3.7.09

Disparen al León

Uri Ben Schmuel
uribs@larazon.com.pe


A tenor de lo que vemos en los blogs y portales de noticias al momento de escribir esta columna, al Gobierno se le viene hoy un gigantesco vómito negro político y mediático por lo de Rómulo León. Las primeras reacciones van desde el despropósito legal (pedirle al presidente del PJ que desautorice al juez que concedió el beneficio y a la ministra de Justicia que se pronuncie) hasta la teoría conspirativa (deslizar que esto fue un regalo a Jorge del Castillo porque se ha producido el día de su cumpleaños). Vía twitter, una ciudadana dice, en Útero, posiblemente resumiendo el modo de pensar de muchos despistados: “Apliquemos la ley de arresto ciudadano. Si lo ven en la calle ya saben” (lo que ya sabemos es que no siempre la voz del pueblo es la voz divina, sobre todo en estos días de pío-pío cibernético). En otra bitácora, el autor se rasga las vestiduras porque han dejado “libre” a León. Y todos, absolutamente todos aquellos que aplaudían la independencia del PJ cuando condenó a Fujimori, ahora opinan que esto “prueba” cómo la judicatura está “sometida” al Gobierno.

Escapa al alcance de una columna sobre asuntos de actualidad política –es más bien tarea de sicólogos y sociólogos– desentrañar lo que a nuestro parecer es el tema de fondo: ¿por qué nos hemos convertido en un país de carceleros? Porque, ojo, León no ha sido “liberado”. Al igual que dos de los coacusados, Químper y Arias Schreiber, cumplirá arresto domiciliario, que es otra forma de prisión. Menos severa que estar entre rejas, pero de cualquier modo privación de la libertad, el bien más preciado de un ser humano. Y tan importante como eso: el proceso seguirá. Pero algunos gritan como si salir de San Jorge equivaldría a un fallo judicial de inocencia.

Y eso nos lleva al otro asunto: ¿qué pasa si en el juicio se comprueba que León es inocente? Porque el otro problema en el Perú es que todos son culpables hasta que se demuestre lo contrario. Así lo ha determinado una argolla mediática que instituyó la “justicia” vía primeras planas. Hace de fiscal y de juez y condena a quien se le antoje, por lo general con argumentos ad hóminem. Y si los jueces exculpan, es porque han sido sobornados o presionados por el Gobierno.

De los quince procesados por los llamados “petroaudios”, doce están con comparecencia restringida y dos en arresto domiciliario. León era el único entre rejas. Pero eso no escandalizaba a los que ahora se llenan la boca hablando de justicia. ¿Por qué la doble vara? ¿Porque es aprista? ¿Calvo? ¿Mujeriego? ¿Hablantín? ¿Lobbista? Es todo eso, claro, nada de lo cual está tipificado como delito. Pero Rómulo León también es algo más: inocente. A menos que en un tribunal –y no en los medios– se pruebe lo contrario.


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LA RAZON

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