Por: Abelardo Sánchez León
Su voz poco tenía que ver con su facha. La facha es un intrincado lenguaje de supuestos y certezas que debemos tomar en consideración, pero esa voz, sin duda, llamaba a un cuerpecito bajo y frágil. Al menos, así sonaba en el teléfono. Cuando ella abrió la puerta de su casa y tropezó con un hombre de 1,80 metros, canoso, de mediana edad, vestido de saco y corbata, se asustó y pensó en lo caro que iba a ser el servicio. El precio de un servicio, en el Perú, va de la mano con la facha. Un cholito cuesta barato y un hombre alto, blanco, bien vestido, debe ser carísimo.
Además, era puntual y cumplido, y esas dos características lo volvían más caro todavía. Ser gasfitero, carpintero, vendedor de persianas o cortinas no va con la facha de un hombre bien puesto. “¿Cuánto me va a cobrar?”, preguntó asustadísima. “Porque si va a ser carero, prefiero los servicios de alguien más humilde”.
¿Qué facha se maneja? Es una pregunta de cajón para entendernos los unos y los otros en nuestro Perú. Según tu facha te vamos a pagar, y hay fachas, por supuesto, que no se corresponden con un oficio. Eso lo saben hasta los chicos. Los chicos de un club de gente acomodada no le van a hacer caso a un entrenador de natación, basket o vóley, al menos que sea argentino o brasileño. En el Perú, muchos entrenadores de fútbol profesional, se visten elegantísimos para mejorar su facha. Marcelo Bielsa, por supuesto, no necesita de esas argucias, y va, de lo más cómodo, vestido de buzo.
Pagar es lo que menos les gusta a ciertos empresarios peruanos y la hacen larga con la idea de que sus empleados sientan su poder en las espaldas. Les atrasa la quincena, les posterga la gratificación. Lo hacen con el propósito de que se reconozcan dependientes en una lógica capitalista que no se ha sacudido de la facha gamonal. Entre nosotros, todavía se piensa que “le han robado a la empleada” si una vecina le hace una mejor oferta de trabajo.
El elegante señor le hizo un presupuesto razonable. “El Perú está cambiando —dijo— y felizmente, porque todos nos vamos acostumbrando a cobrar lo correcto por nuestro trabajo. A que no nos regateen y nos paguen puntualmente”. ¿Qué facha debo tener para que ello suceda? Ser peruano, ni más ni menos.
EL COMERCIO
Su voz poco tenía que ver con su facha. La facha es un intrincado lenguaje de supuestos y certezas que debemos tomar en consideración, pero esa voz, sin duda, llamaba a un cuerpecito bajo y frágil. Al menos, así sonaba en el teléfono. Cuando ella abrió la puerta de su casa y tropezó con un hombre de 1,80 metros, canoso, de mediana edad, vestido de saco y corbata, se asustó y pensó en lo caro que iba a ser el servicio. El precio de un servicio, en el Perú, va de la mano con la facha. Un cholito cuesta barato y un hombre alto, blanco, bien vestido, debe ser carísimo.
Además, era puntual y cumplido, y esas dos características lo volvían más caro todavía. Ser gasfitero, carpintero, vendedor de persianas o cortinas no va con la facha de un hombre bien puesto. “¿Cuánto me va a cobrar?”, preguntó asustadísima. “Porque si va a ser carero, prefiero los servicios de alguien más humilde”.
¿Qué facha se maneja? Es una pregunta de cajón para entendernos los unos y los otros en nuestro Perú. Según tu facha te vamos a pagar, y hay fachas, por supuesto, que no se corresponden con un oficio. Eso lo saben hasta los chicos. Los chicos de un club de gente acomodada no le van a hacer caso a un entrenador de natación, basket o vóley, al menos que sea argentino o brasileño. En el Perú, muchos entrenadores de fútbol profesional, se visten elegantísimos para mejorar su facha. Marcelo Bielsa, por supuesto, no necesita de esas argucias, y va, de lo más cómodo, vestido de buzo.
Pagar es lo que menos les gusta a ciertos empresarios peruanos y la hacen larga con la idea de que sus empleados sientan su poder en las espaldas. Les atrasa la quincena, les posterga la gratificación. Lo hacen con el propósito de que se reconozcan dependientes en una lógica capitalista que no se ha sacudido de la facha gamonal. Entre nosotros, todavía se piensa que “le han robado a la empleada” si una vecina le hace una mejor oferta de trabajo.
El elegante señor le hizo un presupuesto razonable. “El Perú está cambiando —dijo— y felizmente, porque todos nos vamos acostumbrando a cobrar lo correcto por nuestro trabajo. A que no nos regateen y nos paguen puntualmente”. ¿Qué facha debo tener para que ello suceda? Ser peruano, ni más ni menos.
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