16.8.09

Defender megapuerto

La isla San Lorenzo debe ser vista como una bendición de la geografía, porque proyecta –y puede estimular más todavía– el desarrollo de Lima y Callao. En ese sentido, el Ejecutivo cometería un craso error si es que busca destinar ese enorme promontorio de tierra a la mera construcción de viviendas, casinos y hoteles –dizque para impulsar el turismo–, lo cual no estaría mal en sí mismo si es que se hace simplemente como complemento de un proyecto mayor, como es la construcción de la megaobra Hub Port del Callao.
De modo que es menester salvar el proyecto original, ese que se diseñó en el año 1999 y que gracias a la coordinación de la COPRI condujo a la expedición de la Resolución Suprema N° 062-99-PE, refrendada entonces por el Ministerio de Pesquería y el de Industria, Comercio, Turismo e Integración, norma que aprobó la concesión del “Proyecto isla San Lorenzo” al capital privado para construir un terminal marítimo, un aeropuerto y una vía subterránea que uniera a la referida isla con el Callao. Adicionalmente, y en ciertas áreas reservadas, se construiría hoteles, casinos y espacios dedicados al turismo. No olvidemos que dicha resolución incluso nombró a un Comité Especial, cuya misión fue promover el interés de los inversionistas a favor de esta megaobra.

Lamentablemente, hoy existen intereses subalternos metidos en el Ejecutivo, los que pretenden trastocar los estudios realizados, modificar lo progresado y optar por la alternativa más chata y nada estratégica: malbaratear la posición geográfica de la Isla San Lorenzo poniéndola a merced de los fines inmobiliarios, mas no comerciales y productivos, dejando así de lado la construcción del Hub Port, que es de importancia no sólo nacional sino regional ya que Perú es el “hinterland” de la América del Sur y pertenece a la APEC, además de ser socio de los Estados Unidos y China (ahí están los TLC), sin olvidar que se vienen sendos acuerdos de libre comercio con Japón, Corea, etc. De manera que para los próximos cinco o diez años el tráfico de contenedores va a crecer exponencialmente y tenemos que prepararnos.

Aún más, no olvidemos que el proceso de integración entre el Perú y Brasil va por un camino auspicioso y maduro, por lo que un futuro megapuerto podría servir para facilitar la entrada y salida de mercadería a destinos que están allende los Andes, vale decir en el Atlántico, siendo nuestro socio Brasil uno de los principales beneficiados. Por tanto, hay que decirle al Ejecutivo que no vaya a reincidir en esa mala costumbre nacional de mirar cortoplacistamente y de no ver más allá de sus narices. Pensemos en grande, no en pequeño. Reparemos, por ejemplo, en el impacto que causaría en Sudamérica saber que en pocos años se haría realidad el subway Isla San Lorenzo-Callao, obra de gran ingeniería, hercúlea y signo de fuerza y vitalidad de una nación emergente como el Perú, a pesar de taras como aquella que impide reconstruir ciudades avasalladas por el terremoto del 15/08.

Es decir, respetar hoy lo ya acordado y aprobado en 1999, en materia del Port Hub, sería una manera de recuperar el tiempo perdido, y sobre todo de mirar al futuro, a la multiplicación de nuestro comercio. Sería un modo de potenciar nuestro comercio marítimo que por desidia de muchos ni siquiera cuenta con una sólida marina mercante, aniquilada desde el velascato y ninguneada tanto por el segundo belaundismo como por el primer régimen aprista. Por si acaso defendemos un proyecto que en los circuitos de especialistas del mundo, hasta en la ONU, se comenta mucho; y ni qué se diga del interés de los inversionistas más grandes y serios del planeta por el megaterminal multimodal de la isla San Lorenzo

EXPRESO

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