Por: Jaime de Althaus Guarderas
Lo positivo fue que el Gobierno tomara la decisión política de enfrentar a las columnas narcosenderistas del VRAE, luego de más de una década de inacción durante la cual esas columnas se fortalecieron y convirtieron en la fuerza armada del narcotráfico. Lo negativo fue que esta decisión no contara con todos los elementos necesarios para que esa ofensiva pudiese ser exitosa.
Sorprendió, desde el comienzo, el escaso número de helicópteros, pero más aun que no fueran blindados. Hasta ahora no se entiende bien por qué no se usan en esta guerra los cuatro MI25 —blindados y artillados— que tiene la FAP operativos. Tampoco se dispondría hasta ahora de instrumentos de inteligencia satelital, aérea y electrónica, indispensables para ubicar las columnas y efectuar ataques quirúrgicos. Y la inteligencia táctica —humana— es muy débil. Las rondas campesinas, resentidas con el Estado Peruano por ausencia de reconocimiento a sus campañas heroicas contra Sendero Luminoso, y hasta señaladas por supuesta violación de derechos humanos en algunos casos, dejaron hace mucho tiempo de estar articuladas al sistema de defensa y de inteligencia, y más bien juegan para el narcosenderismo o eventualmente para los bloqueos antisistema.
Debe recordarse que Sendero solo pudo ser derrotado cuando las Fuerzas Armadas se aliaron con las comunidades. Ahora, sin el apoyo campesino, ya vemos lo que está pasando. Pero no se trata, esta vez, de movilizar a los comités de autodefensa para la guerra, sino para el desarrollo, para su incorporación productiva al mercado. Hay que recuperar a estas rondas, comenzando por las de las partes altas del VRAE, de la sierra contigua a ese extenso valle, que es de donde salen los brazos para la cosecha de la coca y para el transporte de la droga. En esta ocasión, en lugar de darles armas, habría que proporcionarles instrumentos tecnológicos para que puedan salir de la pobreza, conectarse al mercado y romper la dependencia de la economía de la coca (y celulares para que avisen cuando vean algo sospechoso). Lo que, de otro lado, sería la mejor reparación colectiva e individual imaginable.
Los dirigentes de las rondas son líderes naturales. Ellos podrían, convenientemente capacitados, liderar la modernización tecnológica en sus comunidades. Las condiciones para la inclusión exitosa en el mercado nacional e internacional están dadas: Se está construyendo o asfaltando carreteras, las telecomunicaciones están penetrando y, de otro lado, se necesita ampliar el mercado interno para compensar en alguna medida la relativa depresión del mercado externo. Es el momento.
EL COMERCIO
Lo positivo fue que el Gobierno tomara la decisión política de enfrentar a las columnas narcosenderistas del VRAE, luego de más de una década de inacción durante la cual esas columnas se fortalecieron y convirtieron en la fuerza armada del narcotráfico. Lo negativo fue que esta decisión no contara con todos los elementos necesarios para que esa ofensiva pudiese ser exitosa.
Sorprendió, desde el comienzo, el escaso número de helicópteros, pero más aun que no fueran blindados. Hasta ahora no se entiende bien por qué no se usan en esta guerra los cuatro MI25 —blindados y artillados— que tiene la FAP operativos. Tampoco se dispondría hasta ahora de instrumentos de inteligencia satelital, aérea y electrónica, indispensables para ubicar las columnas y efectuar ataques quirúrgicos. Y la inteligencia táctica —humana— es muy débil. Las rondas campesinas, resentidas con el Estado Peruano por ausencia de reconocimiento a sus campañas heroicas contra Sendero Luminoso, y hasta señaladas por supuesta violación de derechos humanos en algunos casos, dejaron hace mucho tiempo de estar articuladas al sistema de defensa y de inteligencia, y más bien juegan para el narcosenderismo o eventualmente para los bloqueos antisistema.
Debe recordarse que Sendero solo pudo ser derrotado cuando las Fuerzas Armadas se aliaron con las comunidades. Ahora, sin el apoyo campesino, ya vemos lo que está pasando. Pero no se trata, esta vez, de movilizar a los comités de autodefensa para la guerra, sino para el desarrollo, para su incorporación productiva al mercado. Hay que recuperar a estas rondas, comenzando por las de las partes altas del VRAE, de la sierra contigua a ese extenso valle, que es de donde salen los brazos para la cosecha de la coca y para el transporte de la droga. En esta ocasión, en lugar de darles armas, habría que proporcionarles instrumentos tecnológicos para que puedan salir de la pobreza, conectarse al mercado y romper la dependencia de la economía de la coca (y celulares para que avisen cuando vean algo sospechoso). Lo que, de otro lado, sería la mejor reparación colectiva e individual imaginable.
Los dirigentes de las rondas son líderes naturales. Ellos podrían, convenientemente capacitados, liderar la modernización tecnológica en sus comunidades. Las condiciones para la inclusión exitosa en el mercado nacional e internacional están dadas: Se está construyendo o asfaltando carreteras, las telecomunicaciones están penetrando y, de otro lado, se necesita ampliar el mercado interno para compensar en alguna medida la relativa depresión del mercado externo. Es el momento.
EL COMERCIO



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