4.8.09

Inversión peruana en Chile

SE REFUERZAN LAS RELACIONES COMERCIALES CON EL VECINO DEL SUR

Por: Editorial El Mercurio de Chile

La noticia de que el grupo peruano Brescia adquirió las operaciones de la empresa cementera francesa Lafarge en nuestro país (Cementos Melón) en la suma de 555 millones de dólares solo tiene facetas positivas. Lafarge es uno de los tres grandes grupos mundiales de cemento, y sus actividades se vieron afectadas por la recesión mundial. Eso lo obligó a deshacerse de algunos activos para enfrentar las dificultades y tratar de conseguir una caja de unos mil millones de dólares. Cementos Melón era un activo apreciado, y por eso mismo podría tener más liquidez.

De hecho, el que la venta haya sido una operación tan rápida es una de dichas facetas positivas, porque indica que la economía chilena tiene la credibilidad necesaria para que los agentes internacionales se interesen por adquirir en ella activos importantes sin mayores dilaciones. Esta es la segunda mayor inversión internacional en nuestro país en lo que va del año, luego del ingreso de Wal-Mart, tras adquirir el 60% de D&S.

En el Perú, este hecho fue ampliamente destacado, pues constituye la mayor inversión peruana en Chile y marca una interesante tendencia: ya no son solo las inversiones chilenas en el Perú las que hacen noticia, sino también a la inversa. La importancia de esto es evidente. Las relaciones entre los países se estrechan cuando se multiplican las relaciones económicas entre ellos, inversiones, comercio, sociedades. Ese proceso crea favorables dependencias mutuas, intereses complementarios y un intercambio fluido entre personas, sean ellas empresarios, ejecutivos o trabajadores. Asimismo, los servicios bancarios, de seguros, turísticos, se ven demandados, integrando a su vez un círculo que solo puede ser virtuoso.

Chile y el Perú tienen relaciones aún marcadas por tensiones históricas, traducidas en la actualidad en el diferendo respecto de la delimitación marítima norte que el Perú ha planteado a la Corte Internacional de La Haya. Pero esta inversión peruana en Chile, además de los casi US$5.000 millones de inversión chilena en Perú, marca para dichas relaciones en el siglo XXI un camino distinto, de intercambio, intereses comunes, servicios y prosperidad compartidos. Es lo que el presidente García ha planteado, y lo que el Gobierno de Chile prefiere. Cabe desear que el flujo de inversiones peruanas en nuestro país continúe, y dar obvia bienvenida a iniciativas que aporten realmente al desarrollo económico de ambos países.

EL COMERCIO

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