EL PERÚ, BOLIVIA Y LAS HIJAS DE CONFUCIO
Por: Fernando Vivas Periodista
Deploro el nacionalismo de sensibilidades erizadas y orgullo pechador. Cuando la fila de los tradicionalistas se porta como barra pelotera, la bronca puede llevar a incidentes diplomáticos que alteran las agendas de desarrollo de las naciones celosas.
Por eso, para evitar que la cosa llegue a mayores hay que atender la protesta del ministro de Cultura de Bolivia, Pablo Groux, ante la intención de Miss Perú Universo, Karen Schwarz, de concursar el 23 de agosto en Las Bahamas con el atuendo de la diablada como traje típico. El canciller José Antonio García Belaunde respondió al paso que danza y vestimenta son también peruanas.
Los bolivianos han reiterado el reclamo y han amenazado con impugnar la candidatura de Miss Perú .
Mi posición, aunque me gane la silbatina de algunos compatriotas, es esta: reafirmemos que la diablada es también peruana pues sus raíces se remontan a una época prerrepublicana en la que las fronteras entre Perú y Bolivia estaban diluidas, pero reconozcamos que el baile tiene un particular esplendor en Bolivia, cuyo carnaval de Oruro es destacado como patrimonio inmaterial de la humanidad por la Unesco.
Ahora —aquí viene la concesión— admitamos que el atuendo de la diablada no es ni emblemática ni exclusivamente peruano, y fue una inoportuna decisión de la candidata y del diseñador Ricardo Dávila plantearlo como su traje típico. No se puede impedir que lo lleven a la pasarela, pero sí recomendar que hagan las variaciones necesarias y expliquen que es la versión peruana de un atuendo que los bolivianos diseñan con maestría.
En Puno y en la sierra sur, la cultura boliviana, por razones admirativas y no de apropiación comercial o denominación de origen (esta no es la bronca del pisco), es copiada alegre y coquetamente. Es el caso de la saya, cuyo origen afroboliviano no se discute. La música peruana tampoco es ajena al libre disfrute y copia de los bolivianos.
Por otro lado, no le demos tanta importancia a los disfuerzos de estas hijas de Confucio, el inventor de la confusión, según la legendaria respuesta de una candidata a Miss Panamá.
Y que la congresista Cenaida Uribe, si no quiere candidatear a hija de Confucio, se disculpe por el espantoso cartel que pagó en el Paseo de la República en colaboración con el Ministerio de Educación, en el que un ídolo antropomorfo que parece sacado de la bolivianísima Puerta del Sol de Tiwanaku pasa por peruanísimo patrimonio. Y volteemos esta página del demonio.
EL COMERCIO
Por: Fernando Vivas Periodista
Deploro el nacionalismo de sensibilidades erizadas y orgullo pechador. Cuando la fila de los tradicionalistas se porta como barra pelotera, la bronca puede llevar a incidentes diplomáticos que alteran las agendas de desarrollo de las naciones celosas.
Por eso, para evitar que la cosa llegue a mayores hay que atender la protesta del ministro de Cultura de Bolivia, Pablo Groux, ante la intención de Miss Perú Universo, Karen Schwarz, de concursar el 23 de agosto en Las Bahamas con el atuendo de la diablada como traje típico. El canciller José Antonio García Belaunde respondió al paso que danza y vestimenta son también peruanas.
Los bolivianos han reiterado el reclamo y han amenazado con impugnar la candidatura de Miss Perú .
Mi posición, aunque me gane la silbatina de algunos compatriotas, es esta: reafirmemos que la diablada es también peruana pues sus raíces se remontan a una época prerrepublicana en la que las fronteras entre Perú y Bolivia estaban diluidas, pero reconozcamos que el baile tiene un particular esplendor en Bolivia, cuyo carnaval de Oruro es destacado como patrimonio inmaterial de la humanidad por la Unesco.
Ahora —aquí viene la concesión— admitamos que el atuendo de la diablada no es ni emblemática ni exclusivamente peruano, y fue una inoportuna decisión de la candidata y del diseñador Ricardo Dávila plantearlo como su traje típico. No se puede impedir que lo lleven a la pasarela, pero sí recomendar que hagan las variaciones necesarias y expliquen que es la versión peruana de un atuendo que los bolivianos diseñan con maestría.
En Puno y en la sierra sur, la cultura boliviana, por razones admirativas y no de apropiación comercial o denominación de origen (esta no es la bronca del pisco), es copiada alegre y coquetamente. Es el caso de la saya, cuyo origen afroboliviano no se discute. La música peruana tampoco es ajena al libre disfrute y copia de los bolivianos.
Por otro lado, no le demos tanta importancia a los disfuerzos de estas hijas de Confucio, el inventor de la confusión, según la legendaria respuesta de una candidata a Miss Panamá.
Y que la congresista Cenaida Uribe, si no quiere candidatear a hija de Confucio, se disculpe por el espantoso cartel que pagó en el Paseo de la República en colaboración con el Ministerio de Educación, en el que un ídolo antropomorfo que parece sacado de la bolivianísima Puerta del Sol de Tiwanaku pasa por peruanísimo patrimonio. Y volteemos esta página del demonio.
EL COMERCIO



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