4.8.09

Atentados, un peligro impreciso

Por Mirko Lauer

Es sintomático el entrevero de nombres que en estos días rodea cada atentado en el país. Senderistas, narcos, terroristas, narcoterroristas, subversivos, remanentes, es la parte más conocida de la lista, pero no la agota. Todo es verdad, pero las palabras transmiten matices, y ciertas dudas sobre lo que se está enfrentando.

¿Solo droga? ¿Solo Mao? ¿Solo las armas? ¿O también la calle y los votos? ¿Solo escondites en la espesura? ¿O también redes internacionales?

Hay algunas evidencias que parecen incuestionables. El narcotráfico tiene y usa una creciente capacidad de violencia, en las zonas de la producción de droga y en aquellas que rodean a sus canales de distribución. Hay columnas armadas que se reclaman senderistas y cuya capacidad operativa va en alza. Ambos coinciden en su enfrentamiento a las fuerzas del orden.

Está claro que los dos fenómenos vienen juntos, ¿pero cómo? El sentido común nos lleva a equiparar lo que sucede aquí en estos años con lo que sucede en Colombia, donde grupos subversivos convencionales mantienen relaciones de canje y mutuo fortalecimiento con el narcotráfico. Sin embargo aquí parece haber variantes.

Hasta aquí una idea vigente ha sido que el senderismo es una actividad en decadencia, al grado de poder ser considerados algo así como wachimanes del narcotráfico que utilizan un membrete político para circular mejor entre los habitantes de la zona cocalera. Esta es una idea que debería entrar en revisión.

Los grupos armados colombianos siempre han promovido la idea de que ellos utilizan a los narcos para sus propios fines. El caso peruano sería exactamente al revés, pero eso no está del todo claro. El senderismo del VRAE tiene un perfil bajo ideológico y propagandístico que apunta en esa dirección, pero las declaraciones sobre la toma del poder existen.

La diferencia entre las dos situaciones no es académica, sino práctica, pues tiene que ver con el deseo y la posibilidad de SL de actuar también en escenarios de convulsión social. Es decir de poder irse abriendo un camino de coincidencias en la acción con formas radicales de protesta desvinculadas del narcotráfico.

Hasta el momento el problema viene siendo tratado como un asunto policial, es decir incidente por incidente, con silencio entre uno y otro. Esto es producto directo de una priorización de la faceta narco del problema. Una priorización del contenido político obliga a ver el problema como una continuidad en el tiempo, y en el espacio.

En estos tiempos en que América Latina polemiza en torno de un grupo armado conectado con el narcotráfico y sus lazos con políticos y gobiernos de diversos países, la tipificación exacta de la cadena de atentados por todo el país es una necesidad urgente.

LA REPUBLICA

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