5.8.09

La democracia boba (II)

Uri Ben Schmuel
uribs@larazon.com.pe


Numerosas naciones a lo largo de su historia han enfrentado situaciones en las cuales tuvieron que encarar la conducta de sus militares. “Los más sabios y experimentados fueron los romanos”, anota Maquiavelo en su obra “Discursos de la primera década de Tito Livio”. “Ellos eran menos desagradecidos que otras repúblicas cuando se trataba de castigar a los militares por sus errores”, dice el florentino, “y el más sonado ejemplo fue que a Cayo Terencio Varrón, por cuya temeridad los romanos fueron emboscados y derrotados a manos del general cartaginés Aníbal en Cannas, no se le castigó sino que le rindieron honores (...) El Senado en pleno salió a recibirlo y como no podían felicitarlo por la desastrosa batalla, lo congratularon al haber regresado a Roma y dar la cara”.
¡Qué abismo entre aquellos romanos y lo que sucede en el Perú! A los militares y policías que pusieron el pecho contra el terrorismo –a diferencia de Varrón, ellos triunfaron en mil batallas y ganaron la guerra– los llenaron de escarnio a través de la infame “Comisión de la Verdad”. Y jueces y fiscales los persiguen con más saña que a criminales. Como señalamos en la columna del martes, hay 800 uniformados enjuiciados por supuesta violación de DD HH. De ellos, 200 están peleando en el VRAE en estos momentos contra los asesinos de SL. Cada semana, deben distraerse los escasos recursos logísticos para trasladarlos a Ayacucho, a enfrentar un sistema judicial adoctrinado por Justicia Viva y otras ONG.


De modo que, volviendo a la pregunta que hicimos en la columna anterior, ¿cómo ganar una guerra en estas condiciones? No vamos a repetir lo que es obvio –mejor logística, fortalecer la Inteligencia, etc– porque lo más importante es darle pleno respaldo político a unas FF AA desmoralizadas.

Y para ello, lo primero es poner fin de inmediato a la perversa cacería de la izquierda, a través de una Ley de Punto Final. Una similar a la Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado que promulgó en Uruguay, a fines de 1986, el gobierno democrático de Julio María Sanguinetti. Allá la progresía pretendió anularla mediante referendo, pero los uruguayos votaron por 57% contra 43 para que se mantenga. Aquí, una consulta a favor de una amnistía para los militares, nos atrevemos a apostar, obtendría el 99.5 por ciento de los votos. Solo el puñado de caviares que son quinta columna de SL y el MRTA votaría en contra.

Y también habría que poner en la congeladora (por no decir que tendría que arrojarse al tacho) el proyecto del Museo de la Memoria. Por más que se asegure lo contrario, va a ser un santuario progre para arrojar lodo a la Fuerza Armada. Ojalá que el Ejecutivo y el Congreso dejen de hacerse en los pantalones por las portadas de la argolla mediática caviar, los chillidos de las ONG y la posibilidad de caer en las encuestas y pongan manos a la obra. Terminemos con el maltrato a nuestras fuerzas armadas y PNP. Demostremos que podemos ser una nación agradecida. Y sobre todo, dejemos de ser una democracia boba si queremos derrotar definitivamente a SL.

LA RAZON

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