9.8.09

Ataques a García: pensándolo dos veces

Por Mirko Lauer

entamente Alan García va dejando de ser la figura que la oposición del 2011 tiene que atacar. Cada vez más el político de al lado se va volviendo más peligroso que el político de al frente, y García se va volviendo el hombre que tiene que ser enamorado o neutralizado o ninguneado, mas no atacado. Es una lección práctica que ha demorado en calar, pero ya está entre nosotros.

Lourdes Flores, la política más experimentada del gremio, ha empezado el viraje. De atacar a García ha pasado a criticar directamente políticas y decisiones del gobierno. Es claro que ya no siente la necesidad de afilar su perfil opositor, sino uno de buena administradora y celosa defensora de intereses de la población.

El propio Ollanta Humala va por ese camino. En su necesidad de mantenerse en la coba a una clientela radical y la construcción de una imagen más al centro le empieza a rendir más la crítica a aspectos del sistema que el pico a pico con cualquier dignatario. Además lanzar invectivas contra García de alguna manera lo identifica con Evo Morales.

El único que todavía sigue antialanizando su imagen es Alejandro Toledo. En parte porque la fórmula le ha rendido, en parte porque mantiene un entredicho personal con el presidente, en parte porque cree que la precampaña presidencial recién va a comenzar cuando él vuelva a instalarse en Lima.

El nuevo status de García no se debe a que sus críticos lo estén detestando menos, sino a que han aparecido tareas más urgentes para quien quiera candidatear en los próximos tiempos. La más importante: articular un discurso que vaya convenciendo al público de que el orador tiene un proyecto más eficiente que la gestión de este gobierno.

El contenido de ese discurso no se enriquece priorizando el señalamiento de las equivocaciones, las debilidades, o incluso las maldades de García. Eso va quedando cada vez más como un monopolio de la izquierda más radical, que no se mueve en virtud de una estrategia electoral, sino en una de descolocamiento de los sectores más moderados.

Es posible que García preferiría ser directa y fuertemente atacado un tiempo más, pues eso ayuda a mantenerlo en el epicentro de la escena política, y se parece mucho a un papel protagónico del Apra. No descartemos que todavía haga algunos esfuerzos por citar a los toros del 2011, y llevarlos a su terreno.

En esa convocatoria habría poco que ganar, y mucho que perder. No fue al candidato que más atacó a García en 1990 a quien mejor le fue. Como que la gente aplaude al que más y mejor ataca, pero una mayoría decisiva tiende a votar por el que más convincentemente propone.

LA REPUBLICA

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