5.4.09

Magistrados no tendrán el coraje de absolver a Fujimori

Valle-Riestra advierte inminente condena a ex mandatario en base a subterfugios
Víctor Alvarado

Los magistrados de la Sala Penal Especial están considerados entre los mejores y su presidente, César San Martín, tiene fama de ser el más destacado procesalista en materia penal, pero todo indica que no tendrán el coraje de absolver al ex presidente Alberto Fujimori, porque en verdad eso es lo que corresponde en razón a que no hay pruebas de ser el autor de las matanzas de Barrios Altos y La Cantuta, que en el presente caso para condenarlo sí o sí van a recurrir a subterfugios, advirtió el tribuno y jurista Javier Valle-Riestra.

Esta apreciación la hizo al efectuar su pronóstico sobre la sentencia que la sala penal especial suprema expedirá en el megajuicio a Fujimori, el martes 7 de este mes. “Al parecer ya todo está consumado con las informaciones que han trascendido sobre una inminente condena de prisión efectiva para el ex jefe de Estado”, acotó.

Valle-Riestra manifestó que nunca ha tenido ni tiene confianza en la justicia peruana, porque la justicia en el Perú está pervertida, razón por la cual se ha convertido en defensor de los derechos humanos, incluso de las personas con otro signo político e ideológico, como el ex mandatario Fujimori, objeto de la persecución de fiscales fascistas e inquisitoriales, como José Peláez y Avelino Guillén, y juzgado por jueces totalitarios.

El tribuno considera que los fiscales Peláez y Guillén, por la estructura del Ministerio Público al que pertenecen, solo tienen una razón de ser: perseguir y acusar y que el Perú nunca será una democracia mientras tenga una institución de esas características.

“Todo abogado democrático que litiga y pelea en este sistema sabe perfectamente que esta institución es un cuerpo fascista contrario a la democracia”, remarcó.

Además, Valle-Riestra sustentó que todas las acusaciones contra Fujimori no tienen posibilidad de condena en un tribunal justo y democrático, que no dudaría en absolverlo, pero en este caso era imposible que eso suceda porque su juzgamiento ha estado a cargo de un tribunal timorato, totalitario, fascistoide y burocrático, y encima irresponsable, porque ha convertido a Fujimori en un mártir político.

Subterfugio judicial

Según el jurista, si no habían pruebas contra Fujimori, conforme quedó revelado, la sala penal especial suprema solo tenía, como alternativa absolverlo, pero al no hacerlo y recurrir al subterfugio de condenarlo no por comisión de los crímenes de Barrios Altos y La Cantuta, sino por omisión, es decir por presuntamente haberlos conocido y no haberlos evitado, ha hecho un fallo complaciente para determinadas ONG y medios de comunicación con enorme poder mediático.
Criminales individualizados
En relación con estos crímenes, expresó que en el curso del proceso judicial ha quedado demostrado que los casos de Barrios Altos y La Cantuta fueron ejecutados por un grupo de militares individualizados plenamente, que actuaron contrariamente a la política de pacificación en que estaba empeñado Fujimori.
“Aquí se pretende condenar a Fujimori sin la existencia de una prueba plena ni siquiera indiciaria y sus acusadores ni siquiera se han preguntado ¿a quién beneficiaba hechos como Barrios Altos y La Cantuta? Evidentemente, no beneficiaba a Fujimori, porque él estaba interesado en la ejecución de otros parámetros y sin duda que los que lo ejecutaron tenían parámetros distintos al del ex jefe de Estado”, subrayó.

El Futuro de la Contraloría

El rechazo del día viernes por el Congreso al Sr. Edmundo Beteta como Contralor General de la República es un hecho lamentable. Habrá que persistir en buscar un o una profesional independiente con ideas nuevas que le dé prestigio a esta importante institución. Ha sido un camino largo y accidentado desde octubre, cuando terminó el septenio del anterior Contralor, Genaro Matute. Ha habido demasiada controversia política alrededor de lo que debe ser un nombramiento eminentemente técnico.

En el Congreso, la comisión encargada de verificar las credenciales de los sucesivos candidatos dijo que Beteta, un economista con 14 años de experiencia, no estaba apto profesionalmente porque se había "colegiado" hace sólo cuatro años. Esta opinión carece de sustancia y Beteta hizo bien en insistir en sus calificaciones para este importante puesto en la administración pública. El "Colegio de Economistas" no es un ente que controla una profesión que tiene consecuencias directas para otros ciudadanos, como es el caso de los médicos o los ingenieros. Este caso me recuerda el de mi padre, quien llegó al Perú en 1936, después de haber obtenido su primer doctorado en fisiología en Alemania en 1913. Vino desde Alemania y Brasil para ocuparse de eliminar la lepra en la Amazonía. Para eso entró al servicio médico del Estado y tuvo que empezar a revalidar sus títulos médicos. Pero, ¿se le hubiera ocurrido al entonces ministro de Salud Pública, el muy distinguido Dr. Constantino Carvallo, cuestionar la experiencia profesional de alguien que luchó en diversos países, antes de llegar al Perú, contra la fiebre amarilla, el paludismo, la lepra, etc.? Hay alguna similitud con Beteta, quien laboró en Chile antes de regresar al Perú.

¿Cuáles deben ser las prioridades de la Contraloría?

1. Antes que todo, hacer cumplir la ley. Desde hace muchos años, la Contraloría ha pasado por periodos politizados, influenciada por vientos electorales. Sus investigaciones a veces han excedido sus facultades legales y los contralores se han puesto a declarar a la prensa en casos aún no juzgados. Los últimos dos años han sido especialmente activos, con casi una ola de acusaciones a ex ministros del anterior gobierno y al propio ex presidente de la República. El Dr. Matute apoyó esta cuasi campaña. La mayoría de las acusaciones han ido más allá de las leyes relevantes y han sido rebatidas de manera contundente después de largos y costosos procedimientos.

2. Definir bien cómo la Contraloría puede ayudar a luchar contra la corrupción, pecado aún muy tentador en el Perú y en la administración pública. Eso no se hace lanzando acusaciones de sesgo político. Lo único que logra este tipo de campaña es paralizar las decisiones de la administración pública.

3. Tecnificar a los profesionales de la Contraloría. ¿Cómo es posible que la Contraloría, recogiendo desechadas acusaciones de un ex congresista, haya acusado al que escribe esta columna de haber autorizado emisiones de bonos en Nueva York a un descuento (supuestamente una malversación) cuando se siguió estrictamente la práctica de los mercados internacionales de capitales? ¿Cómo es posible que los técnicos de la Contraloría no parecían saber que los costos del acero, del asfalto y del cemento en el mundo habían subido sustancialmente en 2007 y 2008 (casi 100% en el caso del acero y del asfalto)? En vez de entender lo que estaba pasando en el mundo, se lanzaron acusaciones politizadas y desmesuradas contra el anterior gobierno por el alza inevitable de costos de la Carretera Transoceánica Sur, concesión otorgada en 2006, antes de la inflación mundial de 2007-2008, después de una ley especial del Congreso.

Un verdadero órgano de control debe ser una entidad bien informada, no una Inquisición. El Banco Central de Reserva es un organismo técnico y prestigioso. ¿Por qué el nuevo jefe o jefa de la Contraloría no estudia cómo lo hacen allí?
PPK

No hay “gatillo” ni “bala de plata”

Por Humberto Campodónico.

El gobierno acaba de anunciar un aumento de 12% en el salario mínimo, cifra muy superior a la inflación del año pasado. Según el ministro de Trabajo, el salario mínimo pasará de 180 a 200 dólares mensuales, aunque aún deberá ser aprobada por el Congreso. Como la inflación del 2008 fue 5.9%, el salario mínimo tendrá un incremento real de 6%, el más elevado desde el 2006. Con este aumento, el gobierno inyecta 8,500 millones a la demanda interna, lo que reduce el desempleo y estabiliza el mercado.

La noticia no se refiere al Perú, claro está, sino a nuestro vecino Brasil que subió el salario mínimo a fines de enero pasado. El gobierno de Lula entiende que, al aumentar el poder adquisitivo de los trabajadores está también aumentando la demanda interna y tratando de reactivar la economía para volver al crecimiento, pues su PBI se redujo en 3.6% en el IV Trimestre del 2008.

En otros países, como Argentina, Colombia, Chile y México el salario mínimo también ha aumentado en los últimos meses, como consecuencia de acuerdos institucionales en los que intervienen el gobierno junto con representantes de los empresarios y los trabajadores (ver www.cristaldemira.com, 14/01/2009).

Pero eso no sucede en el Perú, a pesar de que el Consejo Nacional de Trabajo (organismo en el que están gobierno, empresarios y trabajadores) estableciera en octubre pasado que el salario mínimo debía aumentar de S/. 550 a S/. 577 mensuales, debido a la “cláusula gatillo”. En efecto, en el Perú el reajuste del salario mínimo se hace cada dos años (el último fue en octubre del 2007; en los países señalados más arriba el reajuste es anual) pero si en ese lapso la inflación aumenta por encima de lo calculado, entonces “se gatilla un complemento”, que el CNT estimó en 27 soles.

El problema es que, de acuerdo con la ley peruana, el CNT no es un órgano totalmente independiente, pues depende del Ministro de Trabajo en lo referente al salario mínimo. En este caso, como el ministro de Trabajo (digo, es un decir) Jorge Villasante no llevó el acuerdo al Consejo de Ministros, todo quedó en nada. Por eso, en señal de protesta, la CGTP acaba de decidir retirarse temporalmente del CNT. Pero el ministro incumplidor, sin que se le mueva una ceja, le pide “tolerancia a la CGTP”. ¡Qué tal cuajo!
Tanto el ministro de Trabajo como algunos representantes de los empresarios arguyen que “no es posible aumentar ahora el salario mínimo porque estamos en crisis y porque las mypes no lo podrían pagar”. Este argumento es falso, ya que las ganancias de las empresas, como lo informa Gerens, siguieron aumentando en el 2008. De otro lado, más del 80% de la PEA empleada está fuera del Régimen General del Trabajo, por lo que no recibe dos gratificaciones y no tiene CTS ni vacaciones.

Aquí hay varias cuestiones de fondo. Uno, la recuperación del poder adquisitivo de los salarios con respecto a la inflación del 2008, que fue de 7%, lo que es elemental. Dos, que año a año se reduce la a masa salarial como porcentaje del PBI, incluso en años de crecimiento: del 2001 al 2006 ha pasado del 26% al 21% del PBI. No hay cifras para el 2007, pues el INEI aún no publica las Cuentas Nacionales, un atraso por demás sospechoso, pero la tendencia es la misma.

Tres, el enfoque económico del gobierno, centrado en el Plan Estímulo a la inversión pública en infraestructura, construcción y las Asociaciones Público-Privadas (donde el sector privado recibe el apoyo de fondos públicos). Es aquí donde cobra importancia la propuesta del Plan Anticrisis presentado hace poco por la CGTP (1), donde se pone el acento en medidas que estimulen el empleo y la producción locales, lo que incluye el alza del salario mínimo a S/. 750/mes, la elevación de los aranceles y la reducción del IGV, entre otras medidas.

Como dice Oscar Dancourt, no se trata de apostar todo a una sola “bala de plata” de obras públicas. Pero al gobierno y a los empresarios peruanos (casi todos se han opuesto al “gatillo”) poco les interesa el poder adquisitivo de los trabajadores, a diferencia de lo que se plantea en Brasil y otros países vecinos. Que no se quejen cuando la bala de plata no dé en el blanco.

LA REPUBLICA

Votando con el enemigo

Por Mirko Lauer

Todavía están frescas las felicitaciones de Abimael Guzmán al gobierno de Alberto Fujimori por haber liquidado a los partidos políticos en el país. Es cierto que en ese momento ya estaba preso y precisaba toda la buena voluntad disponible en sus captores. Pero también es cierto que sabía reconocer un enemigo común en la política.

El modus operandi de Guzmán es la prédica ideológica y no el pragmatismo, y por eso nunca se le ha ocurrido argumentar que la ausencia de instrucciones específicas lo libera de toda responsabilidad frente a los actos de Sendero Luminoso. Pero el aire de familia con Fujimori está allí: la tarea histórica asumida justificaba cualquier cosa.

Cualquier cosa en ambos casos significó pasar por encima de las leyes, los derechos y los valores de una democracia entonces con pocos recursos para defenderse, y en apariencia con ninguna capacidad de respuesta para salvarse. Los dos jefes de organización se equivocaron. Ambos todavía esperan volver desde los márgenes del sistema político.

Ambos conservan seguidores a los cuales, abierta o encubiertamente, les interesa un pepino el sistema democrático. O más bien el sistema democrático les parece precisamente el problema que es necesario resolver. Los senderistas atrincherados o perseguidos. Los fujimoristas muy bien instalados en la propia democracia.

Sin duda hay profundas diferencias. Guzmán imaginaba para el país alguna forma de capitalismo de Estado en el molde estalinista. Fujimori imaginaba el mismo capitalismo transnacional que conocemos, pero bajo administración de una clique eficientista y autoritaria, más o menos en el molde de algunas satrapías asiáticas.

Lo cual lleva a cavilar sobre cómo imaginan la cosa los seguidores de Fujimori que hoy se mueven en el espacio cívico peruano. ¿Son, como los llamados abogados democráticos de Guzmán, gente que no cree en el sistema pero considera válido aprovecharlo para sus fines si este se lo permite? ¿O, pragmáticos, simplemente no se plantean ese tipo de problema?

Hay democracias constitucionales que no quieren correr el riesgo de ser derrocadas desde dentro, y proscriben a las organizaciones que lo postulan. No es el caso de la peruana. Pero la pregunta está allí: ¿un fujimorismo en el gobierno volvería a conducirse de la misma manera, si se le presenta la oportunidad?

Si las últimas dos peroratas de Fujimori significan algo, entonces la respuesta es que definitivamente sí. Más aun, un nuevo golpe contra los partidos del Congreso sería una manera de justificarse y afirmar la legitimidad del método. Quienes valoran el orden institucional vigente, con sus limitaciones y todo, deberían pensar este asunto dos veces.


LA REPUBLICA

Un 5 de abril muy diferente

Por Augusto Álvarez Rodrich
alvarezrodrich@larepublica.com.pe

Alberto Fujimori a la espera de su sentencia.

ste 5 de abril, diecisiete años después de que Alberto Fujimori decidiera “disolver, disolver” el Congreso de la República, encuentra al protagonista de ese autogolpe en el banquillo y en capilla, a la espera de la sentencia en el proceso por violación de derechos humanos –el más grave de todos los que enfrenta– que se conocerá este martes.

Más de un año después de iniciado este juicio, casi en lo único en que han coincidido los fiscales y los abogados de la parte civil y de la defensa es en que el desempeño del tribunal presidido por César San Martín ha sido excelente, altamente profesional y neutral, un consenso poco usual en procesos tan difíciles como el que está por concluir.

Si hay consenso en la calidad profesional exhibida por la corte, lo que corresponde –a dos días de que se conozca la sentencia– es que el país y principalmente las partes directamente afectadas tengan confianza en que el fallo será justo y que debe ser respetado, cualquiera que sea su sentido.

Los fujimoristas esperan que se declare la inocencia de su líder, algo improbable después de todo lo escuchado en la sede judicial establecida en la Diroes. Pero si ese es el fallo, será una señal de que el tribunal no encontró elementos razonables para condenar a Fujimori, y habrá que respetar esa conclusión.

Pero si el martes se condena a Fujimori será porque la corte concluyó que las pruebas exhibidas ofrecen elementos razonables sobre algún tipo de culpabilidad en la violación de derechos humanos ocurrida durante su Presidencia. Es crucial comprender que a Fujimori no lo juzgan por sus políticas de gobierno, ni siquiera por cerrar el Congreso, sino por el asesinato de Barrios Altos y de los estudiantes de La Cantuta.

Si Fujimori es condenado por ello, el mensaje al país y al mundo será una advertencia inequívoca sobre lo que les espera a todos aquellos que, desde una posición de poder, promuevan y consientan la violación de derechos humanos.

De otro lado, una de las preguntas más reiteradas en las últimas semanas, incluyendo no pocas apuestas, es cuántos años de cárcel recibiría Fujimori. Pero esto puede ser secundario ante la implicancia que tendría una sentencia condenatoria por violación de derechos humanos.

Si después el condenado recibe un indulto de Alan García, de una eventual presidenta Keiko Fujimori, o de algún otro que llegue a Palacio gracias a un pacto con el fujimorismo –endose de votos a cambio del perdón–, eso será parte de la frondosa historia de la componenda política en el país. Pero el baldón de condenado –y todo lo que ello implica– no se lo quitaría nadie.
LA REPUBLICA

Justicia alternativa

Más de un dolor de cabeza causa a ciudadanos y funcionarios públicos la lentitud judicial. Los procesos civiles demoran más de lo debido, ocasionando no sólo enormes pérdidas para el país sino también la incomodidad y frustración de la gente que ve cómo la Justicia resulta cada vez más lejana e ineficiente.


Ante la sobrecarga procesal que el Perú experimenta hace tiempo, es necesario que todos contribuyamos a difundir un instrumento que ya existe –el Decreto Legislativo 1071 que modificó la Ley de Arbitraje y creó el arbitraje popular– a fin de ayudar a los justiciables a encontrar vías expeditivas y menos engorrosas que les permitan solucionar los conflictos jurídicos en los cuales se encuentran.
Una de esas herramientas es aquel arbitraje popular, declarado además por el Estado asunto de interés público. Es en este marco que debemos contribuir a la difusión de sus alcances para que más ciudadanos, profesionales y empresarios no solo lo conozcan sino que –llegado el momento– recurran a él. Los medios jugamos un rol importante pero, obviamente, quien lidera esa innovación es el Ministerio de Justicia (Minjus), en particular su Centro de Arbitraje Popular, que sirve de orientador a quienes quieren asumir la función de árbitros vía la convocatoria de la Dirección de Conciliación del Minjus. De modo que, en virtud del arbitraje popular, los ciudadanos en general ya no estarán obligados a presentar sus demandas ante el tradicional órgano jurisdiccional sino que podrán llevarlas a un árbitro particular. Por ejemplo conflictos contractuales, obligaciones comerciales, derechos de propiedad, libre disposición, etc., hasta por un monto de 20 UIT (S/. 70,000).

Saludamos esos cambios y nos comprometemos a impulsarlos en aras de la modernización del litigio en el Perú. Guardamos esperanza en que este año el arbitraje se consolide y para ello ha sido importante que el Minjus suscriba convenios con los colegios profesionales. Es una sana decisión ya que esos estamentos vivos de la sociedad en los últimos años no eran tomados en cuenta por las autoridades. Sin ir muy lejos, los gobiernos de Paniagua y Toledo se inclinaron demasiado a favorecer a algunas ONG, grupos de poder que –pese a no tener una representación nacida del voto democrático– llegaron a colocar, a su propia conveniencia a jueces y vocales –superiores y supremos, inclusive– en la Judicatura. Pero en fin, ahora solucionar conflictos sin judicialización es una realidad, y ello es así porque el árbitro está investido –para casos concretos y predeterminados– con el mismo poder de un juez. La validez del laudo que emite tiene el mismo peso que una sentencia judicial.

Por otro lado, también consideramos a esta innovación un poderoso instrumento de descentralización, puesto que ahora puede haber árbitros ahí donde los jueces no existen o cuya presencia es distante. De manera que es menester darle la importancia del caso a la difusión de las ventajas del arbitraje popular, y a fomentar la capacitación de aquellas personas que tienen vocación para administrar justicia vía la investidura de árbitros. Con esa legión especializada se podrá descargar sustantivamente una porción de procesos que hoy hacen colapsar a los despachos judiciales, con mayor razón cuando se trata de procesos en los cuales los ciudadanos en general, las pequeñas y micro empresas en particular, pueden solucionar sus conflictos de forma rápida y económica.

EXPRESO

El dragón en la historia

Por: Mario Vargas Llosa Escritor

¿Qué es un dragón? Un animal mítico, enorme y pestilente, de una o varias cabezas, cuerpo de saurio o de serpiente, alas cartilaginosas parecidas a las de los murciélagos y patas de cocodrilo, que arroja fuego por las fauces y atraviesa las culturas y las épocas como encarnación de los miedos, pesadillas, malos instintos y fascinaciones malignas de toda índole —religiosas, sexuales, fantásticas— que han asediado a los seres humanos desde la noche de los tiempos. Con variantes, injertos y metamorfosis múltiples aparece en todas las civilizaciones y épocas históricas y es un personaje inevitable en el folclor, las leyendas, los mitos y la literatura infantil y fabulosa.

El dragón es una de las encarnaciones más espectaculares del mal, aquella vocación que inspiran el diablo o la naturaleza retorcida de los humanos de hacer daño al prójimo, envilecer y corromper lo existente, afear las conductas y los pensamientos y rendirse de manera abyecta ante la amenaza destructora del poderoso. Al dragón lo inventamos por lo mal que pensamos de nosotros mismos y por eso, ahora en el cine de ciencia ficción como antes en la literatura y la pintura, luce siempre lozano y se renueva sin tregua, invulnerable a los siglos que lleva encima.

Si se lo aboliera de un plumazo, la cultura de Occidente y principalmente sus ficciones literarias, grabados y pinturas sufrirían una merma trágica. Para saberlo, basta con echar un vistazo a la exquisita selección de dragones que aparecen en “Dragones de la política”, libro en el que Pedro González-Trevijano, mediante una aleación de disciplinas que le son caras, la historia y las bellas artes, hace desfilar a una larga colección de los que llama “dragohumanos”, es decir, figuras de conquistadores, guerreros, aventureros, genocidas, superhombres a los que el servilismo y el fanatismo de las masas elevaron en vida a la condición de dioses y cuyas credenciales son, a menudo, de un lado, hazañas y realizaciones grandiosas y, del otro, sangrías y atrocidades indecibles.

La lista es abundante y va desde el homérico Aquiles, de existencia meramente literaria, a personalidades tan terrestres como las de Iosif Stalin, Mao Tse-Tung y Fidel Castro, pasando por una variopinta serie de héroes epónimos de todo color, religión y cultura, como Alejandro Magno, Aníbal, Julio César, Atila, Don Pelayo, el Cid, Ricardo Corazón de León, Gengis Kan, Juana de Arco, el Papa Julio II, Hernán Cortés, Napoleón, Simón Bolívar, Hitler y muchos otros. Defendiera causas generosas, como la libertad y la justicia, o abominables, como el racismo, el lucro y la intolerancia religiosa o ideológica, esta familia tan diversa tiene, sin embargo, un denominador común: todos ellos deben su fama a las matanzas que perpetraron y padecieron, a las violencias indescriptibles que fueron dejando alrededor a su paso por la historia y el miedo y la veneración que inspiraron y que se proyectó en las obras literarias y artísticas con que fueron endiosados, ridiculizados o execrados.

Llamarlos “dragohumanos” nos permite entender mejor lo que les ha dado a todos ellos ese protagonismo de que gozan, al extremo de ser a menudo la encarnación de una época o de un país o de una situación histórica; y también, descubrir cómo en las exageraciones monstruosas de que está constituida la figura del dragón, por debajo de sus descomunales jetas, hediondas cavidades bucales, pezuñas mortíferas y los anillos y protuberancias de sus colas, estamos agazapados nosotros, los seres humanos comunes y corrientes, al igual de aquellos diestros danzarines que, zambullidos dentro de los carnavalescos dragones chinos, los hacen bailar y cimbrearse por las calles al ritmo de los címbalos, los tambores y las panderetas para felicidad de los chiquillos.

Es rasgo indeleble de la idiosincrasia del dragón ser, a la vez, majestuoso, imponente y ridículo, un ser que, al mismo tiempo que aterroriza y repugna, inspira burla y compasión. En los perfiles que González-Trevijano ha bosquejado de cada uno de los “dragohumanos” de su libro, estos rasgos contradictorios aparecen como una constante y sirven, mejor que cualquier interpretación sociológica, para medir el escaso o nulo espíritu crítico de esos pueblos que, por cobardía, espíritu servil y fanatismo deificaron de tal modo a sus héroes epónimos que los tornaron monstruos, seres semidivinos, sátrapas que, como carecían de frenos y tenían de antemano garantizada la impunidad para cualquier exceso, cometieron los desafueros y latrocinios más espeluznantes sin perder por ello esa suerte de hechizo mágico que ejercían sobre sus pueblos.

Para entender esto cabalmente hay que detenerse largamente en los grabados, cuadros y dibujos que acompañan a esos textos biográficos. Han sido elegidos con mucho gusto y el lector-espectador se deleita descubriendo la riquísima variedad de formas y apariencias con que los artistas de todas las épocas han procreado al dragón, y averiguando cómo este divo de la zoología fantástica ha atizado la fantasía de pintores, escultores y grabadores hasta dar luz a un verdadero mundo de dragones acaso tan diverso y promiscuo como el conglomerado humano. Pero, todavía más interesante, es advertir que los dragones del arte de una manera misteriosa resultan a menudo representaciones simbólicas de las peculiares psicologías e idiosincrasias de los “dragohumanos”, en las que aparecen destacados su histrionismo, su delirio mesiánico, su crueldad, su heroísmo, su sensualidad y sus manías y vicios.

Los surrealistas practicaban una serie de juegos que, como “el cadáver exquisito” —superposición de frases en la que quienes jugaban ignoraban la frase inventada por los jugadores que los precedían en el juego— a la vez que les hacían pasar un buen rato les deparaban a veces sorprendes revelaciones sobre su mundo subconsciente. Algo de eso pasa en el curioso y sorprendente ensayo que es “Dragones de la política”. Las figuras que acompañan los textos son a menudo tan informativas como los textos mismos sobre las entrañas psicológicas y el espectro mental de estos gigantes que crearon y destruyeron imperios, salvaran a sus países de la esclavitud y esclavizaron a otros y, a veces, guiados por el empeño maniático de realizar en vivo y dar carnalidad a una abstracta teoría, hicieron perecer a millones de seres humanos en hornos crematorios y campos de exterminio.

La Iglesia Católica decretó hace ya algunos años que el dragón más famoso de la Edad Media, aquel al que San Jorge dio muerte en Libia, luego de haber convertido a todo un pueblo aterrorizándolo con la amenaza de echarle encima a la bestia diabólica a la que tenía sometida, nunca existió y que, al igual que el propio San Jorge, no era más que una fantasía literaria semejante a las de los dragones que pululan por las novelas de caballerías, y, aquel santo, solo un prototipo legendario, igual que el Amadís, Esplandián o Tristán de Leonís. Sin embargo, la desaparición teológica de San Jorge y su dragón no tiene efecto alguno en el plano fabuloso y en el inconsciente colectivo donde ambos se fraguaron. Eso resulta evidente gracias a la lectura, cargada de amena erudición, de sólida cultura histórica y artística, de “Dragones de la política”.

Una de las inesperadas conclusiones de este ensayo es que ningún otro quehacer humano resulta tan propicio para servir de caldo de cultivo al nacimiento y proliferación de dragones como la política, ya que hacia él se vuelcan más que a ningún otro, esos apetitos destructores que son la codicia de poder, el placer de mandar, de conquistar, de sojuzgar, de dominar al prójimo y de embriagarse en la ilusión de alcanzar un estatuto divino. Los dragones son, como los perritos falderos que aparecen en esos lienzos de interiores de los grandes acuarelistas y pintores dieciochescos, entes creados a nuestra imagen y semejanza, expresiones de una necesidad que persigue al ser humano desde los albores de la civilización y que sin duda lo acompañará hasta el final, la de predicar el bien pero sentirse irresistiblemente atraído por el mal, la de vivir en la permanente contradicción de abjurar del mal pero, valiéndose de la excusa del arte, llevarlo consigo a todas partes, y convivir con él y abrigarlo sin dejar de exorcizarlo. Eso ha producido, en el mundo de la ficción, ese engendro cuya fealdad es tan extrema que linda ya con cierta forma de belleza, y cuya crueldad no está exenta de un sustrato grotesco, patético y risible que la atenúa y, diríamos, hasta la humaniza. Porque no solo la política está poblada de esos personajes. También la vida corriente, aunque en esta los dragones no sean tan flagrantes y anden mejor disimulados.

LIMA, 28 DE MARZO DEL 2009

Un proceso ejemplar en democracia y por DD.HH

El Perú está dando una sólida señal de madurez democrática al mundo, al estar juzgando, de modo ejemplar y bajo las reglas del debido proceso a un ex presidente, Alberto Fujimori Fujimori, por graves delitos contra derechos humanos, en los casos La Cantuta y Barrios Altos.

El proceso, en vísperas de sentencia, ha tomado dieciséis meses, en los que la fiscalía, la parte civil y la defensa han explicado sus argumentos ante un tribunal, presidido por el doctor César San Martín, calificado de impecable por todos ellos.

Por lo mismo, se espera una reacción coherente y alturada de los protagonistas luego de que se dicte sentencia el próximo martes. Por contraste, es criticable el llamado de algunos fujimoristas a sus seguidores para salir a las calles a esperar la sentencia, lo que solo empañaría y desvirtuaría políticamente un proceso que debe mantenerse sustancialmente en la esfera del derecho.

El juicio, ya lo hemos dicho, debe circunscribirse a los hechos materia del juzgamiento, pues no se trata de enjuiciar un modelo político, económico ni cualquier ideología, sino evaluar imparcialmente los argumentos que presentan las partes.

Al respecto, es oportuna la admonición del doctor San Martín, en el sentido de que se va a dictar una “sentencia que creemos que es justa, guste a quien le guste, pese a quien le pese”. De cumplirse esta afirmación revelaría la impermeabilidad del tribunal ante cualquier intento de presión o amenaza velada.

Hay que recordar que Fujimori fue obligado a enfrentar este proceso luego de haber fugado del país. Recaló en Japón, donde postuló a una senaduría y fue detenido en Chile, de donde debió ser extraditado por la justicia peruana.

Su alegato final, en tanto, ha tenido un acento más político que argumentos jurídicos, salpicado de insultos a los fiscales y hasta de desprecio a la democracia. Lo que sí ha debido reconocer es que estuvo al frente de un régimen de pragmatismo que libró una “lucha sin cuartel” para eliminar el terrorismo, lo que deja dudas sobre la corrección de su estrategia de pacificación. Su defensa afirma que no hubo una política de guerra sucia y que los excesos criminales de Colina fueron la excepción a la regla.

Pero la verdad es que, como lo demuestran los hechos conocidos por la opinión pública, el llamado grupo Colina no pudo existir en el limbo, sino que debía estar insertado en el aparato del Estado, cuya bisagra principal era el ex asesor Vladimiro Montesinos, a quien Fujimori dejó hacer y deshacer. No podía, por tanto, desconocer lo que hacían Montesinos y sus esbirros, más aun cuando llegó a extenderles una felicitación presidencial en 1991. Tal es el fundamento de la autoría mediata por dominio de un aparato de poder, que ha sustentado el Ministerio Público.

A la espera de la sentencia, advirtamos que el Caso Fujimori no debe politizarse ni la agenda nacional puede fujimorizarse, y menos con circos mediáticos. Lo que el país espera es la aplicación firme e imparcial de la ley, para deslindar responsabilidades sobre hechos espantosos en los que se pervirtió el aparato del Estado para ponerlo al nivel de los desquiciados métodos terroristas. Solo con justicia imparcial y desterrando la impunidad podremos consolidarnos como una nación moral y democráticamente sólida, más allá de cualquier imponderable.

EL COMERCIO

4.4.09

El “Ojo” falso de Fujimori

“Todo este debate ha sido muy serio y formal, pero lamentablemente voy a tener que hacer una denuncia muy grave que echará por tierra la seriedad política de mi oponente. Tengo aquí una publicación, una especie de encarte con el logotipo del diario Ojo que ha sido impresa, hasta donde sabemos, en número de 500 mil ejemplares para ser distribuidos el día de mañana (…) Si las cámaras pudieran enfocar…”

Con gesto de triunfador, Alberto Fujimori levantó el impreso que alguien le había deslizado y que, efectivamente, con el logotipo del diario Ojo, decía en grandes letras a seis columnas: “Mario presidente noqueó a Fujimori en primer round”.

¿Cuántos televidentes vieron aquella impactante imagen en esa noche del 3 de junio de 1990? Millones, pues culminaba una campaña política sin cuartel que enfrentaba al famoso escritor Vargas Llosa con el desconocido ingeniero de origen nipón que, surgido de la nada política, amagaba la Presidencia con audacia.

Fue un sucio y bajo golpe de Fujimori, que dejó atónito a Vargas Llosa, quien no pudo replicar porque el japonés había esperado hasta el minuto final para su teatral exhibición.

-¡Es falso, es falso! –gritaron algunos pero ya era tarde. El moderador Guido Lombardi no podía concederle tiempo de respuesta al novelista pues el debate había terminado. Montesinos había confeccionado un libreto que incluía varios golpes bajos, como referencias a la Comisión Uchuraccay, la alusión al consumo juvenil de drogas del novelista y finalmente, como jugada maestra, el ejemplar de “Ojo”. Vargas Llosa no estaba preparado para las bajezas fujimoristas.

Al día siguiente “Ojo” editorializó en primera página: “Nos vemos en la obligación de protestar en los términos más enérgicos, por la alevosa y calumniosa acusación hecha al terminar el debate por el candidato de Cambio 90, quien en la maniobra más sucia que se haya elaborado en contra nuestra -incluido el robo velasquista- presentó un ejemplar supuestamente editado por nosotros”.

El director de “Ojo” (de propiedad de la familia Agois Banchero) era por entonces Fernando Viaña, quien reclamó con insistencia a Fujimori que probara la existencia de la edición mostrada. Pero el japonés no se dio por aludido, pues ya había ganado la batalla. Y además había diarios que afirmaban que era verdadera, como los desaparecidos “Novedades” y “Página Libre” y hasta el Canal 7, el canal oficial que dirigía Mauricio Mulder en las postrimerías del gobierno de Alan García.

Hubo denuncias policiales, demandas judiciales, intervención de fiscales, editoriales como el de “El Comercio” titulado “Un caso indigno y bochornoso”. Alberto Fujimori nunca aceptó la falsificación y el caso judicial quedó, como se dice en el Perú “en nada”. Fue elegido y lo soportamos por más de diez años.

LA PRIMERA

La ciudad (teta) asustada

He visto la película “La teta asustada” de Claudia Llosa. Gran película. La opinión prevaleciente es favorable. Trata sobre la huella dolorosa que aún perdura en el subconsciente de los campesinos pobres del Perú como secuela de la guerra en la que nos empeñamos para librarnos de la lógica de muerte de Sendero Luminoso. Hay a quienes no les ha gustado. Están preocupados sobre los efectos negativos que podría tener en un potencial turista europeo, allá ellos. La directora levanta imágenes, como quien levanta la voz, para protestar contra la violencia sexual que casi siempre exudan los campos de batalla -en el mundo entero y no sólo en el Perú- cuando “personal civil”, como dicen los partes militares, resulta atrapado en áreas marcadas en sus mapas como zonas de combate. Pienso que siendo este el nudo central del filme, hay otro tema que resulta tratado en éste con igual acierto; recuerden que el arte es polisémico (varias interpretaciones posibles): Es la epopeya de la integración de los migrantes andinos al universo limeño. Proceso tan heroico como dramático, triste como lúdico, pero siempre pleno de vida y esperanza.

En el sistema de las artes, cada una tiene medios específicos y propios. En la cinematografía, que no es novela ni poesía, la historia se “cuenta” visualmente, y, por este artificio de filmación, alrededor de la historia central resultan registradas otras historias que la contextualizan y cobran vida propia. Sostengo que en “La teta asustada” discurre una segunda historia que acompaña la explicación de la papa en la vagina de Fausta, en realidad la sitúa: es el proceso de urbanización limeño y, por extensión, peruano.

La película muestra, en secuencias de calidad excepcional, la naturaleza de una frontera dual, colisión y mezcla, entre la cultura limeña burguesa y la campesina migrante. Ambos mundos sufren y se enriquecen en este contacto intersideral. Fausta produce, naturalmente, melodías maduradas en la pena. Aída, la patrona, sufre una sequía creativa en la seguridad de su mundo burgués. Aída escucha, aprecia y se apropia de ellas para triunfar sola, sin Fausta. En el triunfo ambas sonríen por separado. Fausta sonríe al final, porque sabe que ha preñado con su arte al mundo de su patrona.

La frontera entre unos y otros que muestra la película, no es el muro de Berlín, tampoco el de Tijuana. Son las escaleras que ha construido el alcalde, el eriazo que separa los barrios formales de los barrios pobres. Al otro lado, están las barriadas que muchos limeños quieren soslayar, pero no los políticos, quienes saben que sólo en los mundos esperanzados es posible cosechar votos.

“La teta asustada” aporta al conocimiento de Lima tanto o mejor que un ensayo de sociología urbana. Vayan al cine, la película los capturará desde los primeros cuadros, después la recordarán con un sabor complejo, ambivalente pero no serán indiferentes a ella.

Fujimori en el paraíso

Escucho a Alberto Fujimori describir su paraíso de opio y compruebo que gente como él sólo puede prosperar en un país que tiene a un 40 por ciento de ciudadanos a los que les da lo mismo –lo dicen reiteradas encuestas- si los rige una democracia o una dictadura.

O sea que en el Perú hay un 40 por ciento de ciudadanos que casi aspiran a no ser ciudadanos y que quieren ser, a veces con fervor, vasallos tristes y alegres siervos de la gleba.

Detrás del fujimorismo está la capacidad de sumisión y la arrolladora ignorancia que lastiman el alma del Perú.

Escucho a Fujimori y me digo que si hubiera géiseres de cinismo sonarían como su voz.

Habla de coraje el hombre al que le temblaba la voz cuando se dirigió a buscar refugio en la embajada del Japón la noche del fallido golpe del general Salinas Sedó.

Habla de honor el hombre que emputeció a la Fuerza Armada, hizo del Congreso un chiquero, suprimió el orden constitucional, desconoció su firma y hasta su huella digital con tal de no pagarle una deuda a la madre de sus hijos.

Habla de orgullo de sí mismo el sujeto que quiso ser senador japonés para obtener la inmunidad que lo librara del alcance de la ley.

Habla de responsabilidad el hombre que llenó 45 maletas de videos, dinero y botines diversos, tomó el avión presidencial y pasó de Brunei a Tokio, donde pidió asilo y desde donde renunció por fax a la presidencia de la República.

Habla de amor por la patria el jefe de una banda que saqueó las cuentas del tesoro público por un valor que los más conservadores estiman en dos mil millones de dólares.

Habla del veredicto de la historia el sujeto que estaba pescando en Iquitos cuando la policía de la Dincote, sin ninguna ayuda de Montesinos, capturó a Abimael Guzmán, el hombre que huyó del país tras descubrirse cómo es que Montesinos compraba esos congresistas que hoy deben estar frotándose las manos.

Qué patético pobre diablo es Fujimori. Se atribuye todos los poderes para las cosas que salieron bien y se pinta como un presidente disminuido, desinformado e irresponsable cuando le mencionan los asesinatos que cometían los criminales a los que él felicitaba, ascendía y amnistiaba.

“Yo era comandante de la Fuerza Armada en el sentido en que un entrenador de fútbol comanda al equipo”, dijo ayer destilando la esencia de su legendaria cobardía.

O sea que debemos alabarlo por haber “comandado” las fuerzas armadas que derrotaron al senderismo, pero debemos exonerarlo de toda responsabilidad cuando esas mismas fuerzas armadas mataban ancianos, niños y mujeres en las alturas de Ayacucho.

Debemos agradecerle el haber sacado al país de la crisis económica en la que nos hundió Alan García –quien hizo tanto para que Fujimori lo sucediera-, pero tenemos que olvidar que con él todos los derechos del trabajador fueron abolidos, todo asomo de equidad fue perseguido, toda corrupción en el proceso de las privatizaciones fue posible.

Tenemos que decirle gracias por la paz con Ecuador –Tiwinza incluida, derechos de navegación ecuatorianos en ríos peruanos incluidos- pero no podemos recordarle su repugnante papel en la derrota peruana del Cenepa, cuando nuestros soldados carecían de logística, comunicaciones y, en muchos casos, de rancho y de zapatos.

Debemos ser gratos con su régimen porque “refundó el país” (Fujimori dixit), pero tenemos que olvidarnos de que quince de sus ministros o están presos o están con orden de captura por ladrones.

Debemos ser fujimoristas por las escuelas que sembró el Fonades, pero no debemos evocar la prensa inmunda que él creó para ensuciar a sus adversarios y, seguramente, “elevar el nivel cultural”.

Este demócrata que cerró el Congreso, este honrado que permitió la rapiña más grande de la que se tenga noticia, este ciudadano ejemplar que convirtió a un edecán en fiscal para entrar a robar maletas en la casa de Trinidad Becerra, este hombre decente que tuvo como socio a Montesinos, este estadista al que defienden sujetos como Saravá, este ángel que vivió entre alimañas, este hombre ejemplar que dio un golpe de Estado cuando su esposa, en un rapto de bendita locura, denunció los asaltos de la hermana Rosa y del cuñado Aritomi a la caja de Apenkai, este probo encubridor de Miyagusuku, esta vergüenza que grita lo que lee y juega con la voluntad de olvidar de los peruanos, este señor Fujimori, en suma, sigue siendo exactamente el mismo miserable que la miseria moral adora y hace suyo.

El secreto de Fujimori es que ha convertido en socialmente exitosos los peores vicios de la “peruanidad”: la crueldad en el tumulto, el cinismo como método y, sobre todo, la cobardía elevada a la categoría de función vital.

El triunfo de Keiko Fujimori, de darse, será el resumen vistoso de la tragicomedia nacional y una prueba de que hay países económicamente pujantes y moralmente inviables.

CESAR H.

Manotazos políticos de ahogado

Alberto Fujimori, el gran cobarde, tiembla de miedo. Sabe que judicialmente está perdido y que la Sala Penal Especial que lo juzga puede aplicarle una pena severa.

Nadie en su sano juicio puede considerarlo inocente en los casos de La Cantuta y Barios Altos (o de las malversaciones que reconoce y los latrocinios que oculta); pero él se declara inocente. Un poco más y se considera émulo de la Madre Teresa de Calcuta.

No sabía, dice, no se había enterado, de los crímenes del Grupo Colina. Los felicitó sólo por ser un equipo de analistas. Otro poco más y los proclama psicoanalistas.

Sabe que sería ingenuo que lo crean libre de culpa. Se ha convencido de que con gritos no puede demostrar inocencia. Por eso la esencia de su autodefensa ha consistido en un operativo político.

Fujimori busca un arreglo político. Eso es. No sólo desde ahora. Todos los votos de la bancada fujimorista en favor del Apra y sus desmanes a lo largo de estos años se explican en buena parte por esa intención.

Igual sentido posee la acusación, envuelta en una queja, lanzada contra Alan García y Fernando Belaunde, ex presidentes del Perú y responsables también de violaciones contra los derechos humanos, que incluyen asesinatos, desapariciones, masacres, impunidades.

Respecto a García, el mensaje es directo: colega presidente, no me abandone en esta hora de prueba. Yo fui elegido gracias a su apoyo, y en los últimos años no sólo he continuado su política de privilegios a los ricos, anulación de los derechos laborales, privatización en remate de los bienes públicos, sino también apoyado todos sus decretos legislativos contra la democracia, las comunidades campesinas, las poblaciones nativas de la selva, los sindicatos, y patrocinado su línea prochilena, que también es la mía.

Fujimori sabe, sin duda, que una absolución es imposible. Su abogado César Nakazaki lo ha admitido implícitamente, aunque insiste, igual que Jaime de Althaus y otros periodistas, en que Fujimori es inocente puesto que no hay orden de asesinar escrita por él.

Es como afirmar que Hitler es un santo varón, dado que no impartió por escrito la orden de matar a seis millones de judíos.

Fujimori aludió en su jeremiada a los crímenes de Accomarca, Cayara y Los Cabitos, cometidos en la era García, primer período, y afirmó que el jefe aprista había sido absuelto por esos graves delitos. En realidad, nunca fue absuelto, porque no ha sido juzgado. Todavía.

Curioso es que Fujimori no mencionara el caso El Frontón, quizá porque sabe que el vicepresidente Luis Giampietri sabe mucho (este Lucho sabe mucho) respecto a matanzas cometidas en días de García y del propio Fujimori.

Ahora sólo queda esperar que el pánico del gran cobarde se justifique. Una pena condigna elevará el nivel de la moral en el país.


LA PRIMERA

Por los servicios prestados a la nación

Hasta mediados del siglo pasado se decía que una madre debería tener no menos de cuatro hijos, uno para que pueda dedicarse al comercio o al negocio de la familia, otro para que se dedique a una carrera de armas, mientras que el tercero debería tomar la sotana y, el cuarto, asumir función pública. El trabajar para el Estado estaba considerado en el mismo nivel que el servir a Dios, el defender a la patria, o ser exitoso en el mercado. Sin embargo, la situación ha variado y el cuarto hijo tendría hoy dificultad en justificar una vocación de servicio a la Nación.

¿Por qué se ha devaluado tanto en la escala laboral el trabajar para el Estado? Bueno, el tema de la remuneración es fundamental y, evidentemente, la falta de una política de incentivos que diferencie y recompense al productivo, desalienta el ingreso del más efectivo. Por otro lado, el absurdo techo en los salarios máximos, fijado arbitrariamente por el presidente, ha creado uniformidad en los ingresos estatales, y ha juntado en el mismo nivel a las cuatro principales categorías de funcionarios, aplastando cualquier motivación para ascender, al menos en lo que respecta a la remuneración. Como el tema del tope parece ser una obsesión de García, habrá que esperar hasta el próximo gobierno para contar con una coherente política salarial estatal.

Sin embargo, siempre existe la satisfacción del servicio público que hace que muchos se decidan por esa opción, pese a que en el mercado su remuneración sería mucho mayor. En esos casos, parece ser más bien el Congreso el encargado de desalentarlos, con lo cual ese poder termina jugando en pared con Palacio para deteriorar, en conjunto, el nivel del Estado. El absurdo rechazo al Sr. Beteta sin siquiera haber escuchado sus propuestas para modernizar la Contraloría, así como el maltrato que recibe la mayoría de funcionarios que son convocados para explicar algún tema a los parlamentarios, confirma que en la Plaza Bolívar no hay interés alguno en elevar la calidad del servicio público. Al contrario, su función parece ser el ahuyentarlos. Incluso, daría la impresión de que el nivel promedio de los congresistas (que es muy bajo) sería el estándar más alto que ellos permitirían para los principales cargos del Estado, con lo cual son cada vez menos los dispuestos a sacrificarse por la vocación de servir a la Nación.


PERU21

Une saison en enfer

Estremecedor, más quizá que el primero, el segundo alegato de autodefensa. Y sobrecogedora la frase “ya el infierno de la guerra se apagó, ahora sólo queda Alberto Fujimori en prisión”. Pero en un juicio los giros literarios no cuentan. Por eso, de toda su última intervención, rescatamos dos argumentos demoledores del ex presidente, éstos sí jurídicos: “como acusado, no tengo que probar mi inocencia, la Fiscalía y la parte civil están en la obligación de probar la culpabilidad. Y ninguno de los cerca de 80 testigos, ninguno de los 600 documentos que han pasado en más de 150 audiencias por aquí, en estos 15 meses, ha podido probar que haya ordenado o participado en los asesinatos de Barrios Altos y La Cantuta”. Y por supuesto este otro: “¿fue parte de la política institucional del gobierno de Alan García exterminar a campesinos en Cayara y Accomarca? ¿Fue parte de la política institucional de Fernando Belaunde los cientos de desaparecidos que ahora se están descubriendo en el cuartel Los Cabitos y en las fosas comunes de Putis? ¿Qué diferencia hay? ¿Por qué Alan García y Fernando Belaunde son inocentes y Alberto Fujimori es culpable? ¿Por qué la doble vara?”.

Respecto a lo primero, lo hemos dicho aquí hasta la saciedad, para la justicia peruana, lamentablemente, todos son culpables hasta que se demuestre su inocencia. En especial para esos “tribunales de sangre” mal llamados juzgados anticorrupción. Y sobre la doble vara, ya lo repetimos también hasta el hartazgo, ocurre que Fujimori se enfrenta a una alianza de odios en la que están juntos y revueltos las ONG derechohumanistas, los caviares y marxistas jurásicos, los fujimoristas reciclados en los medios “correctos” que pretenden borrar su pasado vomitando bilis y buena parte del establishment que aún no digiere que un hijo de inmigrantes japoneses nos haya gobernado (Y ojo que no es tan exacto que García haya pasado piola. El próximo en la lista es él por El Frontón, como ya anunció el caviar De la Jara meses atrás).

Así que este es un juicio político, aunque San Martín diga lo contrario. Muy bonito el discurso sobre independencia y ausencia de presiones que pronunció al final de la audiencia, pero eso de anunciar que la Sala dictará sentencia el martes no solo habla de prisa sino, sobre todo, de algo ya preparado hace mucho por el tribunal. ¿En un solo día útil, incluso en tres si trabajan el fin de semana, van a analizar 132 tomos con 68,300 folios, los alegatos de Nakazaki y las dos intervenciones de Fujimori? Ni Mandrake. Además, el pez por la boca muere. Lean en la página 3 lo que declaró el fiscal Peláez: el “esqueleto” de la sentencia estaba listo desde el primer día del megajuicio. ¡O sea...!

A estas alturas, y teniendo en cuenta que en sus dos intervenciones mencionó el infierno, a Fujimori bien se le podrían aplicar esas líneas de Rimbaud que dicen: “Antes, si mal no recuerdo, mi vida era un festín donde se abrían todos los corazones... ahora estoy maldito, tengo horror de la patria”. Porque, ¿qué presidente del Perú en el futuro se atreverá a combatir un eventual rebrote terrorista a sabiendas de que acabará sentado en un banquillo acusado de criminal? Así que cuidado, no nos engañemos. El martes no solo condenan a Fujimori. Nos condenan a todos.

LA RAZON

Piqueo de temas

Me imagino que las presiones pepecistas para que Lourdes Flores sea candidata presidencial deben ser intensas. El PPC sacó alrededor del 10% a nivel nacional con Bedoya en 1980 y 1985, mientras que Lourdes rondó el 25% el 2001 y el 2006 (el PPC logró obtener 24% en la Constituyente de 1978, pero porque no participó el entonces poderoso Acción Popular), así que ella es la única locomotora del partido que puede meter varios representantes del PPC al Congreso en el 2011 (que ahora tiene muy pocos) para mantener vigencia y posiblemente sin alianzas, porque siempre les ha ido mal con éstas, que ayudan a ingresar a personajes que luego los abandonan o no mantienen la disciplina, desde la Convergencia de 1985 hasta la UN de ahora. Vamos a ver qué pasará con el cuarentón PPC en esas elecciones, que junto al octogenario APRA son los únicos partidos orgánicos (con programa, ideología, militantes, historia, cuadros, comités, dirigencias, conexiones internacionales, etc.) que aún subsisten (aunque ya son, sobre todo el APRA, pálidos reflejos de lo que fueron), pues AP nunca fue un partido sino una "Federación de Independientes", como lo definió genialmente el difunto líder aprista Andrés Townsend ("El Perú como doctrina" no es una ideología seria ni han tenido otro candidato fuerte aparte de FBT), mientras que los comunistas ya no existen y los fujimoristas y humalistas no son más que aluvionales.

- Primero se rebajó la cuota inicial de "Techo Propio" del 10% al 1% de su valor. O sea, pagas S/.480 en lugar de S/.4,800, por lo que cualquiera ingresa a este programa de vivienda y luego a ver cómo los sacas de las casas si dejan de pagar. Seguramente a algún político se le ocurrirá una condonación, tipo la que acaba de suceder con Banmat y Agrobanco.

Ahora dicen que van a "titulizar" en bonos los préstamos de Mivivienda. ¿Qué no han leído el origen de la crisis de las hipotecas subprime? Pues la receta de esa catástrofe fueron cuotas iniciales irrisorias y posterior esparcimiento del riesgo por todo el sistema a través de aglomeraciones de bonos. No digo que la masa de Mivivienda pueda hacer tambalear nuestro PBI, pero se está incurriendo en prácticas muy imprudentes.

- Con las nuevas leyes contra los choferes ebrios y el bajo nivel de alcoholemia actual, que las mujeres se preparen para ir masivamente a la cárcel y que se construyan varios penales Santa Mónica para recluirlas, pues un estudio reciente (ver en internet la página especiales.lanacion.com.ar reveló que una fémina, cuyo metabolismo es distinto al del varón para procesar el alcohol, está por pasar este límite solamente con una cerveza y lo supera fácil con dos copas de vino o un vaso de whisky. Un disparate.

- Lo ocurrido con Beteta en el Congreso es de vergüenza. Por un tonto formalismo no quieren respetar una larga y destacada carrera, trayectoria que ya muchos de esos mediocres habrían querido tener. Y primero lo atacaron porque había vivido en Chile y tenía un pariente aprista (¡todavía uno que está casado con chilena y con una hermana presa por senderismo!). ¿Por qué son tan poca cosa? Si hubo hasta uno que le preguntó con quién estaba casado, cuando en sus narices el currículum decía que era soltero.

CORREO

Caín era peruano

Hay algo de razón cuando se dice que somos un país morboso, al que sólo le gusta consumir malas noticias, amarillismo o banalidades, y en donde no se valoran las positivas en su real valor. En este verano que no quiere irse se acaban de salvar miles de puestos de trabajo en la minería con un rescate impecable -sin que el Estado ponga un centavo- de la refinería de La Oroya de Doe Run; se ha arrinconado a Chile en La Haya con una brillante estrategia; se consiguió cerrar un TLC con Estados Unidos con todo en contra; se firmó la expansión de la autopista del norte hasta Trujillo; se ha realizado una magnífica concesión del puerto de Paita, donde se ha conseguido una inversión total de más de US$200 millones; antes salió una gran operación como Taboada y se ha colocado un bono externo con una demanda cinco veces superior porque sencillamente el mercado externo cree firmemente en nuestra economía; y sin embargo, aquí nada de elogios o palmaditas tibias por parte de los agentes políticos internos (o de la misma prensa), como si éstas fueran nimiedades.

Más están ocupados en hablar o proponer cojudeces, o en obstaculizar por obstaculizar. ¿Han escuchado -por referirme a los más pensantes de la oposición más aguda- a Vitocho y Bruce o -bueno, seamos generosos con esto de "pensantes"- Mekler, Abugattás y Otárola comentar algo de esto en términos positivos? ¿Alguna vez han leído a Lévano o han escuchado a Humala aplaudir algo? ¡Ni la propia bancada oficialista lo ha hecho, comenzando por el mismísimo Luis Alva Castro, que es el pivote en economía de la Célula Parlamentaria Aprista! Me imagino que todo esto debe ser algo muy frustrante para los tecnócratas y funcionarios del Estado.

Nadie espera que la oposición reviente cohetes, pero podría haber menos mezquindad ante hechos que le hacen bien al país. Es que el peor enemigo de un peruano es otro peruano� En eso los chilenos nos dan vueltas. Siempre ponen a su país por delante por más discrepancias que tengan. El otro día leí un artículo del ex canciller Manuel Rodríguez Cuadros que termina haciéndole eco a una queja chilena y mina los esfuerzos del equipo que está viendo el juicio en La Haya. Ya, ya, todos sabemos que Rodríguez Cuadros detesta al canciller García Belaunde y está coqueteando con los humalistas y los toledistas para ver con cuál de estos dos grupos opositores se coloca políticamente, pero no por eso puede llegar a esos extremos de hacerle el juego a los chilenos, siendo él nada menos que un ex canciller. ¡Qué horror!

Y en el Congreso se presenta a un magnífico candidato a Contralor como Beteta y los legisladores lo balotean por una huevada. Oigan, comparen nomás la trayectoria profesional y la capacidad intelectual de Beteta con la de sus críticos más feroces Yonhy Lescano, Hildebrando Tapia, Freddy Otárola o Edgar Reymundo� ¡No le llegan ni al tobillo! Es que seguramente Caín tenía pasaporte peruano.

Cierro copiando los nombres de los congresistas que balotearon a Beteta para el recuerdo abominable, para el oprobio: Víctor Andrés García Belaunde, Rolando Reátegui, Renzo Reggiardo, Hildebrando Tapia, Álvaro Gutiérrez, Freddy Otárola, Santos Carpio, Hilaria Supa, Martha Moyano, Francisco Escudero, Edgar Reymundo, Yonhy Lescano, Martha Acosta, Rafael Vásquez, Carlos Cánepa y Oswaldo Luizar. Un grupo unido por la vergüenza. Un grupo cainita.

CORREO

No hay “gatillo” ni “bala de plata”

Por Humberto Campodónico.

El gobierno acaba de anunciar un aumento de 12% en el salario mínimo, cifra muy superior a la inflación del año pasado. Según el ministro de Trabajo, el salario mínimo pasará de 180 a 200 dólares mensuales, aunque aún deberá ser aprobada por el Congreso. Como la inflación del 2008 fue 5.9%, el salario mínimo tendrá un incremento real de 6%, el más elevado desde el 2006. Con este aumento, el gobierno inyecta 8,500 millones a la demanda interna, lo que reduce el desempleo y estabiliza el mercado.

La noticia no se refiere al Perú, claro está, sino a nuestro vecino Brasil que subió el salario mínimo a fines de enero pasado. El gobierno de Lula entiende que, al aumentar el poder adquisitivo de los trabajadores está también aumentando la demanda interna y tratando de reactivar la economía para volver al crecimiento, pues su PBI se redujo en 3.6% en el IV Trimestre del 2008.

En otros países, como Argentina, Colombia, Chile y México el salario mínimo también ha aumentado en los últimos meses, como consecuencia de acuerdos institucionales en los que intervienen el gobierno junto con representantes de los empresarios y los trabajadores (ver www.cristaldemira.com, 14/01/2009).

Pero eso no sucede en el Perú, a pesar de que el Consejo Nacional de Trabajo (organismo en el que están gobierno, empresarios y trabajadores) estableciera en octubre pasado que el salario mínimo debía aumentar de S/. 550 a S/. 577 mensuales, debido a la “cláusula gatillo”. En efecto, en el Perú el reajuste del salario mínimo se hace cada dos años (el último fue en octubre del 2007; en los países señalados más arriba el reajuste es anual) pero si en ese lapso la inflación aumenta por encima de lo calculado, entonces “se gatilla un complemento”, que el CNT estimó en 27 soles.

El problema es que, de acuerdo con la ley peruana, el CNT no es un órgano totalmente independiente, pues depende del Ministro de Trabajo en lo referente al salario mínimo. En este caso, como el ministro de Trabajo (digo, es un decir) Jorge Villasante no llevó el acuerdo al Consejo de Ministros, todo quedó en nada. Por eso, en señal de protesta, la CGTP acaba de decidir retirarse temporalmente del CNT. Pero el ministro incumplidor, sin que se le mueva una ceja, le pide “tolerancia a la CGTP”. ¡Qué tal cuajo!
Tanto el ministro de Trabajo como algunos representantes de los empresarios arguyen que “no es posible aumentar ahora el salario mínimo porque estamos en crisis y porque las mypes no lo podrían pagar”. Este argumento es falso, ya que las ganancias de las empresas, como lo informa Gerens, siguieron aumentando en el 2008. De otro lado, más del 80% de la PEA empleada está fuera del Régimen General del Trabajo, por lo que no recibe dos gratificaciones y no tiene CTS ni vacaciones.

Aquí hay varias cuestiones de fondo. Uno, la recuperación del poder adquisitivo de los salarios con respecto a la inflación del 2008, que fue de 7%, lo que es elemental. Dos, que año a año se reduce la a masa salarial como porcentaje del PBI, incluso en años de crecimiento: del 2001 al 2006 ha pasado del 26% al 21% del PBI. No hay cifras para el 2007, pues el INEI aún no publica las Cuentas Nacionales, un atraso por demás sospechoso, pero la tendencia es la misma.

Tres, el enfoque económico del gobierno, centrado en el Plan Estímulo a la inversión pública en infraestructura, construcción y las Asociaciones Público-Privadas (donde el sector privado recibe el apoyo de fondos públicos). Es aquí donde cobra importancia la propuesta del Plan Anticrisis presentado hace poco por la CGTP (1), donde se pone el acento en medidas que estimulen el empleo y la producción locales, lo que incluye el alza del salario mínimo a S/. 750/mes, la elevación de los aranceles y la reducción del IGV, entre otras medidas.

Como dice Oscar Dancourt, no se trata de apostar todo a una sola “bala de plata” de obras públicas. Pero al gobierno y a los empresarios peruanos (casi todos se han opuesto al “gatillo”) poco les interesa el poder adquisitivo de los trabajadores, a diferencia de lo que se plantea en Brasil y otros países vecinos. Que no se quejen cuando la bala de plata no dé en el blanco.
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(1) Ver artículos de Jurgen Schuldt y Oscar Dancourt en este diario y en http://aeperu.blogspot.com/

Todos los artículos del autor pueden ser leídos en: www.cristaldemira.com

Futbolista inimitable

Por Mirko Lauer.

La carta notarial que un futbolista ha enviado a un programa cómico exigiendo que dejen de hacer imitaciones de su persona es un signo de los tiempos en ese deporte. Ni el fútbol ni los futbolistas están para programas humorísticos en estos tiempos. Lo interesante es que esta comunidad-negocio deportiva se haya dado cuenta de ello.

Con un dirigente FIFA repudiado por 90%+ de la afición, acusaciones a la empresa de un agente FIFA, un reguero de derrotas en todas las canchas y escándalos personales para todos los gustos, el fútbol peruano es un edificio con tejado de vidrio, para cuyos inquilinos las bromas hace tiempo que pasaron de graciosas a sangrientas.

El problema no parece estar en los programas de humor mismos, ya que los políticos siguen haciendo cola para ser imitado (aunque Rómulo León también mandó su carta notarial). Hace poco un militar retirado movió su colita en uno de esos programas, precisamente esperando que eso le sirviera como plataforma de lanzamiento político. Posar al lado del imitador ya es un clásico en la vida del gremio.

Quizás los futbolistas tienen el pellejo más delicado que los políticos. En fútbol una mala fama creada o difundida por un programa de TV puede influir en el Valhala de los clubes que contratan en el hemisferio norte. En cambio en política es evidente que lo que no mata engorda, y en estos tiempos muy pocas cosas matan.

Y el fútbol puede estar hecho una corte de los milagros, pero el futbolista de la carta notarial tiene la razón: existe un derecho a la propia imagen. Como el menú de nuestros programas humorísticos es más bien de sal gruesa o de poco velada procacidad, y el rating se hace a expensas de los imitados, les resulta fácil pasarse de la raya, y de hecho lo hacen.

Uno pensaría que después de lo que le pasó Magaly Medina por calumniadora, los negocios mediáticos apoyados en el aprovechamiento de la imagen del prójimo pondría las barbas en remojo. Pero es sabido que nadie aprende de la experiencia ajena, y a veces, como parece ser el caso de Carlos Álvarez, ni siquiera de la propia.

Se nos dirá que es importante tener correa y aceptar las bromas también cuando ellas son a expensas de uno, y que ser el blanco de bromas es uno de los precios de la celebridad. Todo eso es cierto, siempre y cuando el parodiado no se sienta objeto de un agravio inaceptable. Pues entonces empiezan a volar, justificadamente, cartas notariales.

¿Saben realmente los humoristas en qué momento dejan de ser graciosos? Una regla de oro en el tema podría ser que si hay tantas personas que no tienen problema en ser imitadas, y que incluso lo reclaman, entonces es preciso respetar la voluntad de quienes no desean ser imitados.

LA REPUBLICA

La Vía Libre de Eddie Blume

Por Augusto Álvarez Rodrich.
alvarezrodrich@larepublica.com.pe

Nunca nos vimos en persona pero tuvimos –durante los años en que dirigí Perú.21– un contacto epistolar cercano gracias a los e-mails que me enviaba con regularidad para solicitar apoyo para sus campañas, para felicitar por alguna nota, o para quejarse por algún enfoque del que discrepaba.

Creo que Eduardo Blume hacía un gran trabajo para el país, y por eso me dolió enterarme de su muerte, hace unos días, justo regresando a casa después de ver ‘Milk’, esa espléndida película con la que Sean Penn gana el Óscar, y que no solo es sobre la lucha por el reconocimiento de los derechos de los gays en Estados Unidos, sino una lección magistral sobre cómo construir una plataforma política desde el espacio restringido de una cuadra de barrio hasta el nivel nacional.

Con su estilo un poco rochoso pero útil para llamar la atención, como eso de entrar a una farmacia gritando “¡qué condones tiene!” con el fin de que la gente pierda la timidez al comprar un preservativo, Eddie Blume fue una especie de Harvey Milk peruano que luchó por la difusión de los conceptos básicos para responder apropiadamente al VIH y el sida.

Con dicho fin, Blume participó en Vía Libre, la entidad que, desde su creación, en 1990, lidera el trabajo sobre sida en el Perú, a través de investigaciones, defensa de los derechos de las personas con VIH y sida, capacitación y, en general, difusión de información seria y oportuna sobre el tema.

Si los peruanos estamos hoy un poco más preparados para enfrentar el VIH y el Sida, no es por el trabajo que el Estado debe realizar y no hace bien, sino por el esfuerzo de organizaciones como Vía Libre y, principalmente, por el valor, entusiasmo y valentía con que Eddie Blume emprendió su tarea.

El avance es todavía insuficiente pero se está logrando que la población tome mayor conciencia de las precauciones indispensables para evitar el VIH y sida, así como para que las personas afectadas y sus familiares puedan enfrentar mejor la discriminación que suele acompañar a este mal.

El país le debe a Eddie Blume un agradecimiento profundo por el valioso trabajo que desplegó en favor de dichos objetivos. Ojalá que este esfuerzo que es tan importante en el país sea continuado con el mismo entusiasmo, lo que seguramente ocurrirá a través de Vía Libre y de otras organizaciones.

Ese será el mejor homenaje que se le debe a este peruano valiente y entusiasta por la causa de la defensa de los derechos sexuales y de las personas con mayor riesgo al VIH y sida, una forma más de, sin duda, promover y proteger los derechos humanos de un segmento de la población peruana.

LA REPUBLICA

xDemocracia vs. terrorismo

La reconciliación entre peruanos tiene que pasar necesaria e indubitablemente –antes que por erigir un museo de la memoria– por reconocer que el enemigo mayor de toda sociedad civilizada es el terrorismo. Como bien lo hizo notar el director de esta casa periodística, en su columna publicada el pasado 2 de abril bajo el título “El ejemplo español”, mientras que en España los dirigentes políticos se unen para suscribir un documento contra la subversión, aquí en el Perú ponemos la carreta delante de los caballos al hacer museos sin haber acabado, previa y definitivamente, con los remanentes terroristas, que incluso actualmente se agazapan en zonas agrestes de nuestra geografía aliados con el narcotráfico.

Qué diferencia tan clara exhiben dos partidos rivales, como el PSOE y el PP, en su decisión clara y firme contra la subversión vasca, cosa que los movimientos políticos peruanos no lo hicieron ni en la década del ochenta, ni del noventa, ni en la actualidad.

Por eso lamentamos que haya algunos apresurados e ingenuos que asumen –al desesperarse por un museo de la memoria, a veces con deseo de figuración– que el terrorismo es asunto cerrado, minimizando equivocadamente que aún existen columnas activas. Ayer nomás, en vez de establecer acuerdos mínimos para buscar la reconciliación entre peruanos, los amos de las ONG políticas se apuraron a parir con fórceps una llamada Comisión de la Verdad, hecho –entre otros– que dividió a la nación y deslegitimó a dicho colectivo ideologizado. Ahora, sobre base tan endeble –que obvió la unión nacional contra el terrorismo– ¿los miembros de esas ONG quieren desbocadamente instalar un museo de la memoria?

Ante esa realidad penosa para la mayoría de peruanos, no queda sino evitar que ese “museo de la memoria” siga siendo manipulado y termine plagado de vacíos, como ocurrió con la sesgada muestra fotográfica preparada por la “izquierda refinada” bajo el nombre “Yuyanapaq”. En puridad, sabemos que per se la Comisión palaciega que se ha creado para concretar el proyecto del museo de marras no es garantía que continúe el mangoneo de un tema nacido del vientre de las ONG embrionadas por marxistas y leninistas. Por eso resulta fundamental suscribir compromisos claros y rotundos contra el terrorismo, tomando como ejemplo la experiencia española, donde los principales partidos –el PP y PSOE– han cerrado un histórico acuerdo para regenerar la vida institucional del País Vasco. Y eso parte por repudiar a la subversión y a cualquier tipo de apoyo que se dirija a favor del terrorismo.

Parte medular de la referida declaración de los partidos hispánicos señala: “…combatir y derrotar a ETA en todos los ámbitos; apoyar y reconocer a las víctimas del terrorismo; impedir los homenajes a personas o grupos vinculados a la banda y a deslegitimar política y socialmente a los que amparan el terrorismo…”. Esperamos que los políticos peruanos no se sientan apabullados por la influencia mediática de las ONG dedicadas al negocio de los derechos humanos, y procedan a adoptar de inmediato iniciativas similares a la española. Para empezar, taxativamente evitando rendir homenajes a los terroristas y a sus colaboradores y reconocer, más bien, a las víctimas del genocidio senderista y emerretirtsa. Pero, eso sí, que no quepa la menor duda, los senderistas y emerretistas no son las víctimas. Son los victimarios.


EL COMERCIO

Argolla mediática

Es increíble la capacidad histriónica de la que hacen gala dos periodistas, un hombre y una mujer, al rasgarse las vestiduras por el ex ministro del Interior Fernando Rospigliosi, recientemente declarado infractor de la Constitución por la Comisión Permanente del Congreso. Una vez más se comprueba que existe en el periodismo peruano una cofradía mediática, por fortuna integrada por poquísimos periodistas, quienes pese a tener rabo de paja insisten en presentarse ante la opinión pública muy pulcros y honestos, es decir quieren aparecer como líderes de opinión con facultad para levantar el dedo acusador a diestra y siniestra, ponderando hipócritamente sobre democracia, derechos humanos y ética.


Esa argolla con poder mediático, donde quienes la integran suelen lisonjearse unos a otros, piensa que la ciudadanía es incapaz de darse cuenta de los hechos por los cuales el ex ministro toledista de marras ha sido acusado por infracción constitucional. Todos ellos, cortados por la misma tijera y sin autoridad moral, señalan que se ha cometido una vendetta contra Rospigliosi por haber revelado los “petroaudios”. Qué cosa más jalada de los cabellos. Sucede que esa fue la coartada del ex ministro ante la falta de argumentos para defenderse. En esencia en este caso, como antes lo fue en otro relacionado al funcionario Diego García Sayán, los periodistas aludidos se refieren a hechos cometidos durante el gobierno toledista, pero que mediante una serie de argucias y mañas tardó mucho en ser visto en la agenda del Legislativo. Pero como toda demora es signo de ineficiencia, máxime cuando estaba por prescribir el hecho materia de la acusación contra Rospigliosi, el asunto merecía ser abordado de una vez y sin más postergaciones.

De modo que el affaire “petroaudios” nada tiene que ver. Sugerirlo es mezclar papas con camotes, o en todo caso es lanzar cortinas de humo de parte del acusado o de sus defensores mediáticos para confundir a la platea, como fue la pataleta de Rospigliosi en el seno de la Comisión Permanente a la que calificó de “pandilla”, así como a los congresistas que lo acusaban de “corruptos”. Pero ese es el estilo procaz que siempre practica Rospigliosi, un individuo que ahora recibe sopa de su propio chocolate. Si no, recordemos sus columnas furibundas publicadas en un hebdomadario, desde donde fusiló a más de un político, en especial a quienes le antecedieron en la cartera del Interior, de donde salió censurado.

Lamentamos que en una noticia que debió manejarse sin apasionamiento, dos periodistas hayan hecho cuestión de Estado –y sobre todo desinformado a la opinión pública– al soslayar los hechos y al afirmar que existe una venganza de por medio. Basta preguntar a los policías cómo fue el uniforme que vistieron durante la gestión del entonces ministro Rospigliosi. Eran prendas de ínfima calidad, incluyendo el calzado con el cual no podían caminar. Por eso da pena ver a ambos periodistas reciclados, que ayer nomás trabajaron para ese fujimorismo que hoy tanto cuestionan, poner las manos al fuego por Rospigliosi y pasar por agua tibia a este ex ministro que habría beneficiado económica o amicalmente a un consorcio (Proética) que ni siquiera estaba inscrito en Registros Públicos cuando suscribió con él un contrato oneroso representando al Estado, nada menos que para supervisar una licitación de uniformes policiales que acabó siendo un escándalo. Al margen de lo que determine el Pleno, existe aquí un severo error ético y político.

EXPRESO

La condena moral

Por: Hugo Guerra

Buen lector, los peruanos debemos velar para que, con la sentencia sobre Alberto Fujimori, concluya el martes, con justicia y sin ánimo de venganza, el juicio impecable que ha presidido el doctor César San Martín.

Personalmente sí creo que el procesado es culpable. Veamos: en su alegato de autodefensa, el ex dictador ha incurrido en la manipulación arquetípica de los genocidas, al sostener que al momento de su llegada al poder la situación era tan catastrófica que, por ello, debió dar el autogolpe de Estado de 1992; y, asimismo, avanzar en una estrategia sin cuartel para derrotar al terrorismo.

Es cierto que desde 1980 hasta principios de la década siguiente el Perú padeció uno de los fenómenos más violentos que se hayan registrado en la historia contemporánea. Estábamos involucionando hacia un modelo polpotiano y eso costó la vida de decenas de miles de compatriotas y pudo poner a nuestro país en la terrible condición de inviable.

También es verdad que los gobiernos del período 1980 – 1990 incurrieron en el grave error político y estratégico de delegar el poder real del país a las FF.AA., al otorgarles un mando político-militar en las zonas de emergencia que ocupaban gran parte del territorio nacional, sin estar preparadas para tal encargo.

Se planteó, entonces, la disyuntiva más compleja que debe afrontar un gobernante: o Fujimori asumía una política radical (la guerra sucia sustentada en la interrupción de la democracia y el desprecio por los derechos humanos) para frenar rápidamente a Sendero y el MRTA; o desplegaba estrategias de defensa quizá más lentas, pero igualmente enérgicas y eficientes, sin salirse del marco democrático.

En lógica esto se llama dilema, el problema que puede resolverse de dos maneras distintas, aunque ninguna de ambas sea plenamente satisfactoria. Y en política el dilema se resuelve, en última instancia, con criterio moral, privilegiando el bien sobre el mal.

La opción de Fujimori fue el pragmatismo, la hipereficiencia y el corto plazo, sin importar que ello implicara —como está demostrado— una represión indiscriminada, el avasallamiento de las libertades fundamentales, la imposición del autoritarismo, la construcción de un régimen que pretendió perpetuarse por el miedo y la corrupción y, claro, el silencio de aquellos a quienes su gobierno mandó a asesinar.

La sentencia debe circunscribirse al dictador y sus cómplices, porque no están bajo escrutinio los militares que vistieron y visten con honor el uniforme de la patria. Tampoco debe juzgarse un modelo económico o una postura ideológica. El tribunal no puede perder de vista que el sujeto de la sentencia es el hombre que optó por convertirse en un mesías impostor carente de criterios morales.

Condenar a Alberto Fujimori será como encender el fuego purificador sobre un sistema político que necesita con urgencia recuperar aquellos valores que le permitan proyectar al Perú como nación moralmente sólida por encima de cualquier contingencia futura.

EL COMERCIO

Paremos los accidentes

LA CARRETERA CENTRAL NECESITA SEGURIDAD VIAL

Por: Juan de Dios Olaechea Periodista

Cuando se buscan las causas de los accidentes de tránsito muchas veces no se evidencian las situaciones de la realidad. Se dice que algunos accidentes se producen por negligencia del propio conductor; otros, por un mal diseño de la vía; y otros, por problemas del vehículo. Sin embargo, muy poco se repara en los accidentes causados por la circulación de pesados vehículos de carga en ciertas vías supuestamente diseñadas para dar fluidez al tránsito.

El caso típico es la Carretera Central. Al lado de vehículos particulares, de pequeños vehículos de carga y de transporte interprovincial, circulan camiones comerciales de seis ejes, cuyo diseño y características producen muchos problemas. Técnicamente, debido a su estructura, es inviable que estos circulen en una vía que busca ser fluida y segura.

Por un lado, está la lentitud. Por su tamaño y peso, dichas unidades solo pueden ir a velocidades de 15 km/h, lo que ocasiona cuellos de botella en la carretera, y perjudica la movilidad y la seguridad de miles de personas. Ello se agrava en una vía de doble sentido como la Carretera Central, en la que los vehículos particulares muchas veces buscan adelantarlos, lo cual genera innumerables peligros. En otros casos, ha ocurrido también que algunos choferes se han encontrado en las curvas con estos vehículos y se han empotrado en ellos, sobre todo de madrugada.

De otro lado, está el diseño. La Carretera Central, al estar ubicada en una geografía difícil como los Andes, tiene 14 curvas que solo admiten el paso de vehículos que tengan un radio menor de 27 m para poder girar sin problemas. En cambio, los camiones de seis ejes requieren como mínimo de 50 m de radio para girar, lo que ocasiona que invadan el carril contrario, lo que crea riesgos de accidentes.

Otro elemento a tener en cuenta es la afectación al patrimonio vial, es decir la duración de la vía. El excesivo peso de estos vehículos incrementa la presión sobre el asfalto y, por tanto, este se desgasta rápidamente, lo que obliga al Estado a desembolsar más recursos para su mantenimiento. Una vía que debería durar entre 8 y 10 años dura menos de 6 años por el excesivo peso que soporta. Todos estos elementos han motivado que la circulación de vehículos de carga de seis ejes esté prohibida por ley federal en EE.UU.

En la actualidad se estima que existen solo 368 camiones de este tipo que circulan por la Carretera Central, lo que representa menos del 8% del total de vehículos que transitan en esa vía, una cantidad ínfima frente a los tremendos problemas que ocasionan.

El problema está a la vista de todos. Ponerle fin no es complicado. Se necesita asumir modernas políticas de transporte y seguridad vial, y decisión firme de las autoridades. Es hora de actuar. La seguridad de los pasajeros, la fluidez de la vía y el presupuesto público lo agradecerán.

EL COMERCIO

Coltan: El oro de la era cibernética

RIQUEZA QUE DESANGRA EL CONGO

Por: Martha Meier M Q Periodista

Resulta paradójico que la gran revolución de las telecomunicaciones que ha unido e interconectado a los pueblos de una manera jamás vista ni prevista en la historia de la humanidad, dependa de un recurso natural cuya explotación viola derechos humanos especialmente de la niñez, destruye el ambiente y genera conflictos que desde 1998 tienen sumida en una interminable guerra civil a la República Democrática del Congo (antigua Zaire). Millones de seres humanos somos cómplices de este drama sin siquiera saberlo, y es que nuestras computadoras, celulares, videojuegos, iPod, GPS y demás maravillas dependen de ese recurso. Se trata del coltan, compuesto mineral sumamente escaso y raro declarado por el Pentágono como “materia prima estratégica”.

El coltan fue hasta hace poco una simple curiosidad mineralógica, un objeto de interés para estudiosos y coleccionistas al que se le encontró múltiples y valiosas aplicaciones. Todo dispositivo electrónico del que nos preciamos funciona gracias a los condensadores electrolíticos de tantalio, uno de los componentes extraídos del coltan. El tantalio es un metal con usos en cirugía, telecomunicaciones, la industria espacial y electrónica, la tecnología militar de misiles, el equipamiento químico y los reactores nucleares. Tanta bondad, lejos de beneficiar al territorio que alberga a este “oro de la era cibernética”, ha derivado en desgracia y violencia.

Hace algunas semanas El Dominical divulgó una nota sobre las guerras por las riquezas minerales congolesas. George Simons Pardo —que cubrió el África Subsahariana para la agencia de prensa internacional World Investment News— señaló en aquel informe que actualmente uno de los recursos más codiciados es el referido compuesto. Ruanda y Uganda, países vecinos, han invadido parte del Congo y controlan las zonas donde se ubica el recurso. El coltan no es exactamente un mineral sino el binomio de composiciones de columbita y tantalita. La codicia es básicamente por la tantalita de donde se obtiene el tantalio, metal de alta conductividad y capacidad de almacenamiento de cargas eléctricas, extremadamente dúctil y maleable, resistente como el vidrio pero que puede ser enrollado, doblado, soldado y utilizado en aleaciones para obtener materiales que soportan altísimas temperaturas, la corrosión y es prácticamente indestructible por los ácidos.

El Congo cuenta con 80% de los depósitos de coltan del planeta. La explotación se da informalmente bajo la mirada de militares de los países invasores y de las guerrillas. En estas minas de tajo abierto trabajan miles de niños que abandonan sus escuelas y campesinos que a la larga terminan esclavizados y muertos por las duras condiciones laborales. Los desechos mineros contaminan los ríos de la zona y grandes lagos. Se abren minas por doquier afectando diversos ecosistemas de los que dependen gorilas y elefantes, entre otras especies en extinción. “El desarrollo conseguido a costa del ambiente no es progreso sino retroceso”, decía el naturalista y político alemán, doctor Wolfgang Rotkegel. De este retroceso de nuestro planeta todos somos responsables si como consumidores no tomamos conciencia de que debemos exigir cambios y un sello internacional que garantice estándares éticos en todos aquellos equipos de nuestro uso cotidiano que contengan tantalio extraído del coltan.

ESPECIALIZADA EN TEMAS AMBIENTALES

EL COMERCIO

El golpe de timón que se espera del G-20

La llamada cumbre del G-20, que reunió en Londres a líderes de países del primer mundo y de otros emergentes, ha tenido resultados concretos que no pueden quedar en el papel, para poder recuperar la confianza y lograr la recomposición de la economía a mediano y largo plazos.

Se ha acordado un plan de financiamiento, por más de un billón de dólares, para fortalecer la economía mundial, así como la supervisión más estricta de la regulación bancaria, de los fondos de cobertura y de los paraísos fiscales. Esto último introduce el imprescindible factor ético y de responsabilidad empresarial y gubernamental, que había sido descuidado en las últimas décadas por los promotores del sistema capitalista.

En dicho contexto, por la envergadura de la crisis, resulta saludable y necesario el llamado a empezar a actuar ya. Por lo mismo, si bien el repunte de las bolsas mundiales de ayer, al terminar la cita, puede ser considerado como una señal positiva, del otro lado hay signos negativos que no pueden dejarse de lado.

Según reportes de ayer, solo en Estados Unidos se han perdido dos millones de puestos de trabajo en lo que va del año, mientras que voceros de las Naciones Unidas advierten que, de no tomarse medidas urgentes y efectivas, el desempleo podría afectar a cerca de nueve millones de personas en la región latinoamericana.

Otro acuerdo prevé un fondo de 50 mil millones de dólares para el comercio y el desarrollo en los países pobres, a los que no puede tratarse como convidados de piedra. Es más, la relativa fortaleza de algunos de ellos, como el Perú, se debe precisamente a la disciplina fiscal y al orden económico, siguiendo reglas que no respetaron los países donde se generó la crisis.

En tal coyuntura, son muy importantes los compromisos antiproteccionistas y por la reforma de las instituciones financieras, lo que deberá incluir un sistema de alerta temprana, para evitar que se repita la debacle de Wall Street, plagada de activos tóxicos, que nadie advirtió a tiempo ni asumió responsabilidad por ello.

Se ha aprobado también severas sanciones a los paraísos fiscales, en el entendido de que, a más de lavado de activos, promueven evasiones fiscales y tributarias impunemente y a la vista de todos. Lo mismo puede decirse de las desproporcionadas primas a los ejecutivos de bancos y financieras, que luego del escándalo de AIG en Estados Unidos, han puesto en guardia a ahorristas y contribuyentes. ¿Tenía que suceder una crisis como la actual para que recién se dieran cuenta de esta distorsionante realidad?

Es mucho lo que se espera de la cumbre. Los acuerdos, a ser financiados por los gobiernos, deben ser materia de seguimiento exhaustivo, pues son el primer intento concertado de respuesta rápida y seria a la gravísima crisis presente. En ese objetivo, hay que recordar que la economía es una ciencia que demanda, como todas, un enfoque ético y moral para cumplir su objetivo de servir a la sociedad y no a unos cuantos aprovechados.

EL COMERCIO

2.4.09

¡No me arrepiento!

sí como lo oyen. Alberto Fujimori dejó a un lado las entreveradas coartadas legales de su abogado y apeló a aquella parte del país que cree que la pacificación bien valía los muertos de La Cantuta, Barrios Altos y otros.

Se me pide un sueño imposible, dijo, que es el de civilizar la guerra, de ganar la guerra sin costo social.

“Asumí la defensa del Estado y puse en peligro mi vida”, declaró el hombre que se escondió en la Embajada de Japón durante la breve rebelión del general Salinas, el que puso miles de policías entre él y la población durante la jornada de los Cuatro Suyos y el que huyó al Asia y renunció por fax.

“Yo viré la estrategia del Estado frente a la subversión” alardeó frente al tribunal, acusando a Belaunde de distraído y a García de usar métodos de guerra convencional. Y efectivamente entre finales de los 80 y comienzos de los 90 hubo cambios de conducción, que redujeron los actos de represión masiva y los sustituyeron por una acción más selectiva.

Pero es de esa “selectividad” que se está discutiendo en el juicio en el local de la Dinoes. El Grupo Colina no es expresión de un ejército desorientado que golpea a ciegas, imaginando que de diez pobladores muertos uno tendría que ser necesariamente senderista.

No. La creación de los 90 buscaba a sus víctimas con nombre propio. Y, por cierto, fueron muchos más que los 25 muertos por los que se le procesa.

¿A quién nombrarán los libros?, se preguntó el ex dictador. Y como lo haría uno de sus imitadores, respondió a Alberto Fujimori, por supuesto. Tal vez no se equivoque y resulte el primer presidente del Perú condenado por delitos de lesa humanidad.


RAUL WIENER

García en salsa Alfredo

El señor Alfredo Marcos defendió antier “la necesidad” de que Canal 7 transmitiera el alegato de Alberto Fujimori, jefe de la banda de ladrones y criminales que asoló al Perú, prontuariado cuyos orígenes y hasta creación puede rastrearse en los diarios “Página Libre”, dirigido por ese todoterreno que se llamó Guillermo Thorndike, y en “La República”, bajo la dirección de Alejandro Sakuda y el patrocinio directo del primer (y archipodrido) alanismo.

Como el señor Marcos asesora a Alan García y acude a ciertos consejos de ministros como invitado –aparte de haber trabajado en planilla para un ente estatal, lo que determinó su reciente salida de “La República”- es posible que muchas de sus tiras pueden expresar no sólo su opinión sino la de su muy aconsejado líder y guía.

De modo que tras la publicación de su caricatura, en efecto, Canal 7 ha transmitido ayer, con un amplio despliegue de cámaras y planos, el discurso político de Fujimori, sin haber hecho anteriormente lo mismo con los argumentos de sus víctimas y de sus abogados representantes. O sea, el Canal del Estado otra vez inspirado en los Bressani, los Crousillat y los Vera Abad.

Me imagino que, después de esto, don Alfredo Marcos será también padrino de la anunciada boda del alanismo, con sede en París, y del fujimorismo, con casa matriz en la Yakuza de Kumamoto.

A los que puedan preguntarse por qué el Apra ha caído tan bajo, habría que decirles que no se trata de ninguna caída sino de un paso más en ese camino abierto por Mantilla con autorización remota de García.

Muerto el discurso antiimperialista de Haya de la Torre, asesinada la tercera vía, queda la Vía Veneto de Bettino Craxi y las coimas del socialismo entendido como negocio. De allí a pactar con asaltantes del tesoro público como los fujimoristas, sólo restaba un corto trecho.

Al día siguiente de su defensa de Fujimori, Alfredo Marcos se desliza hacia las sentinas del régimen para defender a César Vega Vega, quien ha demostrado que los apristas militantes y notorios también pueden presidir la Corte Superior de Lima.

En una tira que habrá de avergonzarlo más que cualquiera de sus zalamerías delivery, Marcos le hace formular al simpático perro de su serie “El mejor enemigo del perro” esta reflexión palaciega:

“El señor Vega Vega tiene un amigo, Carlos Roca. Este cumple años. Vega Vega va a su fiesta, ¿cuál es el problema?...”

El pobre perro, convertido en búfalo por obra y gracia de un milagro gráfico, añade:

“...Si mañana un juez X se encuentra con un líder del Apra en un centro comercial, se estrechan la mano y hay foto, se insinuaría que hay un enjuague...”

Este perro sí que le mueve la cola al amo. Podría competir con aquel secretario general aprista a quien algunos llaman, callejoneramente, “perro de chacra”.

Porque, vamos a ver. El señor Vega Vega es una altísima autoridad del “neutral” Poder Judicial y es el que ha secuestrado, jurisdiccionalmente hablando, el asunto de los petroaudios, cuyas implicancias –ya no cabe duda al respecto- llegan al dormitorio del doctor Alan García, a la secretaría general de la Presidencia y al entorno de amigotes y cajeros del presidente de la República.

Hacer grosera ostentación de su militancia oficialista es un mensaje de dudosa moral que Vega Vega le ha querido lanzar a la judicatura y a la sociedad.

Porque no es verdad que los cumpleaños de Carlos Roca sean fiestas abiertas donde se rinde culto a la amistad desinteresada. Son, al contrario, legítimas reuniones partidarias donde -sobre todo en vísperas del lanzamiento de candidaturas a la secretaría general, como es el caso- la política, los acuerdos, las alianzas, la Marsellesa en versión Sabroso y los recuerdos endogámicos del viejo partido constituyen la sal y la agenda.

¿Qué hacía Vega Vega, presidente de la Corte Superior de Lima, en una reunión facciosa del partido de gobierno? Pues decirnos, como en los viejos tiempos de Pacheco y moña: “esta es el Apra, ¿qué les parece?”

A mí me da mucha pena que el muy talentoso Alfredo Marcos se haya convertido en una caricatura. Y me da más pena haber perdido, con esta columna imprescindible para mi salud, a un gran amigo.

CESAR H.

El precio de la lucha

Es un secreto a voces que nuestro diario padece problemas económicos, lo cual explica atrasos en los pagos a los trabajadores (el director es, por si acaso, el más atrasado. En esta materia.)

Aprovechando el legítimo descontento del personal, contra mí y contra LA PRIMERA se organizó en estos días una campaña de odio, mentiras, calumnias y estupideces, cuya sede está en el Ministerio del Interior y en agentes de Fujimori y Montesinos que tienen por jefe a Vicente Silva y por agente servil a una señora B.

Un hombre de prensa vinculado al poder reveló a persona ajena a la política y al periodismo, apenas iniciada la campaña: “A tu amigo César Lévano lo quieren tumbar. La señora B. lo quiere reemplazar”.

La señora B. ha sido fiel servidora de Montesinos en un diario de donde la echaron por infiltrada; en un canal de TV por cable y en un diario de Piura.

Todo se sabe.

También es conocida la escasez de recursos económicos de este diario. Sus propietarios no lo han fundado para ganar dinero, sino para defender al país y a la mayoría de los ciudadanos, en particular a los obreros, los campesinos, los maestros, las comunidades campesinas, los intelectuales, los empresarios nacionales y nacionalistas, los nativos defensores de la Amazonía.

Más allá de los inventos injuriosos de la ultraderecha y la ultraizquierda, no somos voceros de partido o candidato alguno, ni de ningún gobierno extranjero.

Por ser opositores firmes carecemos de la publicidad estatal de que gozan cotidianos de mucho menor circulación y de muy subido desprestigio.

Pero no nos quejamos. Hemos ganado el respeto y la fidelidad de un público creciente. En Lima, y más aún en provincias, hay personas que fotocopian nuestras columnas y las distribuyen a decenas de amigos o clientes.

En nuestro recorrido hemos desnudado negociados y conductas antiperuanas, y denunciado planes antidemocráticos. En más de un caso, se ha impuesto nuestra razón.

Sin dogmatismos ni sectarismos, hemos acatado el consejo de Bertolt Brecht respecto a las Cinco Dificultades para escribir la verdad: el coraje de escribir la verdad; el tino para descubrir la verdad; el arte de hacer que la verdad se torne manejable como un arma; el juicio para escoger a aquellos en cuyas manos la verdad se vuelve eficaz; la astucia (die List) para difundir la verdad entre muchos.

Pero esto tiene un límite. Lo experimentan muchos sin saberlo: van a un quiosco de periódicos, y, a las nueve o diez de la mañana, el vendedor les dice: “La Primera ya se agotó”.

El remedio es fácil, aumentar la tirada. Pero eso significa más papel, es decir, más dinero.

Por esta invencible razón, nuestro diario costará un sol a partir de mañana viernes.

Ya planeamos algo nuevo bajo el sol. También en nuestro caso, el sol es vital para crecer.


LA PRIMERA

La memoria del terror

Pese a que el Museo de la Memoria todavía continúa levantando pasiones, la salomónica decisión del gobierno de nombrar a alguien que está, para la mayoría de peruanos por encima del bien y el mal, para liderar el proyecto, debe llevar a que este pueda ser discutido con más objetividad y se pueda concretar. Evidentemente, en la situación en que se encontraba la apasionada discusión entre los bandos no se iba a llegar a ningún lado. Por ello se requería de un liderazgo sereno que pueda proponer un museo más amplio que el originalmente planteado, a fin de que lo puedan sentir como suyo todos los segmentos de la población sin excepción.

Para muchos de nosotros es evidente que si lo que realmente se quiere con un Museo de la Memoria es unir al país, alrededor de una repulsa colectiva al terror, esto no se iba a lograr si una parte importante de la población –principalmente aquella vinculada a las Fuerzas Armadas– siente que el horror que sufrió no está totalmente reflejado en el Informe Final de la Comisión de la Verdad, que consideran sesgado. Más aún, no tendría ningún sentido permitir que se vuelva a repetir la polarización que generó su publicación, porque en ese caso estaríamos retrocediendo hacia la confrontación en lugar de avanzar hacia la reconciliación.

Claramente, Mario Vargas Llosa tiene la ascendencia suficiente para lograr que todas las partes aporten a un proyecto conjunto, y que la exposición final con la que cuente ese eventual museo sea un fiel reflejo de la pesadilla que sufrimos todos los peruanos. Al visitarlo, deberíamos poder sentir el terror de las comunidades cuando percibían que columnas terroristas se acercaban en la noche. El terror de los comuneros apresados por patrullas militares camino a ser interrogados. El terror de los secuestrados en inhumanos huecos que llamaban cárceles del pueblo. El terror de la población en la oscuridad, escuchando y sintiendo explosiones. El terror de las familias de soldados y oficiales esperando saber si estaban entre las víctimas de los frecuentes atentados.

Por ello, no tengo duda de que es fundamental contar con un Museo de la Memoria del terror, para que nuestra nación tenga un punto focal de reflexión y, de esa manera, nunca olvide la espantosa pesadilla que significó para todos los peruanos haber tenido que vivir ese horror.


PERU 21