Por Mirko Lauer
Avanzada Nacional se dispone a sorprender al Congreso con un nuevo proyecto-sorpresa que perpetuaría el monopolio extranjero de los trenes a Machu Picchu. Hace no tantos días estuvo a un pelo de lograrlo, cuando Fabiola Morales presidió el hemiciclo por unas horas. La pescaron, y todo volvió a la comisión de Transportes.
Ositrán ha declarado oficialmente que el proyecto de ley es inconstitucional e ilegal. Enrique Cornejo, titular de T&C, ha declarado que “habrá competencia en la ruta a Machu Picchu”. No importa. Una bojiganga de humalistas y fujimoristas andan dispuestos a seguir sirviendo en este tema a Rafael López Aliaga, de AN (Castañeda) hasta donde puedan.
Los monopolistas en este caso son Orient-Express Hotels Ltd., Londres, cuya subsidiaria Perurail expende turismo de mucho lujo, sobre todo en las zonas culturales indígenas, al ritmo de unos US$100 millones al año. Indecopi los viene investigando por unas 30 acusaciones de bloquear la competencia por medios ilegales.
A la vez Ositrán, que bajo gobiernos y con este mismo dio sólido respaldo a Perurail, ha recibido órdenes de investigar la transferencia ilegal de acciones del concesionario original, Sea Containers Ltd. a Orient Express, cuando la primera de las empresas quebró en el 2006. Por lo pronto la concesión no será renovada, pero dentro de 30 años.
Contra lo que dice Orient Express para descalificar a sus competidores, Ositrán ha constatado que la empresa tiene cero kilómetros de experiencia en el manejo de trenes. Más bien encarga a terceros ese aspecto del negocio en Europa, y se dedica a manejar sus hoteles y restaurantes, y vender los pasajes en tren, por supuesto.
La experiencia ferrocarrilera peruana de Orient Express ha sido complicada, y le falta un buen tramo: el año pasado hubo tres serios accidentes en la línea Cusco-Machu Picchu. Mientras termina de aprender, Perurail insiste en que está negociando con los nuevos operadores, pero esta versión edulcorante, que va a contrapelo del proyecto-sorpresa, tiene más de un año dando vueltas.
Aun sin mayoría en el Congreso, el gobierno tiene recursos para enfrentar a un monopolio extranjero que insiste en torcerle la mano al Poder Judicial, a la burocracia del Ejecutivo y al Congreso. Puede, por ejemplo, pedir a Ositrán y a Indecopi que aceleren sus investigaciones. Descubrirían un consistente patrón de serias infracciones.
Quizás lo más conveniente sería renegociar la concesión para terminar con el monopolio, e ir a un concurso internacional para la ruta a Machu Picchu. Esto antes de que las movidas de Morales, López Aliaga y Orient-Express terminen de crear desde el Congreso una situación tipo Genaro-Schutz-Panamericana TV.
LA REPUBLICA
Avanzada Nacional se dispone a sorprender al Congreso con un nuevo proyecto-sorpresa que perpetuaría el monopolio extranjero de los trenes a Machu Picchu. Hace no tantos días estuvo a un pelo de lograrlo, cuando Fabiola Morales presidió el hemiciclo por unas horas. La pescaron, y todo volvió a la comisión de Transportes.
Ositrán ha declarado oficialmente que el proyecto de ley es inconstitucional e ilegal. Enrique Cornejo, titular de T&C, ha declarado que “habrá competencia en la ruta a Machu Picchu”. No importa. Una bojiganga de humalistas y fujimoristas andan dispuestos a seguir sirviendo en este tema a Rafael López Aliaga, de AN (Castañeda) hasta donde puedan.
Los monopolistas en este caso son Orient-Express Hotels Ltd., Londres, cuya subsidiaria Perurail expende turismo de mucho lujo, sobre todo en las zonas culturales indígenas, al ritmo de unos US$100 millones al año. Indecopi los viene investigando por unas 30 acusaciones de bloquear la competencia por medios ilegales.
A la vez Ositrán, que bajo gobiernos y con este mismo dio sólido respaldo a Perurail, ha recibido órdenes de investigar la transferencia ilegal de acciones del concesionario original, Sea Containers Ltd. a Orient Express, cuando la primera de las empresas quebró en el 2006. Por lo pronto la concesión no será renovada, pero dentro de 30 años.
Contra lo que dice Orient Express para descalificar a sus competidores, Ositrán ha constatado que la empresa tiene cero kilómetros de experiencia en el manejo de trenes. Más bien encarga a terceros ese aspecto del negocio en Europa, y se dedica a manejar sus hoteles y restaurantes, y vender los pasajes en tren, por supuesto.
La experiencia ferrocarrilera peruana de Orient Express ha sido complicada, y le falta un buen tramo: el año pasado hubo tres serios accidentes en la línea Cusco-Machu Picchu. Mientras termina de aprender, Perurail insiste en que está negociando con los nuevos operadores, pero esta versión edulcorante, que va a contrapelo del proyecto-sorpresa, tiene más de un año dando vueltas.
Aun sin mayoría en el Congreso, el gobierno tiene recursos para enfrentar a un monopolio extranjero que insiste en torcerle la mano al Poder Judicial, a la burocracia del Ejecutivo y al Congreso. Puede, por ejemplo, pedir a Ositrán y a Indecopi que aceleren sus investigaciones. Descubrirían un consistente patrón de serias infracciones.
Quizás lo más conveniente sería renegociar la concesión para terminar con el monopolio, e ir a un concurso internacional para la ruta a Machu Picchu. Esto antes de que las movidas de Morales, López Aliaga y Orient-Express terminen de crear desde el Congreso una situación tipo Genaro-Schutz-Panamericana TV.
LA REPUBLICA


