Este domingo tenemos como invitada a la pluma del lúcido Gonzalo Zegarra Mulanovich, director de Semana Económica, transcribiendo su columna "Ollanta, Sendero y el demonio":
"José Antonio Fortea es un cura español que apenas frisa los 40 años. Escribió su tesis sobre la figura del demonio en la Biblia, y terminó "sin querer queriendo" convertido en exorcista. De sus memorias -que estoy leyendo- dos cosas me han impresionado: lo muy mundano de su biografía (uno imagina que un exorcista debe vivir en un estado permanente de esoterismo), y la descripción del demonio como una entidad individualizada y tangible (no mera representación o simbología) con la cual él ha lidiado directamente.
Si fuera verdad aquello de que "el mayor triunfo del demonio es habernos hecho creer que no existe", el mayor triunfo del terrorismo remanente hoy podría ser hacernos creer que ya no existe terrorismo en el Perú (a propósito, siempre me pareció elocuente la manera como el caricaturista Pepe San Martín grafica a los terroristas con cachos y cola de diablo).
Lo que hay detrás en ambos casos es la lógica del repliegue, de la guerra invisible. Y Ollanta Humala les hizo el juego cuando dijo que Sendero Luminoso y el MRTA "ya no son un problema en el Perú". No estoy diciendo que Humala o su partido sean senderistas, emerretistas, ni simpatizantes de esos grupos. De hecho, los ha combatido como militar (lo que le ha valido acusaciones de violar derechos humanos). No creo en los delitos de opinión (incluyendo la "apología del terrorismo"), por lo que el incidente en el Congreso -un congresista nacionalista amparó a dos charlatanes que quisieron reivindicar a Serpa Cartolini- no debería pasar a mayores. En el mercado libre de las ideas, quien defiende asesinos se gana espontáneamente el rechazo popular.
Pero nótese que Ollanta no los ha defendido; los ha minimizado. Y eso puede ser más peligroso, aunque no ciertamente sancionable. Muchos peruanos no viven instalados en el rencor, y pueden encontrar cierta madurez democrática en la propuesta "pasar la página". Tal vez tendrían razón si estos grupos -sobre todo Sendero- no estuvieran activos en algunas zonas del país. Por tanto, permitir la latencia del terrorismo en lugar de aprovechar su debilidad para darle el tiro de gracia, es un error que el Perú no debe permitirse.
Y no debe hacerlo porque el sistema democrático no puede abdicar a su obligación de reprimir la violencia. Que Humala proponga tal cosa demuestra que, si bien no es terrorista, sí es un enemigo del sistema. Su asesor, Carlos Tapia, lo negó y dijo en RPP el pasado viernes que el nacionalismo quiere que este gobierno complete su período para ganar ellos la siguiente elección. Olvida Tapia que Humala ha exigido la salida del Presidente (sin precisar mecanismos) más de una vez.
Sin caer en las ridículas exageraciones oficialistas no se puede descartar ingenuamente la existencia de fuerzas desestabilizadoras, incluso con injerencia extranjera. Lo ha admitido hasta la Defensoría del Pueblo, a la que no se puede acusar de pro gobierno, ni de intolerante.
Terrorismo y desestabilizadores existen en el Perú, y son mucho más tangibles que el demonio. Hay que cortarles la cola".
CORREO
"José Antonio Fortea es un cura español que apenas frisa los 40 años. Escribió su tesis sobre la figura del demonio en la Biblia, y terminó "sin querer queriendo" convertido en exorcista. De sus memorias -que estoy leyendo- dos cosas me han impresionado: lo muy mundano de su biografía (uno imagina que un exorcista debe vivir en un estado permanente de esoterismo), y la descripción del demonio como una entidad individualizada y tangible (no mera representación o simbología) con la cual él ha lidiado directamente.
Si fuera verdad aquello de que "el mayor triunfo del demonio es habernos hecho creer que no existe", el mayor triunfo del terrorismo remanente hoy podría ser hacernos creer que ya no existe terrorismo en el Perú (a propósito, siempre me pareció elocuente la manera como el caricaturista Pepe San Martín grafica a los terroristas con cachos y cola de diablo).
Lo que hay detrás en ambos casos es la lógica del repliegue, de la guerra invisible. Y Ollanta Humala les hizo el juego cuando dijo que Sendero Luminoso y el MRTA "ya no son un problema en el Perú". No estoy diciendo que Humala o su partido sean senderistas, emerretistas, ni simpatizantes de esos grupos. De hecho, los ha combatido como militar (lo que le ha valido acusaciones de violar derechos humanos). No creo en los delitos de opinión (incluyendo la "apología del terrorismo"), por lo que el incidente en el Congreso -un congresista nacionalista amparó a dos charlatanes que quisieron reivindicar a Serpa Cartolini- no debería pasar a mayores. En el mercado libre de las ideas, quien defiende asesinos se gana espontáneamente el rechazo popular.
Pero nótese que Ollanta no los ha defendido; los ha minimizado. Y eso puede ser más peligroso, aunque no ciertamente sancionable. Muchos peruanos no viven instalados en el rencor, y pueden encontrar cierta madurez democrática en la propuesta "pasar la página". Tal vez tendrían razón si estos grupos -sobre todo Sendero- no estuvieran activos en algunas zonas del país. Por tanto, permitir la latencia del terrorismo en lugar de aprovechar su debilidad para darle el tiro de gracia, es un error que el Perú no debe permitirse.
Y no debe hacerlo porque el sistema democrático no puede abdicar a su obligación de reprimir la violencia. Que Humala proponga tal cosa demuestra que, si bien no es terrorista, sí es un enemigo del sistema. Su asesor, Carlos Tapia, lo negó y dijo en RPP el pasado viernes que el nacionalismo quiere que este gobierno complete su período para ganar ellos la siguiente elección. Olvida Tapia que Humala ha exigido la salida del Presidente (sin precisar mecanismos) más de una vez.
Sin caer en las ridículas exageraciones oficialistas no se puede descartar ingenuamente la existencia de fuerzas desestabilizadoras, incluso con injerencia extranjera. Lo ha admitido hasta la Defensoría del Pueblo, a la que no se puede acusar de pro gobierno, ni de intolerante.
Terrorismo y desestabilizadores existen en el Perú, y son mucho más tangibles que el demonio. Hay que cortarles la cola".
CORREO



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