Uri Ben Schmuel
uribs@larazon.com.pe
“Aquellos que no recuerdan el pasado, están condenados a repetirlo” es probablemente la frase más conocida del filósofo George Santayana (suya es también “sólo la muerte ha visto la terminación de la guerra”, que el general MacArthur atribuyó erróneamente a Platón). Pero de nada sirve recordar el pasado si no se aprende de los errores cometidos. Y eso es lo que sucede en una Europa que en estos días conmemora el inicio, hace 70 años, de la Segunda Guerra Mundial sin haber asimilado la principal lección de esa carnicería. Que no es otra que ésta: el apaciguamiento conduce al despeñadero.
Porque resulta que en la misma semana que los principales líderes europeos se daban golpes de pecho por la genuflexión de sus predecesores ante el totalitarismo nazi, el Reino Unido –la cuna de ese Chamberlain timorato que se arrodilló ante Hitler–, liberaba a Abdelbaset Ali Mohmed al-Megrahi. Un terrorista libio condenado por el llamado atentado de Lockerbie, la ciudad escocesa sobre la que explotó en 1988 un avión de Pan Am, cobrando la vida de 270 personas. El gobierno de Gordon Brown alegó que Al-Megrahi fue excarcelado “en nombre de supremos intereses nacionales”, eufemismo para encubrir un millonario negocio destinado a beneficiar a British Petroleum en Libia. (Para suprema ironía, el terrorista regresó a su país en un avión en cuya escalinata, como lo muestra la foto que ilustra esta columna, había un cartel en el que se leía: “La próxima vez relájese antes de volar”).
De modo que nada ha aprendido Europa. En los años treinta del siglo pasado se mostró débil ante el nazismo y hoy comete el mismo error frente al islamo-fascismo que hace tiempo le declaró la Tercera Guerra Mundial a Occidente. Una guerra que por cierto empezó mucho antes del ataque a las Torres Gemelas, cuyo octavo aniversario se cumple la próxima semana de un septiembre históricamente cruel.
Pero no solo en Europa han olvidado la amarga lección del apaciguamiento. En nuestra región son muchos los que cierran los ojos ante el expansionismo chavista, tan agresivo como el hitleriano. Y con esto llegamos a nuestra casa, el Perú. ¿Por aquí cómo andamos? Pues igual. Los errores de la guerra de 1879 se repiten, con sucesivos gobiernos que han descuidado la defensa nacional. Y que no quieren entender que la diplomacia de nada sirve sin el sustento de una fuerza armada digna de tal nombre. Y eso para no hablar de esa otra guerra, más reciente, que está lejos de haber terminado, como lo muestra el ataque de ayer a un helicóptero en el VRAE. Una guerra que nuestras tropas deben librar no solo en el frente de batalla contra los senderistas. También en la retaguardia, donde todos los días sufren la emboscada de la quinta columna agazapada en las ONG que supuestamente defienden los “derechos humanos”. Sí, lamentablemente Santayana tenía mucha razón...
LA RAZON
uribs@larazon.com.pe
“Aquellos que no recuerdan el pasado, están condenados a repetirlo” es probablemente la frase más conocida del filósofo George Santayana (suya es también “sólo la muerte ha visto la terminación de la guerra”, que el general MacArthur atribuyó erróneamente a Platón). Pero de nada sirve recordar el pasado si no se aprende de los errores cometidos. Y eso es lo que sucede en una Europa que en estos días conmemora el inicio, hace 70 años, de la Segunda Guerra Mundial sin haber asimilado la principal lección de esa carnicería. Que no es otra que ésta: el apaciguamiento conduce al despeñadero.
Porque resulta que en la misma semana que los principales líderes europeos se daban golpes de pecho por la genuflexión de sus predecesores ante el totalitarismo nazi, el Reino Unido –la cuna de ese Chamberlain timorato que se arrodilló ante Hitler–, liberaba a Abdelbaset Ali Mohmed al-Megrahi. Un terrorista libio condenado por el llamado atentado de Lockerbie, la ciudad escocesa sobre la que explotó en 1988 un avión de Pan Am, cobrando la vida de 270 personas. El gobierno de Gordon Brown alegó que Al-Megrahi fue excarcelado “en nombre de supremos intereses nacionales”, eufemismo para encubrir un millonario negocio destinado a beneficiar a British Petroleum en Libia. (Para suprema ironía, el terrorista regresó a su país en un avión en cuya escalinata, como lo muestra la foto que ilustra esta columna, había un cartel en el que se leía: “La próxima vez relájese antes de volar”).
De modo que nada ha aprendido Europa. En los años treinta del siglo pasado se mostró débil ante el nazismo y hoy comete el mismo error frente al islamo-fascismo que hace tiempo le declaró la Tercera Guerra Mundial a Occidente. Una guerra que por cierto empezó mucho antes del ataque a las Torres Gemelas, cuyo octavo aniversario se cumple la próxima semana de un septiembre históricamente cruel.
Pero no solo en Europa han olvidado la amarga lección del apaciguamiento. En nuestra región son muchos los que cierran los ojos ante el expansionismo chavista, tan agresivo como el hitleriano. Y con esto llegamos a nuestra casa, el Perú. ¿Por aquí cómo andamos? Pues igual. Los errores de la guerra de 1879 se repiten, con sucesivos gobiernos que han descuidado la defensa nacional. Y que no quieren entender que la diplomacia de nada sirve sin el sustento de una fuerza armada digna de tal nombre. Y eso para no hablar de esa otra guerra, más reciente, que está lejos de haber terminado, como lo muestra el ataque de ayer a un helicóptero en el VRAE. Una guerra que nuestras tropas deben librar no solo en el frente de batalla contra los senderistas. También en la retaguardia, donde todos los días sufren la emboscada de la quinta columna agazapada en las ONG que supuestamente defienden los “derechos humanos”. Sí, lamentablemente Santayana tenía mucha razón...
LA RAZON



No hay comentarios:
Publicar un comentario