Por Augusto Álvarez Rodrich
alvarezrodrich@larepublica.com.pe
La aburrida presentación del nuevo gabinete
Se equivocan los que critican al gabinete porque no realizó grandes anuncios ante el Congreso, o porque no planteó nuevas formas de ejecutar los que ya están en marcha, porque, ¿con qué justificación se podía esperar, a estas alturas, innovaciones?
Para bien o para mal, a este olmo no le pidan peras. El presidente Alan García no designó a Javier Velásquez Quesquén como presidente del Consejo de Ministros para darle un giro radical a la orientación del gobierno sino solo para acelerar el gasto social pero sin cambiar casi nada más.
Por ello, luego de que el jefe del Estado diera su mensaje anual al Congreso, hace un par de semanas, ya no había cómo esperar alguna novedad en el frente gubernamental. ¿O creen que el presidente García le iba a reservar alguna ‘pepa’ para su premier? ¡Por favor!, en política no se puede ser ingenuo.
Velásquez Quesquén no es, además, alguien que venga de fuera del gobierno, sino del cogollo partidario, por lo que, por ese lado, tampoco había motivos para la sorpresa.
Por ello, la sesión del lunes en el hemiciclo fue anodina, aburrida, sin ideas nuevas. Lo más destacado –lo único quizá– fue el contrapunteo divertido entre los congresistas Mauricio Mulder y Víctor Andrés García Belaunde.
Fuera de eso, la sesión fue un verdadero plomazo soporífero. Si la oposición criticó al gabinete por ser de ‘tercera línea’, este podría achacarle al Congreso por ser ‘de cuarta’. Uno de los dibujos de ayer de Heduardo decía al respecto que “la oposición critica al premier por no decir nada nuevo, pero la oposición tampoco tiene nada nuevo que decir”.
La sensación que está dejando la manera de relacionarse entre el gobierno y la oposición es como si estuviéramos en el último año del actual lustro político, donde el cansancio y la falta de ideas se apoderan del gabinete ministerial y del Congreso, y el dinamismo se traslada a la escena electoral. Pero, como es obvio, todavía falta un año para eso. Es como si se hubiera adelantado la ceremonia del adiós.
De paso, lo ocurrido el lunes en el Parlamento sugiere la conveniencia de repensar la ceremonia establecida en el artículo 130 de la Constitución, que obliga al nuevo gabinete ministerial a presentarse ante al Congreso para exponer y debatir sus políticas y solicitarle una expresión de confianza.
Es absurdo que los mismos congresistas que critican duramente al gobierno, al final le otorgue la confianza pues ¿cómo censurar a un gabinete que recién empieza? Y, además, tampoco tiene sentido obligar a los ministros a dar un discurso ante el Congreso cuando en ese momento no tienen muchas cosas que decir.
LA REPUBLICA
alvarezrodrich@larepublica.com.pe
La aburrida presentación del nuevo gabinete
Se equivocan los que critican al gabinete porque no realizó grandes anuncios ante el Congreso, o porque no planteó nuevas formas de ejecutar los que ya están en marcha, porque, ¿con qué justificación se podía esperar, a estas alturas, innovaciones?
Para bien o para mal, a este olmo no le pidan peras. El presidente Alan García no designó a Javier Velásquez Quesquén como presidente del Consejo de Ministros para darle un giro radical a la orientación del gobierno sino solo para acelerar el gasto social pero sin cambiar casi nada más.
Por ello, luego de que el jefe del Estado diera su mensaje anual al Congreso, hace un par de semanas, ya no había cómo esperar alguna novedad en el frente gubernamental. ¿O creen que el presidente García le iba a reservar alguna ‘pepa’ para su premier? ¡Por favor!, en política no se puede ser ingenuo.
Velásquez Quesquén no es, además, alguien que venga de fuera del gobierno, sino del cogollo partidario, por lo que, por ese lado, tampoco había motivos para la sorpresa.
Por ello, la sesión del lunes en el hemiciclo fue anodina, aburrida, sin ideas nuevas. Lo más destacado –lo único quizá– fue el contrapunteo divertido entre los congresistas Mauricio Mulder y Víctor Andrés García Belaunde.
Fuera de eso, la sesión fue un verdadero plomazo soporífero. Si la oposición criticó al gabinete por ser de ‘tercera línea’, este podría achacarle al Congreso por ser ‘de cuarta’. Uno de los dibujos de ayer de Heduardo decía al respecto que “la oposición critica al premier por no decir nada nuevo, pero la oposición tampoco tiene nada nuevo que decir”.
La sensación que está dejando la manera de relacionarse entre el gobierno y la oposición es como si estuviéramos en el último año del actual lustro político, donde el cansancio y la falta de ideas se apoderan del gabinete ministerial y del Congreso, y el dinamismo se traslada a la escena electoral. Pero, como es obvio, todavía falta un año para eso. Es como si se hubiera adelantado la ceremonia del adiós.
De paso, lo ocurrido el lunes en el Parlamento sugiere la conveniencia de repensar la ceremonia establecida en el artículo 130 de la Constitución, que obliga al nuevo gabinete ministerial a presentarse ante al Congreso para exponer y debatir sus políticas y solicitarle una expresión de confianza.
Es absurdo que los mismos congresistas que critican duramente al gobierno, al final le otorgue la confianza pues ¿cómo censurar a un gabinete que recién empieza? Y, además, tampoco tiene sentido obligar a los ministros a dar un discurso ante el Congreso cuando en ese momento no tienen muchas cosas que decir.
LA REPUBLICA




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