Uri Ben Schmuel
uribs@larazon.com.pe
El debate de moda en estos días es si SL representa o no un peligro. Para algunos, como Ollanta Humala, la respuesta es un rotundo “no”. Otros, como el ministro del Interior, opinan que sí, aunque por ahora “focalizado” en el VRAE (Salazar no declaró, como algunos medios han tratado de hacer creer, que los senderistas son inofensivos). Ayer, el presidente García se sumó a la polémica y dijo que Sendero no constituye una amenaza para la democracia en el país (en cambio, Mulder sostuvo que está más fuerte que en los ochenta). Los supuestos “expertos” –siempre el mismo puñado que desfila por diarios y estaciones de radio y TV–, también han aportado su cuota. Para ellos, SL es ahora apenas un grupo de guardaespaldas de los cárteles.
Esta discusión nos parece bizantina por una sencilla razón: una banda que ha asesinado a más de 50 policías y civiles en los últimos tiempos es sin duda una amenaza. Aquí y en cualquier lado de este planeta. Y, además, el tema no son solamente las emboscadas. Este diario viene alertando desde hace tiempo que en paralelo con los ataques, SL desarrolla una intensa labor proselitista en universidades y organizaciones gremiales y populares a lo largo y ancho del país. Que usa Internet y las redes sociales más populares para captar fondos y reclutas. Y que es un tremendo error afirmar que está “focalizado” en el VRAE y que únicamente actúa como burrier del narcotráfico.
De modo que la pregunta que nos hacemos es: ¿por qué tanta gente, de repente, se empeña en negar lo evidente? ¿Estaremos siendo atacados por el virus del avestruz?
Creemos que sí. Y cada quien tiene distintos motivos para enterrar la cabeza. El presidente García quizá por una cuestión de imagen del país. Aunque se le fue un poco la mano (o la boca) al comentar, poco más o menos, que las emboscadas terroristas, debido al factor sorpresa, forman parte permanente del paisaje. No. Igual que los accidentes en las carreteras y los niños que cada año mueren de frío en Puno por docenas, los ataques senderistas no son algo a lo que deberíamos acostumbrarnos. No son parte del orden natural de las cosas. Presentarlo de esta forma es un intento bastante burdo de justificar la inoperancia del Estado.
Luego tenemos las avestruces caviares, con un rabo de paja muy largo. Minimizan a SL porque cuando estuvieron en el poder con Paniagua y Toledo desmontaron los servicios de Inteligencia y las bases contrasubversivas. Y no contentos con eso, soltaron gran número de terroristas y desmoralizaron a las FF AA y la PNP al perseguirlas con el cuento de la defensa de los DD HH. Ellos son los grandes responsables de la situación actual.
Y por último, mencionaremos las más astutas: avestruces con aspiraciones políticas. Ollanta Humala, por ejemplo. Afirma que SL no es un riesgo porque así deja a Keiko Fujimori sin una de sus principales banderas, como ella misma señala en la entrevista que publicamos en esta página. Pero, por las razones que fueren, una cosa es cierta: todas estas avestruces no solo hunden sus cabezas en la tierra; están contribuyendo a enterrar las de todo el Perú al no frenar a SL antes de que sea demasiado tarde.
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LA RAZON
uribs@larazon.com.pe
El debate de moda en estos días es si SL representa o no un peligro. Para algunos, como Ollanta Humala, la respuesta es un rotundo “no”. Otros, como el ministro del Interior, opinan que sí, aunque por ahora “focalizado” en el VRAE (Salazar no declaró, como algunos medios han tratado de hacer creer, que los senderistas son inofensivos). Ayer, el presidente García se sumó a la polémica y dijo que Sendero no constituye una amenaza para la democracia en el país (en cambio, Mulder sostuvo que está más fuerte que en los ochenta). Los supuestos “expertos” –siempre el mismo puñado que desfila por diarios y estaciones de radio y TV–, también han aportado su cuota. Para ellos, SL es ahora apenas un grupo de guardaespaldas de los cárteles.
Esta discusión nos parece bizantina por una sencilla razón: una banda que ha asesinado a más de 50 policías y civiles en los últimos tiempos es sin duda una amenaza. Aquí y en cualquier lado de este planeta. Y, además, el tema no son solamente las emboscadas. Este diario viene alertando desde hace tiempo que en paralelo con los ataques, SL desarrolla una intensa labor proselitista en universidades y organizaciones gremiales y populares a lo largo y ancho del país. Que usa Internet y las redes sociales más populares para captar fondos y reclutas. Y que es un tremendo error afirmar que está “focalizado” en el VRAE y que únicamente actúa como burrier del narcotráfico.
De modo que la pregunta que nos hacemos es: ¿por qué tanta gente, de repente, se empeña en negar lo evidente? ¿Estaremos siendo atacados por el virus del avestruz?
Creemos que sí. Y cada quien tiene distintos motivos para enterrar la cabeza. El presidente García quizá por una cuestión de imagen del país. Aunque se le fue un poco la mano (o la boca) al comentar, poco más o menos, que las emboscadas terroristas, debido al factor sorpresa, forman parte permanente del paisaje. No. Igual que los accidentes en las carreteras y los niños que cada año mueren de frío en Puno por docenas, los ataques senderistas no son algo a lo que deberíamos acostumbrarnos. No son parte del orden natural de las cosas. Presentarlo de esta forma es un intento bastante burdo de justificar la inoperancia del Estado.
Luego tenemos las avestruces caviares, con un rabo de paja muy largo. Minimizan a SL porque cuando estuvieron en el poder con Paniagua y Toledo desmontaron los servicios de Inteligencia y las bases contrasubversivas. Y no contentos con eso, soltaron gran número de terroristas y desmoralizaron a las FF AA y la PNP al perseguirlas con el cuento de la defensa de los DD HH. Ellos son los grandes responsables de la situación actual.
Y por último, mencionaremos las más astutas: avestruces con aspiraciones políticas. Ollanta Humala, por ejemplo. Afirma que SL no es un riesgo porque así deja a Keiko Fujimori sin una de sus principales banderas, como ella misma señala en la entrevista que publicamos en esta página. Pero, por las razones que fueren, una cosa es cierta: todas estas avestruces no solo hunden sus cabezas en la tierra; están contribuyendo a enterrar las de todo el Perú al no frenar a SL antes de que sea demasiado tarde.
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LA RAZON



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