Lamentable y cómplice es el rol del editor que ha publicado el libro del genocida Abimael Guzmán y de su pareja sentimental, Elena Iparraguirre (artífices de un tinglado que busca proyectar mediáticamente al senderismo). Separemos las cosas en este caso de flagrante apología del terrorismo disfrazada de literatura. Todos en el Perú pueden escribir, pensar y opinar libremente, así como nadie puede ni debe ser motivo de censura ni de sufrir cortapisas a su derecho de expresión.
Sin embargo, este no es el caso de Guzmán ni el de su editor cómplice. Por lo demás un librero que simplemente publica un texto para llamar “doctor” al genocida Guzmán Reinoso, como aparece en el libro de marras en varias ocasiones. Eso de por sí ya es indicador de la admiración y subordinación del letrado al primer criminal del país. Y peor, convertirse en intermediario para solicitar que, por favor, la sociedad peruana perdone al terrorista. Ahora, dadas las características de un cabecilla genocida como el autoproclamado “presidente Gonzalo”, y vista la comprobación de que Sendero Luminoso es una horda criminal, demencial y fundamentalista, es inevitable tomar en cuenta que existen derechos constitucionales superiores que protegen a la sociedad y que tendrían que motivar el rechazo unánime de las autoridades y de todo el país frente a presentaciones de libros senderistas como el que comentamos, en medio de antojadizos salones supuestamente altruistas, inofensivos, nostálgicos o progresistas.
No se trata en este tema de ser críticos sino de ir más allá. Se tiene que tomar partido por la defensa de la vida, por el respeto a las 30 mil personas masacradas como consecuencia de la lucha armada conducida por Sendero Luminoso, y por blindar la paz y el bienestar de una nación que detesta al terrorismo, para que no regrese a enlutar a los hogares del Perú, ni a destruir la infraestructura de los pueblos, ni a ver actuar a esas ideologías asesinas cuyas fauces buscan devorar las mentes y conciencias de jóvenes manipulados para perpetrar actos violentos como los practicados por los senderistas.
Cualquiera que conoce la ideología maoísta, y los agregados hechos sobre ella por la “cuarta espada” (Abimael Guzmán), sabe que su “guerra” terrorista es larga, y que considera que la terrible derrota que le infligió a Sendero el Estado peruano fue sólo “un recodo en el camino de la revolución”. Están convencidos también que vendrán nuevas generaciones que retomarán “las banderas de la lucha guerrillera popular”, a través de nuevas incursiones armadas con más muertes y destrucción masiva.
Por eso rechazamos que un sujeto (Hugo Villanueva) salga de su pedestre papel de editor y se transforme en vocero del senderismo, encima reclamando “diálogo”, “reflexión”, “perdón”, “reconciliación” con quienes aterrorizaron y dinamitaron a la colectividad peruana. Ante tamaña desfachatez, es hora que las autoridades investiguen al tal Villanueva y a todos los responsables de este libro incendiario. No es fortuito que un seudo editor y el abogado de Guzmán, de nombre Alfredo Crespo, juntos den la cara. Hay de por medio un mensaje críptico a los activos reorganizadores de la memoria senderista. ¡Cuidado! Estamos frente a un evidente proceso de reagrupamiento senderista (nada clandestino) que, entre otras trampas, procuraría captar nuevos adeptos a través de proyectos abyectos como el de este libro apologético del terrorismo
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Sin embargo, este no es el caso de Guzmán ni el de su editor cómplice. Por lo demás un librero que simplemente publica un texto para llamar “doctor” al genocida Guzmán Reinoso, como aparece en el libro de marras en varias ocasiones. Eso de por sí ya es indicador de la admiración y subordinación del letrado al primer criminal del país. Y peor, convertirse en intermediario para solicitar que, por favor, la sociedad peruana perdone al terrorista. Ahora, dadas las características de un cabecilla genocida como el autoproclamado “presidente Gonzalo”, y vista la comprobación de que Sendero Luminoso es una horda criminal, demencial y fundamentalista, es inevitable tomar en cuenta que existen derechos constitucionales superiores que protegen a la sociedad y que tendrían que motivar el rechazo unánime de las autoridades y de todo el país frente a presentaciones de libros senderistas como el que comentamos, en medio de antojadizos salones supuestamente altruistas, inofensivos, nostálgicos o progresistas.
No se trata en este tema de ser críticos sino de ir más allá. Se tiene que tomar partido por la defensa de la vida, por el respeto a las 30 mil personas masacradas como consecuencia de la lucha armada conducida por Sendero Luminoso, y por blindar la paz y el bienestar de una nación que detesta al terrorismo, para que no regrese a enlutar a los hogares del Perú, ni a destruir la infraestructura de los pueblos, ni a ver actuar a esas ideologías asesinas cuyas fauces buscan devorar las mentes y conciencias de jóvenes manipulados para perpetrar actos violentos como los practicados por los senderistas.
Cualquiera que conoce la ideología maoísta, y los agregados hechos sobre ella por la “cuarta espada” (Abimael Guzmán), sabe que su “guerra” terrorista es larga, y que considera que la terrible derrota que le infligió a Sendero el Estado peruano fue sólo “un recodo en el camino de la revolución”. Están convencidos también que vendrán nuevas generaciones que retomarán “las banderas de la lucha guerrillera popular”, a través de nuevas incursiones armadas con más muertes y destrucción masiva.
Por eso rechazamos que un sujeto (Hugo Villanueva) salga de su pedestre papel de editor y se transforme en vocero del senderismo, encima reclamando “diálogo”, “reflexión”, “perdón”, “reconciliación” con quienes aterrorizaron y dinamitaron a la colectividad peruana. Ante tamaña desfachatez, es hora que las autoridades investiguen al tal Villanueva y a todos los responsables de este libro incendiario. No es fortuito que un seudo editor y el abogado de Guzmán, de nombre Alfredo Crespo, juntos den la cara. Hay de por medio un mensaje críptico a los activos reorganizadores de la memoria senderista. ¡Cuidado! Estamos frente a un evidente proceso de reagrupamiento senderista (nada clandestino) que, entre otras trampas, procuraría captar nuevos adeptos a través de proyectos abyectos como el de este libro apologético del terrorismo
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