Autor: Fritz Du Bois
Pese a que el Congreso continúa hundiéndose en la impopularidad e indiferencia del ciudadano, va a rechazar la propuesta que el presidente hiciera en su mensaje a la nación, pues está por archivar la reforma constitucional que introducía la renovación por mitades de los parlamentarios, lo cual habría sido muy bien recibido por la población.
Peor aun, algunos insisten en aprobar lo que ellos llaman equivocadamente reformas –eliminación del voto preferencial, aumentar el número de congresistas–, que son medidas que desde el punto de vista del electorado parecen, más bien, intentos para que los actuales parlamentarios tengan más oportunidad para mantenerse en sus cargos. Es sorprendente que esta aversión a reformar se da pese a que el 64% de la población está de acuerdo con la renovación del Congreso.
Asimismo, un porcentaje similar está a favor de que el voto sea voluntario y no obligatorio, reforma que también se encarpetó. Uno hubiera pensado que la esencia de la democracia era que los congresistas le hicieran caso al electorado que los eligió, pero ese sería considerado un punto de vista simplista en la plaza Bolívar. A quién le importa lo que la gente quiere; lo que realmente cuenta es el interés de los parlamentarios.
Así que, salvo que ocurra un cambio dramático en la posición de las bancadas, parece que tendremos que esperar a un nuevo Congreso para lograr reformas en la manera como se elige al Poder Legislativo y, especialmente, en cómo se relaciona con el ciudadano.
Mientras esperamos, no sería mala idea ir desarrollando un manifiesto ciudadano para las próximas elecciones que incluya no solo el voto facultativo y la renovación por tercios, sino, más importante aún, el crear distritos electorales individuales para cada parlamentario.
Esta última sería una reforma fundamental, ya que los obligaría a explicarle permanentemente a la población que los eligió el porqué asumen una determinada posición, en lugar de ofrecer el oro y el moro cada cinco años buscando la reelección para, luego, no rendir cuentas hasta los próximos comicios.
Por ello, creo que un sistema de representación individual es la única manera de construir un vínculo, hoy inexistente, entre el Parlamento y el pueblo, para revertir el alarmante nivel de rechazo que tiene el Congreso entre los peruanos.
PERU 21
Pese a que el Congreso continúa hundiéndose en la impopularidad e indiferencia del ciudadano, va a rechazar la propuesta que el presidente hiciera en su mensaje a la nación, pues está por archivar la reforma constitucional que introducía la renovación por mitades de los parlamentarios, lo cual habría sido muy bien recibido por la población.
Peor aun, algunos insisten en aprobar lo que ellos llaman equivocadamente reformas –eliminación del voto preferencial, aumentar el número de congresistas–, que son medidas que desde el punto de vista del electorado parecen, más bien, intentos para que los actuales parlamentarios tengan más oportunidad para mantenerse en sus cargos. Es sorprendente que esta aversión a reformar se da pese a que el 64% de la población está de acuerdo con la renovación del Congreso.
Asimismo, un porcentaje similar está a favor de que el voto sea voluntario y no obligatorio, reforma que también se encarpetó. Uno hubiera pensado que la esencia de la democracia era que los congresistas le hicieran caso al electorado que los eligió, pero ese sería considerado un punto de vista simplista en la plaza Bolívar. A quién le importa lo que la gente quiere; lo que realmente cuenta es el interés de los parlamentarios.
Así que, salvo que ocurra un cambio dramático en la posición de las bancadas, parece que tendremos que esperar a un nuevo Congreso para lograr reformas en la manera como se elige al Poder Legislativo y, especialmente, en cómo se relaciona con el ciudadano.
Mientras esperamos, no sería mala idea ir desarrollando un manifiesto ciudadano para las próximas elecciones que incluya no solo el voto facultativo y la renovación por tercios, sino, más importante aún, el crear distritos electorales individuales para cada parlamentario.
Esta última sería una reforma fundamental, ya que los obligaría a explicarle permanentemente a la población que los eligió el porqué asumen una determinada posición, en lugar de ofrecer el oro y el moro cada cinco años buscando la reelección para, luego, no rendir cuentas hasta los próximos comicios.
Por ello, creo que un sistema de representación individual es la única manera de construir un vínculo, hoy inexistente, entre el Parlamento y el pueblo, para revertir el alarmante nivel de rechazo que tiene el Congreso entre los peruanos.
PERU 21



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