12.8.09

Un comando unificado

Por: Jaime Antezana*

El VRAE es escenario de un nuevo conflicto armado. Un conflicto que no es la continuación de la violencia terrorista que vivió el país en la década del 80 y parte del 90. ¿Cuándo arranca este nuevo conflicto y a qué enemigo estamos enfrentando? La guerra contra SL llegó a su fin a fines de 1992, con la caída de Abimael Guzmán. Ese hecho marcó su derrota estratégica. Tras su derrota se dividió en dos corrientes. En medio de esta división la mayoría (más del 90%, entre presos y libres) de senderistas tomó el camino planteado por Guzmán: luchar por un acuerdo de paz y el cese de la “guerra popular”. Hoy el PCP-SL está en repliegue y reconstitución. Ya dejó las armas.

A contrapelo del camino adoptado por el senderismo ortodoxo de Guzmán, el remanente que subsistió en el VRAE se desprendió de la corriente Proseguir a la cual estuvo vinculada hasta 1999, luego de la captura de Feliciano. Desde ahí dejó de pertenecer a SL, siguió su propio camino. Poco después, hacia fines de 1999 e inicios del 2000, se producirá el encuentro de este remanente y el narcotráfico. De ese encuentro se desarrollarán nuevas relaciones y profundos cambios en este rezago residual del senderismo sin estrategia de poder ni articulación nacional.

Así, dejando de lado el discurso ideológico y político de Proseguir y del senderismo en general, este remanente se fue adaptando e integrando a la cadena del narcotráfico. Ese proceso ha tenido tres etapas. La primera entre el 2000 hasta el 2003, de alianza con el narcotráfico basado en la protección a los mochileros que sacaban la droga por caminos de herradura. Los cupos de este “servicio” les permitieron comprar armas modernas, sistemas de comunicación, alimentos y vestir uniformes. Y favoreció la prédica de su nuevo discurso de no matar campesinos, ni población civil, promover la siembra y defensa de la coca, así como aceptar la ejecución de obra pública (puentes, carreteras, etc.).

La segunda etapa, del 2004 al 2006 de articulación e integración a la cadena narco, es decir que pasaron a tener sus propios cultivos de coca y pozas de maceración de PBC. Se convirtieron en procesadores y transportadores de droga sin dejar de dar protección a una parte importante de los mochileros. Por esa razón, en este lapso logran crecer, mejorar su logística militar y ampliar su presencia al sur del VRAE. Su crecimiento es por la vía económica y no la vía ideológica ni política. Y, entre el 2005 y 2006, reanudarán el accionar armado contra la policía y empezarán a elaborar un nuevo discurso “ideológico y político”.

La tercera etapa va del 2007 al 2008, de control de las rutas de la droga con la intensificación de las emboscadas y ataques a las unidades policiales de control de carreteras y la comisaría de Ocobamba. El objetivo es debilitar y anular el control del tráfico de drogas y el ingreso de los insumos químicos, así como obtener nuevos ingresos económicos de las múltiples firmas que operan en el VRAE.

En suma, lo que estamos enfrentando es a un neosenderismo articulado al narcotráfico. La configuración y desarrollo de una pequeña FARC. Ellos son los que han desencadenado el nuevo conflicto armado desde diciembre del 2005, cuando las columnas narcosenderistas atacaron un convoy antidrogas entre los distritos de San Francisco y Santa Rosa. Desde esa fecha hasta la actualidad han dejado un alto costo social: 26 policías y 36 militares asesinados en ataques y emboscadas.

No hay un rebrote de SL ni un resurgimiento del terrorismo. Es, más bien, una nueva guerra: la guerra de la coca. El enemigo principal que hay que enfrentar es el narcotráfico. Ese es el nuevo enemigo, más poderoso que tenemos que enfrentar. En ese sentido, la tarea corresponde a la policía. Pero, ello no implica —en las actuales circunstancias— retirar a los militares ni tampoco subordinar a la policía a los militares. Dentro de una estrategia integral corresponde un comando unificado entre las FF.AA. y la PNP.

(*) Especialista en temas de narcotráfico

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