Hace pocos días publicamos la alarmante noticia de que el Perú se había convertido en el primer exportador mundial de cocaína. A raíz de ello, editorializamos sobre el riesgo de que siga aumentando la influencia política del narcotráfico y nos convierta en un narco-Estado.
Hoy se confirma que el problema ya lo tenemos dentro. Un ex empleado en el despacho de la congresista Nancy Obregón fue detenido al encontrársele 140 kilos de droga. Tampoco es la primera vez que se arresta por sospecha de narcotráfico a alguien cercano a la parlamentaria. Hace algunos meses fue capturado el dirigente de la base cocalera de donde provienen Obregón y la parlamentaria andina Elsa Malpartida; en ese caso fue por transportar insumos químicos para la elaboración de cocaína.
Por otro lado, el consumo tradicional de coca en nuestro país es de solo 9 mil toneladas al año, mientras que la producción nacional es de 125 mil. Es decir, con la cosecha de un solo valle se cubren todas las necesidades legales y tradicionales. El 93% restante es exclusivamente destinado al narcotráfico. A los políticos que andan en busca del voto de los campesinos cocaleros les encanta decir que se pueden desarrollar productos para absorber toda esa producción, lo cual es, simplemente, engañar a la gente. Esa enorme producción de coca es para la elaboración de droga y los traficantes son los únicos compradores que tienen.
Por tanto, el movimiento cocalero no es otra cosa que una fachada del narcotráfico. De esa manera se explica el porqué congresistas nacionales y parlamentarias andinas participan en actos de violencia para impedir labores tanto de erradicación como de sustitución de cultivos. Se escudan en la inmunidad parlamentaria para realizar actos violentos en protección de sus negocios ilegales.
Por ello, si nuestro país es realmente serio en sus intentos por combatir al narcotráfico, lo primero que se debe hacer es retirar de la función pública a cualquier persona con sospecha de mantener vínculos con esas actividades criminales. Así que la parlamentaria Obregón debe ser separada lo antes posible del Congreso hasta que aclare su situación. Aquí no caben tratos ni arreglos bajo la mesa, menos aún decisiones a medias.
PERU 21
Hoy se confirma que el problema ya lo tenemos dentro. Un ex empleado en el despacho de la congresista Nancy Obregón fue detenido al encontrársele 140 kilos de droga. Tampoco es la primera vez que se arresta por sospecha de narcotráfico a alguien cercano a la parlamentaria. Hace algunos meses fue capturado el dirigente de la base cocalera de donde provienen Obregón y la parlamentaria andina Elsa Malpartida; en ese caso fue por transportar insumos químicos para la elaboración de cocaína.
Por otro lado, el consumo tradicional de coca en nuestro país es de solo 9 mil toneladas al año, mientras que la producción nacional es de 125 mil. Es decir, con la cosecha de un solo valle se cubren todas las necesidades legales y tradicionales. El 93% restante es exclusivamente destinado al narcotráfico. A los políticos que andan en busca del voto de los campesinos cocaleros les encanta decir que se pueden desarrollar productos para absorber toda esa producción, lo cual es, simplemente, engañar a la gente. Esa enorme producción de coca es para la elaboración de droga y los traficantes son los únicos compradores que tienen.
Por tanto, el movimiento cocalero no es otra cosa que una fachada del narcotráfico. De esa manera se explica el porqué congresistas nacionales y parlamentarias andinas participan en actos de violencia para impedir labores tanto de erradicación como de sustitución de cultivos. Se escudan en la inmunidad parlamentaria para realizar actos violentos en protección de sus negocios ilegales.
Por ello, si nuestro país es realmente serio en sus intentos por combatir al narcotráfico, lo primero que se debe hacer es retirar de la función pública a cualquier persona con sospecha de mantener vínculos con esas actividades criminales. Así que la parlamentaria Obregón debe ser separada lo antes posible del Congreso hasta que aclare su situación. Aquí no caben tratos ni arreglos bajo la mesa, menos aún decisiones a medias.
PERU 21



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