4.8.09

Ministro en Ginebra

El ministro de Justicia del Perú, Aurelio Pastor, se encuentra en La Meca de las ONG y del caviarismo internacional (la ONU en Ginebra-Suiza) para defender y sustentar la posición peruana en el marco del 75° Período de Sesiones del Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial (CERD) –que es un organismo autónomo no obstante sus relaciones con las Naciones Unidas–, foro donde, sin duda, el tema de Bagua y las protestas de algunos pueblos amazónicos implicarán cuestionamientos para el Estado peruano.

Lamentablemente, los funcionarios que administran este tipo de encuentros olvidan como siempre –o pasan por agua tibia– que desde ciertas ONG políticas se fomenta la agitación y el radicalismo político que, por ejemplo en nuestro país, cobra la vida de muchas personas, en su mayoría policías.

En fin, para el caviarismo local o internacional poco importa la vida de los policías, como los asesinados la noche del sábado último en la base de la Dinoes-PNP, ubicada en el distrito de Santillana (Huanta-Ayacucho). El ministro Pastor se encuentra entonces en medio de arenas movedizas, si consideramos que los principales representantes del CERD son personajes convictos y confesos adscritos a la elite progre; aquella que sirve de guía a los izquierdistas ligados a las ONG de derechos humanos; gente que generalmente defiende a lobos vestidos de ovejas, por ejemplo a terroristas como el tal Walter Chávez, quien ha resultado protegido bajo la etiqueta de “refugiado”, en Bolivia, para evitar la acción de la Justicia peruana, y quien para colmo se desempeña hace años como asesor del presidente Evo Morales.

Es probable que jamás comprendan los representantes del CERD, o sus promotores políticos, la compleja realidad del Perú, donde nativos amazónicos son engañados e impulsados al ataque por agitadores profesionales o por intereses vinculados a cocaleros y a taladores ilegales de árboles con el fin de enfrentarlos al Estado de derecho y a la democracia. Esta problemática representa parte del menú que se manejó en Bagua y Utcubamba, así como en la toma de estaciones petroleras y el bloqueo de carreteras durante más de 56 días frente a autoridades civiles y militares aterrorizadas por la influencia de las ONG en emisoras radiales y, en general, toda la prensa progre nacional, adicta a tildar de genocida a cualquiera, lo que anuló la iniciativa y dañó la moral de los llamados a establecer el orden y la gobernabilidad en el país.

En ese sentido, si bien Perú es Estado-parte en el convenio con el CERD, creemos que la delegación encabezada por el ministro de Justicia debe ser contundente y firme a la hora de exponer la posición peruana en materia de derechos humanos y la lucha contra la discriminación racial. El Perú ha dado ejemplos claros de avances en ambos campos y de compromisos para promover el desarrollo y el respeto a las comunidades. No olvidemos que en nuestro país existe un mosaico cohesionado de etnias, característica que precisamente da nombre a la peruanidad. No se concibe el Perú sin esa síntesis racial que tiene en el mestizaje el centro gravitacional de su evolución social, económica y cultural. El Perú, a la luz de esta realidad, siempre ha sido uno e indivisible. De modo que existe respeto por los pueblos andinos o amazónicos, y caminamos positivamente en pro de eliminar la discriminación racial, tema que lamentablemente muchas veces resulta siendo manipulado por quienes sólo buscan llevar agua para sus molinos, vale decir para sus ambiciones políticas. De seguro que el ministro Pastor continuará poniendo el tema en su real dimensión frente a oenegeístas como Jens Harting Danielsen, José Cali Tzay, Pierre-Richard Prosper o Patrick Thornberry, entre otros.

EXPRESO

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