Por Augusto Álvarez Rodrich
alvarezrodrich@larepublica.com.pe
Aciertos y errores en el nuevo gabinete.
ABANCAY.– Aunque el presidente Alan García dijo ayer, en la juramentación del gabinete, que espera que Javier Velásquez sea el último premier, el nuevo equipo parece de mecha corta.
La permanencia de Luis Carranza y José Antonio García Belaunde en el MEF y en RREE es un acierto por el papel que ambos cumplen como ejes del gabinete, mientras que unas papas calientes justifican la continuidad de Enrique Cornejo en Transportes por el reglamento de tránsito; del recién llegado Francis Allison en Vivienda por el escándalo de Taboada; y de Óscar Ugarte en Salud por el avance del AH1N1.
Otros que se quedan: Nidia Vílchez en Mujer tiene la lógica partidaria del control de los programas sociales; Pedro Sánchez por su conocimiento del sector Energía; Antonio Brack recibe otra oportunidad para echar a andar una agenda ambiental que por ratos desilusiona; y es una buena noticia que José Antonio Chang no haya llegado a premier, pero la mala es que siga en un sector clave como Educación, pues, salvo que se tenga alguna vinculación con la Universidad San Martín, es imposible afirmar que ahí se está haciendo un buen trabajo.
De los nuevos, el ingreso del general Octavio Salazar en Interior confirma que ahí no podía estar alguien que –como Mercedes Cabanillas– reconocía no saber del sector y andaba con el lavatorio portátil para el rápido lavado de manos.
En Justicia, en breve se va a extrañar a Rosario Fernández, quien no dudó en poner el capricho político del presidente delante de la legalidad, pues con Aurelio Pastor –la cuota de Jorge del Castillo en el gabinete– estamos ante un activista político que no entra en vainas y tiene trayectoria en la defensa de lo que sea, aun cuando parezca un sicario de la verdad.
Martín Pérez en Comercio Exterior deja al MEF sin un enganche valioso en el Congreso para detener tanta iniciativa desatinada. Además, cada decisión suya será analizada en función de si beneficia o perjudica al Grupo Romero. De paso, su ingreso al Ejecutivo confirma que Lourdes Flores es pésima para escoger gente, algo clave en política, pues casi todos los que invita se pasan al enemigo sin ponerse colorados.
Mercedes Aráoz en Producción es un premio consuelo para quien debía salir del gabinete por su responsabilidad en la crisis de Bagua, pero aún aspira a dejarlo como ‘campeona’.
Y Rafael Rey no llega a Defensa por saber del tema sino para actuar como el político tradicional para la labor de choque de perseguir a ‘enemigos políticos, ONG, conspiradores y afines’. Mala señal, pues su presencia en el gabinete significa que el presidente no está muy interesado en el diálogo y sigue aferrado a su tesis absurda del perro del hortelano.
la republica
alvarezrodrich@larepublica.com.pe
Aciertos y errores en el nuevo gabinete.
ABANCAY.– Aunque el presidente Alan García dijo ayer, en la juramentación del gabinete, que espera que Javier Velásquez sea el último premier, el nuevo equipo parece de mecha corta.
La permanencia de Luis Carranza y José Antonio García Belaunde en el MEF y en RREE es un acierto por el papel que ambos cumplen como ejes del gabinete, mientras que unas papas calientes justifican la continuidad de Enrique Cornejo en Transportes por el reglamento de tránsito; del recién llegado Francis Allison en Vivienda por el escándalo de Taboada; y de Óscar Ugarte en Salud por el avance del AH1N1.
Otros que se quedan: Nidia Vílchez en Mujer tiene la lógica partidaria del control de los programas sociales; Pedro Sánchez por su conocimiento del sector Energía; Antonio Brack recibe otra oportunidad para echar a andar una agenda ambiental que por ratos desilusiona; y es una buena noticia que José Antonio Chang no haya llegado a premier, pero la mala es que siga en un sector clave como Educación, pues, salvo que se tenga alguna vinculación con la Universidad San Martín, es imposible afirmar que ahí se está haciendo un buen trabajo.
De los nuevos, el ingreso del general Octavio Salazar en Interior confirma que ahí no podía estar alguien que –como Mercedes Cabanillas– reconocía no saber del sector y andaba con el lavatorio portátil para el rápido lavado de manos.
En Justicia, en breve se va a extrañar a Rosario Fernández, quien no dudó en poner el capricho político del presidente delante de la legalidad, pues con Aurelio Pastor –la cuota de Jorge del Castillo en el gabinete– estamos ante un activista político que no entra en vainas y tiene trayectoria en la defensa de lo que sea, aun cuando parezca un sicario de la verdad.
Martín Pérez en Comercio Exterior deja al MEF sin un enganche valioso en el Congreso para detener tanta iniciativa desatinada. Además, cada decisión suya será analizada en función de si beneficia o perjudica al Grupo Romero. De paso, su ingreso al Ejecutivo confirma que Lourdes Flores es pésima para escoger gente, algo clave en política, pues casi todos los que invita se pasan al enemigo sin ponerse colorados.
Mercedes Aráoz en Producción es un premio consuelo para quien debía salir del gabinete por su responsabilidad en la crisis de Bagua, pero aún aspira a dejarlo como ‘campeona’.
Y Rafael Rey no llega a Defensa por saber del tema sino para actuar como el político tradicional para la labor de choque de perseguir a ‘enemigos políticos, ONG, conspiradores y afines’. Mala señal, pues su presencia en el gabinete significa que el presidente no está muy interesado en el diálogo y sigue aferrado a su tesis absurda del perro del hortelano.
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