Yo estaría preocupado si fuera el presidente García, ya que, a dos años del fin de su mandato, el 44% de los peruanos considera a su gobierno peor que el anterior.
Más aun, esta situación se está presentando en momentos en los cuales el gobierno parece haber tirado la toalla y, pese a todo el tiempo que aún le falta para concluir el período, ya solo parece estar esperando que concluya el mandato. Así tenemos que han designado a un premier sin pergaminos, que están permitiendo que regresen todos los desprestigiados dirigentes del partido, que no cuentan con un programa decente de reformas, y que los parlamentarios apristas confiesan abiertamente estar desesperados debido a que se les está acabando el tiempo. Con esos antecedentes, la percepción de la población solo puede ir para abajo.
Quizá el presidente debería estudiar la gestión de Toledo, la cual fue muy mala en los primeros tres años y medio, pues no definía qué quería –el gobierno de todas las sangres era un pan con mango que un día era prosector privado y, al día siguiente, totalmente antimercado–. Es solo cuando Perú Posible ya no tiene injerencia ni dirige el Ejecutivo que el rumbo queda definido. En lo fiscal también pusieron orden recién al final y a Toledo se le recuerda, en realidad, por el último año de gobierno.
En el caso de García está haciendo exactamente lo contrario: el mensaje a favor del mercado ya no es tan claro; el Ejecutivo debe tener una agenda partidarioelectorera, de otra manera no se explica las personas que están a cargo; las investigaciones sobre corrupción no dan resultados mientras los sospechosos regresan al estrado. Hasta el cuidado fiscal ahora es cuestionado y se empieza a echarle la culpa al ministro de Economía por la incapacidad en ejecutar el gasto. A este paso, si a García se le va a recordar por la parte final de su mandato, es muy difícil que logre el 2016 repetir el plato.
Así que se debería sacudir de la complacencia en la que ha caído y relanzar el gobierno planteando reformas, buscando crecimiento, generando empleo. Dos años son una eternidad, y es mucho lo que se puede lograr. En Italia, del 46 al 92, la duración de los gobiernos fue de 17 meses en promedio. Sin embargo, ese país creció 4% anual en ese periodo. Hay que recobrar el entusiasmo por lo que resta del mandato y no simplemente estar haciendo tiempo, esperando que termine el partido.
PERU21
Más aun, esta situación se está presentando en momentos en los cuales el gobierno parece haber tirado la toalla y, pese a todo el tiempo que aún le falta para concluir el período, ya solo parece estar esperando que concluya el mandato. Así tenemos que han designado a un premier sin pergaminos, que están permitiendo que regresen todos los desprestigiados dirigentes del partido, que no cuentan con un programa decente de reformas, y que los parlamentarios apristas confiesan abiertamente estar desesperados debido a que se les está acabando el tiempo. Con esos antecedentes, la percepción de la población solo puede ir para abajo.
Quizá el presidente debería estudiar la gestión de Toledo, la cual fue muy mala en los primeros tres años y medio, pues no definía qué quería –el gobierno de todas las sangres era un pan con mango que un día era prosector privado y, al día siguiente, totalmente antimercado–. Es solo cuando Perú Posible ya no tiene injerencia ni dirige el Ejecutivo que el rumbo queda definido. En lo fiscal también pusieron orden recién al final y a Toledo se le recuerda, en realidad, por el último año de gobierno.
En el caso de García está haciendo exactamente lo contrario: el mensaje a favor del mercado ya no es tan claro; el Ejecutivo debe tener una agenda partidarioelectorera, de otra manera no se explica las personas que están a cargo; las investigaciones sobre corrupción no dan resultados mientras los sospechosos regresan al estrado. Hasta el cuidado fiscal ahora es cuestionado y se empieza a echarle la culpa al ministro de Economía por la incapacidad en ejecutar el gasto. A este paso, si a García se le va a recordar por la parte final de su mandato, es muy difícil que logre el 2016 repetir el plato.
Así que se debería sacudir de la complacencia en la que ha caído y relanzar el gobierno planteando reformas, buscando crecimiento, generando empleo. Dos años son una eternidad, y es mucho lo que se puede lograr. En Italia, del 46 al 92, la duración de los gobiernos fue de 17 meses en promedio. Sin embargo, ese país creció 4% anual en ese periodo. Hay que recobrar el entusiasmo por lo que resta del mandato y no simplemente estar haciendo tiempo, esperando que termine el partido.
PERU21




No hay comentarios:
Publicar un comentario