constitución de Ecuador es una de las primeras que reconoce a las diversas identidades en el Estado, y el respeto al medio ambiente ha llevado a foros internacionales la propuesta ecuatoriana de una compensación planetaria a cambio de no explorar el subsuelo amazónico.

Ahora el oficialismo correísta, a través de una Coordinadora Social de la Comunicación (CSC) que simpatiza con él, ha elaborado un proyecto de ley orgánica de la comunicación empeñado en resolver el gran conflicto de poderes de nuestro tiempo: los políticos versus los medios.

Acabo de leerlo y, si bien puedo destacar importantes aportes en el reconocimiento de las organizaciones de consumidores o veedurías , en la definición de políticas públicas de comunicación y la incorporación de principios de no discriminación, acción afirmativa y hasta del derecho a ocupar la “silla vacía” en instancias de debate, huelo un tufo maquiavélico: el poder político expide un bonito listado derechos frente al poder de los medios, con lo que contenta a ciudadanos y colectivos insatisfechos con los medios pero, astutamente, se reserva el control de la Superintendencia de Telecomunicaciones y Medios (Art. 55), cuyo jefe se elige entre una terna propuesta por el presidente (Art. 56).

Este poderosísimo ente fija sanciones que llegan hasta el cierre del emisor que no sea veraz (Art. 8), que haga juicios de culpabilidad antes de que la justicia se pronuncie (Art. 11), difunda datos de carácter personal (Art. 14), grabe conversaciones sin autorización (Art. 15), o difunda información fiscal reservada (Art. 19).

O sea, con el argumento de proteger al ciudadano de los abusos mediáticos, se mina la capacidad de fiscalización periodística al poder, sancionando métodos que sí permiten otras legislaciones. Para coronar el proyecto, el Art. 163 obliga a los medios a promover una suerte de corporativismo social comunicativo y el Art. 172 describe las situaciones en las que el presidente podría suprimir la libertad de información en todo el país.

Comparto dos sospechas: 1) Que presidentes como Cristina Fernández (empeñada en ley similar) y Alan García, están muy al tanto del experimento de Correa y 2) Que la declaración de este sobre la porquería es un ensayo, planeado desde la extraña programación de Laura Bozzo en el canal TC, para medir la reacción popular ante las intromisiones presidenciales en los problemas de la comunicación.

EL COMERCIO

¿Diplomacia abierta o imprudencia?

ECOS DE LA UNASUR

Por: Alejandro Deustua Internacionalista

Los problemas limítrofes, las aspiraciones geopolíticas vecinales, las asociaciones específicas entre estados y la seguridad colectiva pertenecen al ámbito de las relaciones internacionales convencionales.

No siendo aquellos asuntos parte de la nueva problemática transnacional, y calificados como intereses primarios de los estados, su trato se enmarca en ciertas reglas de las que no conviene apartarse mucho para no degradar el interés nacional ni exponerlo a expectativas innecesarias ni fracasos imprevistos.

Sin embargo, esas normas ligadas a la reserva han sido recientemente dejadas de lado mediante la exuberante difusión mediática de los intereses en cuestión.

Es más, la puerta que se abrió con una entrevista presidencial de estratégico contenido, concedida a un diario chileno, puede no haberse cerrado con la cumbre de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), que pretendió tratar asuntos de seguridad regional frente a las cámaras de televisión.

¿Qué ha ocurrido para que la reserva de estas materias haya sido levantada y generado la ilusión de una diplomacia abierta en un contexto de escasísima convergencia comunitaria?

Encontrándose la región en una contienda de poder, solo comparable con la de la década de los setenta, ¿qué ha causado tamaño entusiasmo wilsoniano y tan poca atención a formas de gestión ligadas a la eficiencia antes que al monopolio burocrático?

Ello ha ocurrido en el Perú al amparo de un conjunto de razones bastante estimuladas por la errada percepción oficial de que entre lo global y lo nacional no hay límite y que, por tanto, es posible transitar entre esos ámbitos esgrimiendo los intereses respectivos sin mayor costo.

Si esta visión que, transformada en estrategia y práctica tipifica la conducta del Gobierno Boliviano, uno supondría que el Gobierno Peruano se habría mantenido al margen del desborde mediático. Últimamente este no ha sido el caso.

El motivo de este cambio de nuestro comportamiento externo se encuentra probablemente en razones menos académicas, como la frustración diplomática frente a la general hostilidad boliviana, la degradación del lenguaje diplomático bilateral y la indebida injerencia de ese gobierno en la controversia con Chile. En ese escenario, golpear la mesa, como ha ocurrido, puede ser más efectivo que la redundancia de las notas de protesta. Más aun cuando ese vecino irreflexivo se vincula con otro más racional que, a pesar de la interdependencia creciente, quisiera adentrarse en un juego de suma cero.

Aún así, ello no justifica el abandono del trato diplomático convencional. Especialmente cuando no se ha cumplido con articular el instrumental coercitivo frente al Estado irreflexivo ni la mejora de las capacidades propias frente al Estado racional.

El mismo síndrome populista ha sido compartido por los sudamericanos en Bariloche cuando se planteó el asunto de las bases colombianas en un set de televisión, sin la identificación de la verdadera amenaza (el narcoterrorismo) ni la de los déficit de orden e integración regionales.

Si el espectáculo político le gana la partida a la ecuanimidad en asuntos de seguridad, la interrelación de aquel con la degradación del trato diplomático bilateral resultará en mayores pasivos para la región y para el Perú en momentos de redefinición del contexto internacional.

EL COMERCIO

Colombia: avanza el reeleccionismo

Contra viento y marea, y aún sin un deslinde definitivo del presidente Álvaro Uribe, avanza el perturbador proyecto reeleccionista en Colombia. Ayer, con 85 votos a favor y cinco en contra, la Cámara de Representantes de ese país vecino aprobó la iniciativa, que pasa ahora a manos de la Corte Constitucional para validarla antes de llegar eventualmente a las urnas.

Lo abultado de la mayoría que aprobó la medida no debe llamar a engaño, respecto del grave daño que se sigue causando al sistema democrático latinoamericano.

Efectivamente, cuando se hace más patente la división entre regímenes democráticos y autoritarios, sería lamentable que un líder como Uribe, que ha dado muestras claras de vocación democrática y eficiencia en el Gobierno, pueda echar a perder todo lo ganado por este afán reeleccionista.

Es más, caería en la misma y nefasta tentación que distingue al bloque autoritario encabezado por el inefable caudillo venezolano Hugo Chávez, al que siguen Morales en Bolivia y Correa en Ecuador. ¿Con qué autoridad moral podría ahora cuestionarlos?

Luego, es evidente que se está afectando la institucionalidad democrática, vistas las denuncias sobre polémicos acuerdos políticos para sumar votos de congresistas que aprueben la norma a como dé lugar. Paralelamente, las instancias judiciales y de control constitucional se han visto también involucradas, lo que incrementa las fricciones y resiente el equilibrio entre los poderes del Estado.

¿Por qué es tan mala la reelección? Pues, porque conculca un principio elemental del sistema democrático, que es la alternancia en el poder y el respeto a las normas y las reglas de juego: no se puede patear el tablero para acomodar la ley a los designios de un grupo o individuo.

Del autoritarismo a la dictadura hay solo un paso. De allí que, por doctrina y por historia, la democracia sea lo más contrario al caudillismo personalista, que parte de la premisa de un guía máximo, insustituible e imprescindible, que podría usar los mecanismos del poder para reelegirse indefinidamente. Contra eso existen las instituciones y los partidos políticos, obligados a formar cuadros y renovar liderazgos, motivados por la idea de que el Estado existe para servir a los ciudadanos y no al revés.

Asimismo, como lo hemos vivido y sufrido los peruanos con el proyecto re-reeleccionista de Alberto Fujimori en la década pasada, al golpear la estructura democrática se debilitan los controles constitucionales y sectoriales, con lo que se incrementan peligrosamente los abusos contra los derechos humanos y también los niveles de corrupción en el aparato del Estado. El mensaje para los incondicionales políticos y para los funcionarios de poca calidad ética es que si el presidente rompe las reglas, todos podrían hacer lo mismo. Aquí lo más importante sería estar cerca del poder para sacar provecho propio.

Como lo hemos reiterado más de una vez, aún hay espacio para la reflexión. El presidente Uribe tiene que sopesar la gravedad de una decisión que podría sentar un ingrato precedente para su país y para la democracia latinoamericana.

EL COMERCIO

2.9.09

Ríe de Rei con ley

Su apellido se presta para el juego sonoro de golpe: No es Rei-mond Manco, mucho menos Rein-hardt -sorrytos, fantasmita guitarrista de jazz-, es el Rei Rafi el aguarrás, porque ayuda a la pinturita Alan 2016 y es una especie de TLC yupi pero con la U.S. Army y qué descienda la tropa gringa en nuestras tierras es gud, según él. Ya mucha rima, ta ké, lo allano lirik de una vez: Rafael Rey, sabes qué, causirri, chapa tu pisco 7.9, tómatelo en medio de un baile del tubo y enseña de una vez tu tanga con la cara de Cipriani fumando la PUCP, que si a tu casa dejas entrar al vecino después no te quejes que te quedas sin mujer y vino. Comparito yei yei yei, cómo vas a decir que lamentas no tener una base norteamericana en tierras peruvianas. Tas loco, wirao, fumao, ayahuascao o te pusiste lokix de nuevo en Bariloche, en mix Alan dans suite; ya pe, no atraco tu pensamiento porque se hunde como bala en mar, hazle creer eso a tus monaguillos que los malapalabreros son recontra estrit y calzan talla payaso. Según tu lógica, EEUU no necesitaría una base en Colombia para ser amenaza en la región y te olvidas que el proceso de dominación ocurre caleta. Aparte: No entiendes que es un asunto de valernos por nosotros mismos, y sin querer ya le pusiste la soga en el cuello a tu par del Interior, el Octavio Salazar: si ya pides ayuda al gigante para luchar contra el narcoterrorismo en el VRAE es porque ya se tiró la toalla. Game over, ¡cambio! Mientras que cualquier país sano respeta sus asuntos internos, creo que te hizo mucho daño el repetikuá G.I.Joe y Carlos Mata trabaja en Canal 4 y fácil la haces ahí poke eres clon, como ministro estás en la lleca, sin parangón con la dignidad patriota de los emolienteros de la avenida San Juan que luchan su esquina. Qué calzoncillo de pescador es ese broer, nadie le haga caso, alaos con él mis riders four cats malapalabreitors, yiaaa cowboys speisss!

LA PRIMERA

Narcotraficantes aéreos

¿Será cierto que todos los empresarios que en el Perú quieren incursionar en el negocio aéreo, resultan con algún vínculo con el narcotráfico y que “El Comercio” siempre los descubre? ¿Tendrá algo que ver con eso de las operaciones de “alto vuelo”, que lleva a estas personas a la tentación de querer blanquear dineros mal habidos en una actividad tan visible y competitiva como la aviación comercial? ¿Y por qué habrá antenas tan fuertes para los narcóticos para ciertas empresas e individuos y no para otras?

Solamente pregunto. Porque sentí como es este asunto cuando dudé de la fiscal que no quería volver a Iquitos porque temía por su vida, pese a lo cual el 90% de la prensa decía que era lo máximo de valentía, al punto de enfrentarse a la junta de fiscales supremos. Ahora veo que a Lourdes Flores no la han terminado de demoler todavía porque ha sido su candidata por mucho tiempo, pero todo indica que, si no encuentra un pretexto pronto para alejarse de Cataño, la puede pagar muy caro.

El hecho es que desde comienzos de este año hay mucho más que una investigación como la que se sigue contra el dueño de Peruvian Airlines (que todavía no ha despegado como línea aérea), para el caso de embarque concreto de varias maletas de cocaína en el que están comprendidos el gerente de seguridad de LAP y la supervisora de seguridad de LAN, así como un grupo de trabajadores de ambas empresas, y que es materia de un proceso penal abierto por actuación en banda, sirviéndose del aeropuerto Jorge Chávez como vía de salida, de lo que LA PRIMERA ha dado cuenta detallada. Pero no hay escándalo.

Raúl Tola y Sol Carreño no llaman al gerente general de LAP y le preguntan durante una hora cómo es eso que dice el Ministerio Público de que han estado sacando continuamente embarques de cocaína por nuestro primer aeropuerto y que explique por qué asumieron la defensa del señor Kirch Jr., su gerente, que no sé si sigue en el cargo, tratando de sacarlo del caso, en vez de deslindar con sus ilícitas actividades. Y tampoco “El Comercio” dice una palabra sobre los múltiples embarques de droga salida del Perú detectados en aviones de LAN, ni del último y más notorio que se cogió en Lima. ¿Por qué no le pide al señor Rodríguez Larraín, miembro de su directorio y presidente testaferro de LAN-Perú, que responda como Lourdes Flores?

No sé nada de Cataño o Carhuallanqui, como dicen que se llama realmente, pero si se trata de alguien “dudoso”, que debería ser impedido de dirigir una línea aérea, por qué tantos se hacen los locos con LAP y LAN, que han sido salpicadas seriamente por un caso flagrante de droga lista para ser embarcada. Si Nancy Obregón está “en aprietos”, por haber tenido como trabajador hace dos años a un tipo que lo encuentran en narcotráfico en estos días, y que ha pasado por otros empleos, por qué no están en peores aprietos las empresas cuyos responsables de seguridad eran parte de una banda para sacar cocaína del Perú.

Pregunto nomás.


LA PRIMERA

Hitler hoy

César Hildebrandt
Columnista

El siglo XX empezó con una gran guerra, siguió con una peste, continuó con una segunda gran guerra y terminó con un imperio jugando solitario con el mundo.

No fue un gran siglo el XX. Fue una matanza sucesiva, un frenesí de la abyección.

Ayer recordamos el comienzo de la aventura de uno de los criminales más claros de la historia: Adolfo Hitler. Pero hablando de él se ocultan muchas cosas.

Lo que no dice “El Comercio”, por citar un ejemplo doméstico, es que algunos de sus columnistas y directivos –empezando por don Carlos Miró Quesada Laos- simpatizaron con el fascismo italiano, con el falangismo hispano y con el nazismo alemán. Es que eran universales los muchachos.

Y lo que nadie dice, empezando por la señora Ángela Merkel, es que a Hitler lo apoyaron desde la Bayer, en Munich, hasta la IBM, en Armonk, pasando por toda la aristocracia industrial europea y todos los conservadores del mundo.

Gracias a que Hitler fue, además de asesino, una perfecta mula en términos estratégicos es que no tuvimos un mundo a su medida: una Europa nazi y un Japón imperial dominando la mitad del mundo y una América adecuada siguiéndoles el compás.

Ahora la Europa que autoriza bombardeos en masa y el secuestro de países enteros (Irak, Afganistán), mientras silba mirando el techo cuando de Gaza se trata, pretende distanciarse de Hitler todo lo que puede.

Puede poco. Para recordarnos que hay un Hitler latente detrás de muchos europeos están la derecha austriaca, el franquismo intacto del PP español, la Liga del Norte en aquel Milán que vio nacer a Mussolini. Y ya van a ver ustedes: apenas aprieten las cosas y apenas quemen las papas las “soluciones radicales” se vomitarán en las plazas donde hoy se habla de la democracia como de un valor eterno.

Salimos de la segunda guerra mundial como los mamíferos territoriales que nos gusta ser: sin aprender nada.

No habían terminado de recogerse los escombros en aquel Berlín hecho pedazos cuando estadounidenses y soviéticos estuvieron a punto de empezar la tercera gran guerra.

Y así vivimos, en la cornisa del terror, hasta que el muro de Berlín fue derribado.

Estados Unidos no entendió el mensaje. Que cayera el muro no significaba que se le diera un cheque en blanco.

Pero Estados Unidos actuaba como si se le diera un cheque en blanco. Y en el Medio Oriente armó, avaló y compartió una política israelí que sólo podía convocar a la venganza más extrema.

Y la venganza más extrema y repugnante produjo el triunfo del conservadurismo más hirsuto. Y ya no fueron la cara de Lincoln o de Jefferson las que se asomaron sino la de Dick Cheney y Bush junior. Un canalla y un idiota eran el emblema del país que nos había salvado de Hitler y sus hordas.

¿Nos había salvado?

¿No hubiera Hitler avalado el exterminio de ciudades y civiles?

¿No habría Hitler admirado la mentira de las armas de destrucción que no existían, el rapto y asesinato de sospechosos encerrados en cárceles clandestinas, el campo de concentración de Guantánamo, la alianza del Estado y el capital ante la crisis del sistema?

¿Qué es Hitler hoy? ¿Una pesadilla o un tácito secuaz?


LA PRIMERA

Un felipillo indefendible

El ministro de Defensa es indefendible. Cree que América Latina, incluido el Perú, no debe defenderse de agresiones del poder imperial.

Rafael Rey, miembro conspicuo del Opus Dei, ha declarado ayer que es una lástima que Estados Unidos no nos otorgue ayuda militar para reforzar la lucha contra los terroristas del Valle de los Ríos Apurímac y Ene (VRAE), y lo dijo en el contexto de una ardorosa defensa de las bases yanquis en Colombia.

El ministro de Defensa indica así, implícitamente, que la fuerza armada peruana no puede con esa falange de remanentes del senderismo hoy al servicio del narcotráfico. De paso reconoce, sin decirlo, que él mismo no sirve para nada.

Argumenta él que creer que las bases en Colombia son una amenaza para nuestra América significa ignorar el poderío bélico de Estados Unidos, que igual puede atacar desde su propio territorio. Eso sí que se llama ignorancia. Porque no es lo mismo lanzar una agresión desde California que hacerlo desde una de las dos bases yanquis cercanas a la frontera de Colombia con Venezuela.

Ninguna de las operaciones de guerra de tropas norteamericanas se libran hoy a larga distancia. Por algo eligieron a Pakistán para desatar la guerra contra Irak, y para proseguirla ahora en Afganistán.

Cuando ha lanzado tropas o mercenarios contra algún país latinoamericano, Washington ha recurrido siempre a suelos cercanos al agredido. Los gusanos que se lanzaron contra Cuba en Bahía de los Cochinos partieron de Guatemala. De Honduras salieron los contras que bombardeaban aldeas nicaragüenses en días del primer gobierno sandinista.

Rey ignora, o se hace el olvidadizo, que todas las agresiones e invasiones del siglo XX contra países de nuestra América, salvo en la guerra de las Malvinas, fueron efectuadas por yanquis. Chile sirvió de base para los ingleses que mataban argentinos en las Malvinas. Hay una veintena de agresiones yanquis contra Panamá, Cuba, Haití, Nicaragua, El Salvador, Guatemala, Honduras, República Dominicana y Grenada.

Conoce Rey la historia del Opus Dei, surgida a la sombra del gobierno fascista de Francisco Franco, quien se impuso en España gracias a la ayuda de Hitler y Mussolini, y que siguió matando miles de personas ya terminada la guerra civil. Sabe muy bien asimismo que las dictaduras más sanguinarias de este continente, las de Augusto Pinochet en Chile y Rafael Videla en Argentina, fueron instaladas con estímulo y dólares yanquis. Eso le gusta.

Debo precisar que Rey es un felipillo a la antigua. El historiado indio vivió dos etapas. En la primera fue servil con los conquistadores. En la segunda fue rebelde.

No creo que Rey esté buscando una segunda oportunidad.

Nota bene. A partir de mañana estoy de vacaciones. Lejos del mundanal ruido, tomaré, no obstante, el pulso de la coyuntura.


LA PRIMERA

Los tentáculos del narcotráfico

Hace pocos días publicamos la alarmante noticia de que el Perú se había convertido en el primer exportador mundial de cocaína. A raíz de ello, editorializamos sobre el riesgo de que siga aumentando la influencia política del narcotráfico y nos convierta en un narco-Estado.

Hoy se confirma que el problema ya lo tenemos dentro. Un ex empleado en el despacho de la congresista Nancy Obregón fue detenido al encontrársele 140 kilos de droga. Tampoco es la primera vez que se arresta por sospecha de narcotráfico a alguien cercano a la parlamentaria. Hace algunos meses fue capturado el dirigente de la base cocalera de donde provienen Obregón y la parlamentaria andina Elsa Malpartida; en ese caso fue por transportar insumos químicos para la elaboración de cocaína.

Por otro lado, el consumo tradicional de coca en nuestro país es de solo 9 mil toneladas al año, mientras que la producción nacional es de 125 mil. Es decir, con la cosecha de un solo valle se cubren todas las necesidades legales y tradicionales. El 93% restante es exclusivamente destinado al narcotráfico. A los políticos que andan en busca del voto de los campesinos cocaleros les encanta decir que se pueden desarrollar productos para absorber toda esa producción, lo cual es, simplemente, engañar a la gente. Esa enorme producción de coca es para la elaboración de droga y los traficantes son los únicos compradores que tienen.

Por tanto, el movimiento cocalero no es otra cosa que una fachada del narcotráfico. De esa manera se explica el porqué congresistas nacionales y parlamentarias andinas participan en actos de violencia para impedir labores tanto de erradicación como de sustitución de cultivos. Se escudan en la inmunidad parlamentaria para realizar actos violentos en protección de sus negocios ilegales.

Por ello, si nuestro país es realmente serio en sus intentos por combatir al narcotráfico, lo primero que se debe hacer es retirar de la función pública a cualquier persona con sospecha de mantener vínculos con esas actividades criminales. Así que la parlamentaria Obregón debe ser separada lo antes posible del Congreso hasta que aclare su situación. Aquí no caben tratos ni arreglos bajo la mesa, menos aún decisiones a medias.


PERU 21

Hay indignación y asco por política entreguista del gas ejecutada por ministro Pedro Sánchez

Líder del “nacionalismo” convoca a la creación de un Frente Nacional de la Defensa del Gas
Víctor Alvarado

El líder del Partido Nacionalista, Ollanta Humala, expresó que en el país hay indignación y asco por la política entreguista del gas ejecutada por el ministro de Energía y Minas, Pedro Sánchez, y que se abre paso en la país la necesidad de articular como alternativa la creación de un gran Frente de Defensa Nacional de la Defensa de la Gas con el fin de recuperarlo plenamente para el uso del desarrollo nacional.

“En el tema del gas, se ha legalizado la exportación de casi el 50% de las reservas probadas ascendentes a 8.7 TCF y virtualmente se ha excluido el mercado nacional porque se ha recibido una dotación que no alcanzará para satisfacer la creciente demanda interna, particularmente para la industria eléctrica y el gasoducto andino, y será el Gobierno el que tendrá que enfrentar las consecuencias de su política, dijo.
García, manifestó, tiene un grave responsabilidad, porque primero creó una falsa expectativa al asegurar que no habrá exportación y que el gas se quedará en el Perú, y luego dio luz verde al acuerdo del ministro Sánchez con el Consorcio Camisea para que se exporte a México, y ahora ante la consumación del entreguismo ingresa al mundo de las suposiciones, al anunciar que no habrá escasez porque próximamente se va a encontrar más gas.

Un gran frente
Humala, en un repaso de la situación política, señaló la alternativa de la formación de un Frente Nacional de la Defensa del Gas con la finalidad de aglutinar a todas las fuerzas sociales, gremiales y políticas del país y convertirlo en la instancia que defienda este recurso nacional para uso del desarrollo nacional en consonancia con su carácter estratégico que ha venido adquiriendo en todo el planeta.

Respecto al juicio político para sancionar a los responsables de la renegociación realizada por el ministro de Energía y Minas, Pedro Sánchez, señaló que los legisladores de su agrupación han planteado la interpelación del titular del MEM.

“Nosotros quisiéramos interpelar al presidente García, porque él es el verdadero responsable de esta política, pero como todos sabemos está blindado por la Constitución.

Luego agregó: “La responsabilidad del ministro Pedro Sánchez será en todo caso por haber ejecutado una política verbal o escrita del presidente García, reconocemos que no podemos llegar a la madre del cordero, y esta vez solo llegaremos al cordero, léase el titular de Energía, que como todos los ministros, solo cumple la tarea, no de ministro, sino de secretario del Jefe de Estado”.

Inaceptable
Para Humala, resulta claro que los gobiernos han renunciado a la defensa de los recursos naturales y han aplicado el principio entreguista de que en tanto estos recursos estén en el subsuelo pertenecen al Estado y el que las extrae adquiere derechos de propiedad real. “Eso es lo que estamos viendo en los temas del gas y la minería”.

Calificó de inaceptable que el Estado no tenga injerencia en el contrato de exportación que han celebrado las empresas del Consorcio Camisea para venderle el gas a la empresa Perú LNG, que está conformado por las propias empresas del consorcio, con el agravante de que usan un gasoducto para transportarlo hasta la costa que es de propiedad de todos los peruanos que lo hemos pagado en las facturas de luz eléctrica.

“El Estado no tiene el derecho de intervenir en ese contrato de exportación porque se trata de un contrato entre privados, reservándose las empresas del consorcio Camisea bajo la vestidura de Perú LNG de venderlo a quienes quieran sin necesidad de consultar con el Estado peruano, quien ha renunciado a la propiedad del recurso desde el momento mismo que el Consorcio Camisea extrae el recurso del subsuelo”, manifestó.

“Por eso sostenemos que la política energética en el Perú es una política con características coloniales, en la cual los recursos naturales no están siendo utilizados para el desarrollo nacional, sino para el desarrollo de otros países, en el caso del gas a México, y la participación del Estado en recursos es totalmente pasiva, pues solamente se remite a recepcionar el Impuesto a la Renta”, remarcó.

Anuncio insolente
Seguidamente sustentó que su agrupación política dará una lucha política de largo aliento para revertir esta situación perjudicial para el país, a pesar de los anuncios insolentes de las empresas extractoras de gas, en el sentido de que quien pretenda cambiar los contratos, en alusión a la posibilidad de llegar al Gobierno en las próximas elecciones del 2011, enjuiciarán en todas las instancias al Perú y al Mandatario que pretenda estos cambios.

“Esto fue lo que me dijo un directivo peruano del Consorcio Camisea cuando en una conversación informal le plantee la posibilidad de que un gobierno nacionalista renegocie los contratos en los términos de clausurar la exportación del gas. Él me replicó que las empresas del Consorcio Camisea eran propietarias de la molécula del gas y que eso lo señalaba la Constitución del Perú”, narró.

Le preguntamos a Humala inmediatamente: ¿Si su partido hipotéticamente llegara al Gobierno acometería la modificación de los contratos, a sabiendas de que sería enjuiciado en los tribunales de justicia locales?

Respondió que esa es una responsabilidad que la asumirá porque la posición de su agrupación política es la defensa irrestricta de los intereses nacionales, y que esta posibilidad incluiría sin duda enfrentar a “felipillos” que defienden los intereses extranjeros. “Traidores los hay, ha habido y habrá en todas las épocas”, advirtió.

Respecto a los legítimos reclamos de los sectores sociales y económicos afectados con la carencia de gas, indicó que sus requerimientos son efectivos, porque los 156 MPCD entregados adicionalmente por el Consocio Camisea, en efecto no alcanzarán para satisfacer la demanda de 200 MPCD de cuatro empresas termoeléctricas, tres de ellas instaladas en Chilca y una cuarta en Marcona; y 350 exigidos por el gasoducto andino.

LA RAZON