Uri Ben Schmuel
uribs@larazon.com.pe
Y ahora, tras el contundente informe final sobre Bagua de la caviarísima Defensoría del Pueblo, ¿qué dirán las ONG derechohumanistas, los blogs de la progresía, la candelejona “Pocahontas” Kilcher, los tontos útiles como el eurodiputado Bové y el lenguaraz de Evo Morales? ¿Que Beatriz Merino se ha vuelto aprista? ¿Que le lavaron el cerebro? ¿Que es una mentirosa?
Porque algo inventarán para tratar de recuperarse de la tremenda desinflada a su novela sobre la “masacre”, y los “cientos de desaparecidos arrojados al río o enterrados en fosas comunes”. Del informe de la Defensoría se desprende, más allá de toda duda, que los 1,244 indígenas que salieron de sus comunidades a protestar han retornado, a excepción de aquellos que continúan hospitalizados o se encuentran internados en el Establecimiento Penal de Huancas, en Chachapoyas.
El saldo oficial, entonces, es de 33 muertos (23 policías y diez nativos) y un PNP desaparecido, el mayor Bazán. De modo que si alguna masacre hubo, ésta es la que se produjo contra los policías tomados de rehenes y degollados. Si algún desaparecido hay, éste es un uniformado. Si algún baño de sangre sufrió el Perú, es el que tuvo como víctimas a los defensores del orden. ¡Qué terrible decepción para aquellos que deseaban desde el fondo de su rojo corazón que hubieran muerto trescientos o quinientos nativos para “acelerar las contradicciones” y tumbarse el sistema!.
Y ojalá que esta vez Torre Tagle se ponga las pilas y difunda por todo el mundo el informe, para reparar en algo el daño causado por quienes, con toda mala fe, soltaron cifras infladas que la prensa internacional recogió alegremente.
Y cuando decimos ponerse las pilas, no nos referimos a lo que ha hecho el buen Joselo García Belaunde, que es limitarse a remitir copia del informe a gobiernos y organismos extranjeros. No señor. Debería enviarse especialistas en imagen y comunicación a las principales capitales europeas y a Washington y a Nueva York, a reunirse con editores de medios, agencias de noticias y estaciones de TV. Gente con manejo mediático, capaz de conceder entrevistas y convocar a conferencias de prensa.
De otro modo, no se logrará dejar sin sustento la denuncia de que en el Perú un gobierno fascista, al servicio de empresarios codiciosos, reprimió ferozmente a pacíficos nativos que defendían su suelo. Porque esa es la terrible imagen que ha prendido en Europa y Estados Unidos sobre lo ocurrido en Bagua. Y mandar un voluminoso informe no va a servir de nada.
Ojalá, además, que el próximo gabinete lo encabece alguien capaz de imponer el Estado de Derecho y poner coto a tanto desmadre. Porque si va a ser un clon de Simon, mejor que el lambayecano se quede y ya. Lo cual, de paso, es una terrible posibilidad que el presidente García ha considerado. Si es así, que el cielo se apiade del Perú.
la razon
uribs@larazon.com.pe
Y ahora, tras el contundente informe final sobre Bagua de la caviarísima Defensoría del Pueblo, ¿qué dirán las ONG derechohumanistas, los blogs de la progresía, la candelejona “Pocahontas” Kilcher, los tontos útiles como el eurodiputado Bové y el lenguaraz de Evo Morales? ¿Que Beatriz Merino se ha vuelto aprista? ¿Que le lavaron el cerebro? ¿Que es una mentirosa?
Porque algo inventarán para tratar de recuperarse de la tremenda desinflada a su novela sobre la “masacre”, y los “cientos de desaparecidos arrojados al río o enterrados en fosas comunes”. Del informe de la Defensoría se desprende, más allá de toda duda, que los 1,244 indígenas que salieron de sus comunidades a protestar han retornado, a excepción de aquellos que continúan hospitalizados o se encuentran internados en el Establecimiento Penal de Huancas, en Chachapoyas.
El saldo oficial, entonces, es de 33 muertos (23 policías y diez nativos) y un PNP desaparecido, el mayor Bazán. De modo que si alguna masacre hubo, ésta es la que se produjo contra los policías tomados de rehenes y degollados. Si algún desaparecido hay, éste es un uniformado. Si algún baño de sangre sufrió el Perú, es el que tuvo como víctimas a los defensores del orden. ¡Qué terrible decepción para aquellos que deseaban desde el fondo de su rojo corazón que hubieran muerto trescientos o quinientos nativos para “acelerar las contradicciones” y tumbarse el sistema!.
Y ojalá que esta vez Torre Tagle se ponga las pilas y difunda por todo el mundo el informe, para reparar en algo el daño causado por quienes, con toda mala fe, soltaron cifras infladas que la prensa internacional recogió alegremente.
Y cuando decimos ponerse las pilas, no nos referimos a lo que ha hecho el buen Joselo García Belaunde, que es limitarse a remitir copia del informe a gobiernos y organismos extranjeros. No señor. Debería enviarse especialistas en imagen y comunicación a las principales capitales europeas y a Washington y a Nueva York, a reunirse con editores de medios, agencias de noticias y estaciones de TV. Gente con manejo mediático, capaz de conceder entrevistas y convocar a conferencias de prensa.
De otro modo, no se logrará dejar sin sustento la denuncia de que en el Perú un gobierno fascista, al servicio de empresarios codiciosos, reprimió ferozmente a pacíficos nativos que defendían su suelo. Porque esa es la terrible imagen que ha prendido en Europa y Estados Unidos sobre lo ocurrido en Bagua. Y mandar un voluminoso informe no va a servir de nada.
Ojalá, además, que el próximo gabinete lo encabece alguien capaz de imponer el Estado de Derecho y poner coto a tanto desmadre. Porque si va a ser un clon de Simon, mejor que el lambayecano se quede y ya. Lo cual, de paso, es una terrible posibilidad que el presidente García ha considerado. Si es así, que el cielo se apiade del Perú.
la razon




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