Uri Ben Schmuel
uribs@larazon.com.pe
“Si yo tuviera que decidir entre un gobierno sin prensa y una prensa sin gobierno, no vacilaría un instante en preferir lo segundo”, afirmó Thomas Jefferson hace más de 200 años. Mercedes Cabanillas y José Vargas, en cambio, claramente son partidarios de lo primero. Y han hecho bien los medios, sin distinción de líneas editoriales, en reaccionar de manera unánime frente a un proyecto que sin duda sería una espada de Damocles sobre la libertad de expresión. Y bien también que desde el oficialismo el premier Velásquez Quesquén y el congresista Mulder le hayan enmendado la plana a los responsables de tan desafortunada iniciativa.
Anoche, al momento de escribir esta columna, se sumó al jalón de orejas el presidente García, lo que sirvió para disipar dudas sobre la famosa “escopeta de dos cañones”. Aunque por supuesto, pese al deslinde, no faltarán mal pensados que hablarán de un globo de ensayo orquestado desde Palacio.
Da la impresión que Cabanillas y Vargas quieren que el Perú se una al desprestigiado club de países que como Irán, Turquía, Bielorrusia, Zimbabwe y Marruecos –y en nuestra región Venezuela– tienen las leyes de mordaza más criticadas del mundo. Hay cosas mucho más importantes en este momento que sacar de la manga nuevas figuras de supuestos delitos mediáticos. Otro baldón para Cabanillas después de su desafortunado papel en lo de Bagua. Pésimo debut en el cargo por el que tanto peleó con sus “compañeros”. Y a Vargas no le conocemos muchas iniciativas brillantes que digamos. Para eso, mejor que siga calentando su curul como hasta ahora.
Y que aprendan ambos de los congresistas uruguayos. No hace mucho aprobaron una ley que despenaliza la difamación a través de los medios y establece que los jueces deben considerar como “principios rectores” lo expresado en tratados internacionales y en la jurisprudencia interamericana cuando deben resolver conflictos sobre libertad de prensa. Y, sobre todo, que aprendan del Congreso de los Estados Unidos, que no puede, de ninguna manera, aprobar ley alguna que limite la libertad de expresión. Y aunque ha habido numerosos intentos de los gobernantes norteamericanos de establecer reglas en ese sentido, éstos han sido estériles ante la firme posición de la Suprema Corte respecto a la vigencia de la Primera Enmienda.
Lo cierto es que, parafraseando a Brecht (que a su vez fue parafraseado por Oriana Falacci), parece que dentro de algunos apristas habita un pequeño enano fascista. Está ahí, agazapado, esperando el momento propicio para hacer de las suyas en cuanto alcanza una pizca de poder. Por el bien de la democracia, no debemos concederle a ese enano la más mínima oportunidad de asomar su fea nariz.
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la razon
uribs@larazon.com.pe
“Si yo tuviera que decidir entre un gobierno sin prensa y una prensa sin gobierno, no vacilaría un instante en preferir lo segundo”, afirmó Thomas Jefferson hace más de 200 años. Mercedes Cabanillas y José Vargas, en cambio, claramente son partidarios de lo primero. Y han hecho bien los medios, sin distinción de líneas editoriales, en reaccionar de manera unánime frente a un proyecto que sin duda sería una espada de Damocles sobre la libertad de expresión. Y bien también que desde el oficialismo el premier Velásquez Quesquén y el congresista Mulder le hayan enmendado la plana a los responsables de tan desafortunada iniciativa.
Anoche, al momento de escribir esta columna, se sumó al jalón de orejas el presidente García, lo que sirvió para disipar dudas sobre la famosa “escopeta de dos cañones”. Aunque por supuesto, pese al deslinde, no faltarán mal pensados que hablarán de un globo de ensayo orquestado desde Palacio.
Da la impresión que Cabanillas y Vargas quieren que el Perú se una al desprestigiado club de países que como Irán, Turquía, Bielorrusia, Zimbabwe y Marruecos –y en nuestra región Venezuela– tienen las leyes de mordaza más criticadas del mundo. Hay cosas mucho más importantes en este momento que sacar de la manga nuevas figuras de supuestos delitos mediáticos. Otro baldón para Cabanillas después de su desafortunado papel en lo de Bagua. Pésimo debut en el cargo por el que tanto peleó con sus “compañeros”. Y a Vargas no le conocemos muchas iniciativas brillantes que digamos. Para eso, mejor que siga calentando su curul como hasta ahora.
Y que aprendan ambos de los congresistas uruguayos. No hace mucho aprobaron una ley que despenaliza la difamación a través de los medios y establece que los jueces deben considerar como “principios rectores” lo expresado en tratados internacionales y en la jurisprudencia interamericana cuando deben resolver conflictos sobre libertad de prensa. Y, sobre todo, que aprendan del Congreso de los Estados Unidos, que no puede, de ninguna manera, aprobar ley alguna que limite la libertad de expresión. Y aunque ha habido numerosos intentos de los gobernantes norteamericanos de establecer reglas en ese sentido, éstos han sido estériles ante la firme posición de la Suprema Corte respecto a la vigencia de la Primera Enmienda.
Lo cierto es que, parafraseando a Brecht (que a su vez fue parafraseado por Oriana Falacci), parece que dentro de algunos apristas habita un pequeño enano fascista. Está ahí, agazapado, esperando el momento propicio para hacer de las suyas en cuanto alcanza una pizca de poder. Por el bien de la democracia, no debemos concederle a ese enano la más mínima oportunidad de asomar su fea nariz.
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