10.2.09

El reino del timo

Por: Mariella Balbi Periodista

Habría que hacer la historia de los nombramientos para cargos públicos que duran fugaces instantes. El de Fernando Olivera a la cancillería fue uno de los más recientes, pero con seguridad son muchos más. El último, que se inscribe bien en este estilo tan peruano de “tocata y fuga”, es el nombramiento y destitución de Ingrid Suárez a la contraloría. Aunque también evidencia que, en nuestro medio, el engaño, la embustería, la bribia pueden llegar a un nivel de refinamiento verdaderamente sorprendente. Como es natural, esto trae un incremento de la desconfianza nacional que es pernicioso. Los integrantes de la comisión que propuso a tres candidatos a la contraloría no imaginaron que debían actuar como verdaderos “cholo Holmes” e internarse en los meandros de la engañifa, haciendo del recelo una profesión.

Lo sorprendente de este caso es cómo el personaje en cuestión pudo actuar con tanta sangre fría y tener el coraje de mentirle al país, sabiendo que las calificaciones que presentó eran falsas de toda falsedad. Algunos argumentarán que se trata de una conducta psicopática más, dejando ahí el asunto. Sin embargo, resulta fascinante tratar de descifrar cada uno de los timadores pasos que dio esta fallida contralora. Imaginar su fuero interno mientras preparaba sus papeles para la postulación o cuando se presentó a la comisión del Congreso jactándose de ser algo que no era. Esto siempre será motivo de curiosidad, malsana tal vez, pero legítima. Sobre todo por la naturaleza del cargo, ser contralora, implica, necesariamente, ser honesta, imparcial, no mentir.

Hay que reconocerle habilidad a Suárez, tuvo ardorosos defensores que la respaldaron a capa y espada. Incluso alguien controvertido pero honesto como Rafael Rey llegó a decir que firmaba: Ing. Suárez, no porque estuviera presumiendo de un título de ingeniera que nunca tuvo, carrera que no siguió, sino más bien porque era la abreviatura de su nombre, Ingrid. “Patapúfete”. Este insólito caso devela también que no tenemos gente preparada y dispuesta para asumir este importante cargo. Pocos de los nombres propuestos recientemente son solventes y la lista inicial de postulantes era abundante además de insulsa.

Pese a algunos encontronazos, el ingeniero Matute supo llevar a la contraloría por la buena senda, la modernizó y formó profesionales competentes, por eso tal vez lo mejor es voltear los ojos a la misma institución y elegir de ahí al reemplazante. Implicaría continuidad y el fortalecimiento de una entidad fundamental para contar con un Estado oleado y sacramentado.

EL COMERCIO

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